PRODUCCIÓN ANIMAL

Director: Guillermo Alejandro Bavera

Médico Veterinario, Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Departamento Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

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Ñandú: mucho más que plumas

Cora Gornitzky. 2004. Rev. Supercampo, Bs. As., 01/04.

Introducción

Lenta pero firme, crece en la Argentina la cría intensiva de ñandúes. En Capilla del Señor, La Forastera S.A. desarrolla un emprendimiento asociativo y propone un sistema de coparticipación para sumar productores y avanzar hacia la exportación. Detalles de una especie ancestral que cotiza muy bien los subproductos de su faena.

El Ñandú es una rara avis latinoamericana. No vuela, produce carne roja de alto valor proteico, tiene un potencial competitivo frente a los cortes tradicionales y cotiza con muy buenos precios los productos y subproductos de su faena en el mercado internacional. Sin embargo, en la Argentina la producción, el comercio y la industrialización, todavía están en pañales. Por de pronto, las dos especies existentes en el país, la Rhea Americana (que se distribuye en el Noroeste y Centro del territorio) y la Pterocnemia Pennata o Chique (que habita en la Patagonia) ya fueron protegidas y se las incluyó en los apéndices de la Convención para el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna. En realidad, la Argentina, como otros países de la región, cuenta con una reserva genética significativa y, en consecuencia, posee un recurso estratégico para el futuro.

La cría en cautiverio de ñandúes puede convertirse en una alternativa productiva viable, pues es compatible con otros proyectos agropecuarios, no requiere demasiado equipamiento y se puede diseñar como una inversión escalonada, siempre que se disponga de algún ingreso previo hasta que la producción se desarrolle. La Argentina -a diferencia de Uruguay y Brasil- todavía no exporta, y la faena intenta traspasar la vía de experimentación. Los criaderos que actualmente están registrados en el país, se ubican en La Pampa, Santa Fe, San Luis, Córdoba, Entre Ríos, Buenos Aires, y las provincias patagónicas, pero todavía se hallan en un proceso de estabilización y dirigen su producción al mercado interno.

No obstante, se conocen algunas experiencias innovadoras en materia asociativa. Tal es el caso de La Forastera, un emprendimiento que funciona en el ámbito bonaerense, muy cerca de la localidad de Capilla del Señor, en el Departamento de Exaltación de la Cruz. Se trata de un criadero inscripto en la Dirección Provincial de Fauna, que posee habilitación del SENASA y es miembro de la Sociedad Rural Argentina. Pertenece a cinco socios: Hugo Zinkes, Antonio y Eugenio Lanusse, Raúl Giménez y Carlos Outumuro y Vázquez. Con una inversión escalonada de 25.000 pesos, la sociedad se propone producir, industrializar y comercializar ñandúes en el mercado interno y externo. Para llegar a cumplir este objetivo, los integrantes de La forastera han diseñado un ajustado manejo productivo bajo un sistema intensivo de cría en cautiverio. Cuentan con 25 hectáreas disponibles, destinadas para pasturas, corrales, salas de cría, sala de incubación y nacedoras. Allí llevan adelante las cuatro etapas vitales del ciclo reproductivo.

PROPUESTA CORPORATIVA

El objetivo central de La Forastera consiste en reunir por la vía de la asociatividad un volumen de producción con homogeneidad y buenas prácticas de manejo para la industrialización de ñandúes. De modo tal que, además de comercializar la carne, el cuero, las pestañas, el aceite, los huevos y las plumas, se logren colocar en el exterior manufacturas con alto valor agregado. Para eso concibieron un proyecto de desarrollo informal de coparticipación para la cría del ñandú. Consiste en motivar a terceros productores para que se inicien en la actividad con una baja inversión, disminuyendo los costos de alimentación, alambrado y mantenimiento sanitario que requiere la actividad. "Materialmente es imposible que un solo productor llegue al objetivo mínimo de exportación. Pero con volumen podemos desarrollar la industria del ñandú, ya que tenemos la técnica del encurtido de cueros y también la comercialización de los productos y subproductos", explican a Supercampo Carlos Outumuro y Vázquez y Hugo Zinkes, dos de los socios de La forastera.

 Lo que ofrecen es el ingreso de terceros a partir del aporte de un trío de reproductores o juveniles (un macho y dos hembras). En el primer caso, mediante un contrato de formas, quien ingresa se debe comprometer a no retirar dicho aporte antes del año o después de la época de postura. El primer año se tiene que hacer cargo de los gastos de alimentos que demande el trío y de los costos del alambrado.

 "En contrapartida nosotros le brindamos atención y vigilancia permanente con personal especializado mientras dure el contrato, servicios médico-veterinario y medicaciones de rutina (vacunas, desparasitaciones y vitaminas), manejo del proceso de incubación y atención sanitaria de los charitos nacidos hasta el cuarto mes", explica Carlos Outumuro y Vázquez, el Médico Veterinario que integra la sociedad.

  Especialista en aves exóticas, inicialmente asistió técnicamente al criadero y posteriormente se convirtió en otro socio mas de La Forastera. La empresa se queda con un 35% de los animales nacidos en la cría. Al final de contrato se puede renovar o bien retirar del criadero el equivalente al porcentaje en animales adultos y charitos. Un sistema similar funciona con la participación de juveniles, aunque cambia el tiempo de duración del contrato y el porcentaje de cobro en las crías. En este esquema, La Forastera se hace cargo del criadero (inscripto y habilitado), el personal, la infraestructura, las oficinas y sala de incubación, la vivienda del personal, los tinglados acondicionados para las crías, las incubadoras y nacedoras, la atención veterinaria y medicación, así como de los consumos generales. En contrapartida, quienes ingresen bajo este sistema deben aportar los tríos de juveniles y reproductores, el costo de alimento balanceado y de alambrados y el alquiler de madres de acuerdo a la cantidad de charitos.

