Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Gabriel Laufer. 2004.
Las dos
últimas décadas han visto aparecer en el mundo nuevas tendencias en lo que se
refiere al consumo de alimentos y productos de origen animal. Aunque no siempre
tenga mucho sentido racional, los mercados consumidores han entrado en un
camino, en el que se mantendrán por mucho tiempo, en el que lo que está bien
visto es lo "natural", lo bajo en colesterol y lo exótico. En este
contexto muchas especies nuevas han aparecido y se han presentado cómo "la
ganadería del futuro", tales como ciervos, cocodrilos, jabalís y por
supuesto los ratites.
Esta última categoría
incluye, en el orden Struthioniformes, a las grandes aves corredoras de los
distintos continentes del hemisferio sur. El más conocido, incluso por su
explotación comercial es el avestruz africano (Struthio camelus). Otros
integrantes de esta categoría son los casuarios (Casuarius sp.), kiwis (Apterix
sp.) y el emu (Dromaius novaehollandiae) de Oceanía y los ñandúes
sudamericanos. Los representantes de nuestro continente son el choique o ñandú
petiso (Pterocnemia pennata) y el ñandú común (Rhea americana). La mayoría de
los integrantes de este grupo son criados en granjas, con fines comerciales, no
solamente en sus países de origen, sino que varios países del mundo. Estas
especies son ofrecidas ampliamente en varias formas, incluso por la internet, como
el negocio del futuro, con la intención de vender animales y en muchos casos
"conocimiento".
La realidad
es que se trata de animales muy rústicos y prolíficos, pero se dispone de poca
información, conocimiento y técnicos especializados en su manejo. Esto lleva en
muchos casos a imitar tipos de manejo de avicultura tradicional, con resultados
nefastos. El problema principal en el caso de los ñandúes es encontrar el
manejo adecuado para cada etapa, con especial dificultad en la cría de
charabones y la reproducción. El objetivo de este y próximos artículos es
transmitir la experiencia y conocimiento que disponemos sobre la cría del ñandú
común para los actuales y futuros criadores, para que no repitan errores y que
podamos desarrollar una industria firme en Sudamérica del ñandú.

El ñandú
común (Rhea americana), es un habitante típico de las praderas de gran parte de
América del Sur, que por su adaptación ha perdido la capacidad de volar y por
tanto, el desarrollo de los músculos del vuelo y su lugar de inserción (la
quilla del esternón). Es un animal con un gran desarrollo de sus patas, las que
puede utilizar para correr a velocidades de hasta
La
reproducción es estacional, dándose en primavera y principios de verano. Se da
la poligamia con poliandria secuencial. Los machos luchan por sus jerarquías y
los que consiguen un territorio construyen en él su nido. En este período se
forman grupos de hasta 10 hembras que ponen en el nido sus huevos mientras el
macho aún no inició la incubación. Una vez que esto ocurre recurren a otro
macho para poner en su nido. Así, son los machos los que incuban y los que
cuidan a los charabones.
El objetivo
de la cría en granjas es obtener el gran número de productos que el ñandú puede
dar, y hacerlo de una forma "natural" y de alta calidad para poder
entrar con los mismos en los mercados más exigentes. Un producto muy buscado es
su cuero, con el puntillado característico originado por las plumas y con su
gran atractivo. De un ñandú adulto se obtiene un cuero de
A esto hay
que agregarle las vísceras comestibles (hígado, corazón y molleja), sus grandes
plumas, la cáscara de sus huevos infértiles y el aceite extraído de su grasa.
Todo esto necesita lógicamente de un desarrollo, que ya se está dando, de una
industria de frigoríficos, curtiembres, procesadores y de un importante trabajo
de marketing. Hay un gran potencial en esta especie, que requiere de un buen
manejo de todas las etapas productivas y procesadoras para realmente lograr una
fuerte posición en el mercado.
El modo de
manejo más frecuente es el intensivo. En esta modalidad se definen como
diferentes etapas del ciclo: la reproducción, la incubación artificial, el
manejo de los charabones y la terminación. Cada etapa tiene su dificultad y
requiere de un trabajo especializado, por lo que la tendencia en el desarrollo
de la producción es a la especialización y dedicación de diferentes
establecimientos a cada una de ellas. Esto va acompañado de un factor
fundamental que es el trabajo efectivo a escala, el cual reduce
significativamente los costos operativos.
La
reproducción se inicia en agosto o setiembre y se extiende hasta fines de
enero, aunque en ciertos casos se han encontrado huevos hasta marzo. Las
hembras ponedoras se disponen en harenes de 5 o 6 ejemplares, en potreros de 15
x
Para la
incubación se utilizan máquinas especialmente diseñadas para la especie o
adaptaciones de máquinas incubadoras de gallinas. Al igual que para la
avicultura tradicional hay una gran oferta de incubadoras de avanzada
tecnología pero, mientras no se desarrolle más la producción, la mayoría de los
criadores optan por no invertir tanto dinero en ellas. La incubación de huevos
de ñandú toma unos 38 días, realizándose a
La
terminación se realiza en potreros con densidades mayores de animales y con una
dieta más baja en proteínas y un aumento en el consumo de forraje picado. Esta
es la etapa de mayor consumo y por lo tanto es la que más trabajo de reducción
de costos requiere. En forma intensiva el manejo es similar a un feed-lot de
ganado y la tendencia es a alimentar con mucho forraje fresco (especialmente
alfalfa), silo de grano húmedo, alfalfa deshidratada y con raciones
concentradas.
La cría del
ñandú se presenta cómo una alternativa agropecuaria para Sudamérica. No es muy
común el desarrollo de producciones propias en esta región, lo común es la
importación de modelos que no siempre son aplicables a nuestra realidad. Criar
el ñandú no será solo un buen negocio para los productores, dará para un
desarrollo de toda una industria autóctona y será una muestra del gran
potencial que tenemos en nuestra fauna y flora.
El desarrollo
de producciones autóctonas, con una buena base de conocimiento, investigación y
apoyo gubernamental, pueden tener un muy buen futuro en la región. En estos
momentos, los cambios en el consumo, las barreras sanitarias para las
producciones tradicionales y problemas como la vaca loca, nos otorgan la
oportunidad de mirar hacia adentro y aprovechar y potenciar lo nuestro.
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