CICLO REPRODUCTIVO

La cría de ñandúes en cautiverio requiere de un manejo productivo, sanitario y nutricional muy bien ajustado:

         Reproducción. El macho construye el nido, incuba los huevos y cuida los pichones. Forma inicialmente un harén. Cada hembra ovipone entre 20 y 50 huevos. La temporada reproductiva se extiende de septiembre a enero.

         Incubación. En los sistemas intensivos de cría en cautiverio se recomienda la incubación artificial. Las condiciones óptimas de almacenamiento deben ser de 12,7 a 23,8 grados centígrados con un 60 a 70 % de humedad ambiente. Los huevos eclosionan aproximadamente a los 38 días y son trasladados a la sala de cría.

         Cría de Pichones. Los pichones requieren de un corral con bebedero y comedor, un galpón para encierre nocturno, equipado con fuentes de calor. La supervivencia de charos a los 4 meses oscila entre el 60 a 80%.

         Recría. En esta etapa debe aumentarse la zona de movimiento y favorecer el pastoreo natural. Antes de los 2 meses hay que sexarlos. Las pérdidas no deben superar el 10 %.

         Adultos. Van directamente a los corrales. Debe construirse un área de captura y manga y un correcto y amplio acceso a los corrales. Las pérdidas no deben superar el 2 a 3 %.

POTENCIAL COMERCIAL

En la Argentina, el consumo de carnes alternativas hoy no está muy desarrollado. Sin embargo el ñandú, en sus dos especies y junto con el guanaco, ha sido uno de los animales silvestres más utilizado por los indígenas en la Argentina. "Proporcionaba una excelente fuente de proteínas y grasas para la alimentación humana", explican desde La Forastera. En verdad, la historia cuenta que existieron intentos de domesticación y en la época prehispánica los diaguitas y comechingones poseían ñandúes en cautiverio. Sin embargo, la carne vacuna dominó la dieta de los consumidores criollos. Y si bien en el mercado doméstico existe un nicho para desarrollar en los circuitos turísticos y los restaurantes de alto poder adquisitivo, todo indica que el mayor potencial económico de esta actividad deberá orientarse hacia Europa y Estados Unidos donde crece el consumo de carnes exóticas. Paradojas de nuestra propia conformación productiva: un alimento ancestral de tamaña importancia económica en las culturas aborígenes que poblaron nuestra geografía, hoy esta destinado a convertirse en recurso exportable.

MODALIDADES DE PRODUCCIÓN

Para instalar una granja lo primero que hay que contar es con la aprobación de las Autoridades de Fauna de cada jurisdicción. Hay que tener muy en cuenta que la extracción de ejemplares y huevos de vida silvestre sin previa autorización puede ser severamente penalizada. La inversión inicial varía de acuerdo a las modalidades de producción y los costos dependen también de la infraestructura previa. El ñandú es un animal herbívoro que puede ser criado en sistemas de producción intensivo y extensivo.

Sin embargo, todos los técnicos consultados recomiendan optar por un sistema intensivo, dado que la modalidad extensiva o semiextensiva es la menos desarrollada ya que requiere una adaptación tecnológica importante y si bien es aplicable, aún necesita mayor grado de experimentación. La cría intensiva se puede realizar dentro de un establecimiento agropecuario o en un predio de 3 a 10 hectáreas.

Para iniciarse en la actividad se recomienda adquirir animales de cautiverio, porque los ejemplares silvestres son muy ariscos. El número de individuos depende de la escala que el productor decida otorgarle a su emprendimiento, pero se recomienda comenzar con seis individuos. El criadero puede instalarse con la compra de huevos, charitos, juveniles o reproductores. Los huevos resultan muy económicos para iniciar la actividad pero es a la vez una inversión riesgosa, porque el manejo y las condiciones de higiene durante la incubación artificial influyen en la eclosión y toda la producción.

Lo que se recomienda entonces es comenzar con juveniles, que son más caros que los pichones pero tienen una tasa de mortalidad mucho más baja. Los reproductores, finalmente, son los más costosos pero compensan rápidamente la inversión y la supervivencia puede oscilar entre los 20 y 30 años.

UNIDAD PRODUCTIVA MÍNIMA

          Infraestructura: 2 corrales $2.000 a $2.500

          1 Sala de incubación/madres artificiales $5.000

          Productores: 6 (4 hembras y 2 machos) $1.000 a $1.200 p/individuo

          Incubación: Balanzas electrónica y Ovoscopio $1.500

          Incubadora: $3.000 a $8.000

          Alimentación: Alimento balanceado $ 7 por mes por animal

          Pastura leguminosa $200 por hectárea

          Sueldo Personal: 1 empleado $600*

          Asistencia Técnica: 1 Médico Veterinario $300*

*Los honorarios y sueldo del personal no se incrementan en la misma medida en que crece el criadero.

Los datos no incluyen el terreno que en una producción intensiva debe contar con un mínimo de 5 hectáreas con agua (con tratamiento) y provisión de gas.

(Fuente: Datos aportados por La Forastera S. A)

 

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