Daniel Stilmann.
2007. Jabalí, Ed. Actual Press, España, Nº 1.
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Introducción
En el mundo
actual, tan tecnificado y preciso, todas las actividades humanas, incluyendo a
los deportes, se basan en el conocimiento. La caza no es la excepción que
confirme ésta regla, y hoy el estudio del Comportamiento Animal se ha
convertido en una valiosa herramienta auxiliar del cazador deportivo.
Esta serie de
artículos está dedicada al estudio del Comportamiento de los suidos,
precisamente del jabalí. Es basados en ese comportamiento que podremos planear
como, donde y cuando obtener a nuestro preciado trofeo con una cierto margen de
confianza, y lo que es más importante, sin depender de terceros ni vernos
forzados a tener que cazar dentro de vallados.
En una España
que está viendo el resurgimiento acelerado de su fauna salvaje, donde la caza a
pasado a ser algo accesible para la población en general, y donde los
diferentes gobiernos promueven racionalmente la caza dentro de espacios
públicos, el conocimiento de nuestras presas resulta imprescindible para el
cazador moderno.
Perteneciente
a la familia de los suidos, el Sus Scrofa es oriundo de Eurasia y la región de
África localizada sur del Sahara. Su equivalente sudamericano es el pecarí,
cuyo peso ronda en los 25 kilogramos, siendo el facocero el primo africano, con
un peso similar al del jabalí ibérico.
Introducido
desde Europa a principios de siglo en Argentina, el jabalí se ha adaptado y
desarrollado magníficamente al país, y ya ha invadido otros países limítrofes
en el continente Americano, siendo junto con el ciervo colorado, otro exótico a
esas latitudes, una de las piezas más buscadas en caza mayor.
El hábitat
natural del jabalí en Europa lo constituyen los bosques achaparrados y los de
hojas caducas, como el siberiano y el de la costa mediterránea, aunque el
animal es capaz de adaptarse a casi cualquier ámbito, régimen alimenticio y
clima, como ocurrió en Sudamérica.
Dentro de
Europa, el jabalí se divide en tres grupos determinados por su tamaño. El del
Este, representado por el jabalí de Rusia, que puede alcanzar a los 300
kilogramos, seguido por el jabalí Centro Europeo, cuyo peso oscila en los 200
kilogramos. El representante en la península Ibérica es el menor de los tres,
llegando a pesar un poco más de 100 kilos.
Ésta
diferencia de pesos dentro de una misma especie se debe a una adaptación fisiológica
determinada por leyes que regulan la conservación del calor corporal. El
proceso se ve facilitado cuanto mayor sea el tamaño del animal, lo cual explica
el aumento de peso cuando uno se dirige hacia el Norte y Este del continente,
lugares en los cuales las temperaturas descienden progresivamente en
comparación al resto de Europa.

a)-Incluso el conocimiento de
los hábitos sexuales de nuestras presas, es de importancia capital.
b)-Jabato o rayón, nombre que
deriva de sus clásicos listones claros que mantienen hasta los seis meses de
edad.
Estas no son
las mismas que en España, ya que en el país Sudamericano disponen de hábitat y
comida en cantidades irrestrictas.
En la
Argentina la piara introducida era de origen centro europeo, y el peso promedio
de sus descendientes se halla en los 120 kilogramos, aunque se han capturado
especimenes de hasta los 240 kilos de peso, probablemente con sangre doméstica
en sus venas. Sus medidas máximas son de un metro hasta la cruz y de 2,25
metros el largo de cola a morro.
Si bien el
potencial genético para alcanzar el desarrollo máximo se encuentra en estos
animales, como en Argentina no existe temporada ni límites de piezas sobre el jabalí
por considerárselo una plaga exótica, la presión cinegética que esto impone
sobre la especie impide que los especimenes que superan los 160 kilogramos
abunden, constituyendo blancos ocasionales.
|
Peso de los machos |
Altura máxima la cruz |
Largo cola a morro |
|
120 hasta 40 Kg |
100 cm |
225 cm |
La cruza del
jabalí con cerdas domésticas da lugar a los "cruzados" (Sus Scrofa
Doméstica) Estos animales son de pelaje oscuro u ocasionalmente manchados, denotando
su origen, de trompa más corta y chata que el jabalí, y se diferencian de sus
primos caseros por presentar una cola más larga y recta y una apariencia
corporal más robusta.
Sus colmillos
inferiores son de curvatura más cerrada que la del jabalí, mientras que las
amoladeras (piezas dentales superiores) están más abiertas.
Estos
animales no deben ser confundidos con los chanchos salvajes, cimarrones o
chanchos costeros, que no son más que cerdos asilvestrados.
La zona de
distribución de éstos últimos corresponde a los cangrejales y tierras bajas de
la costa del Río de La Plata, donde se los denomina "chanchos
costeros", y en los alrededores de algunas lagunas ubicadas entre el Río
Salado al sur y la laguna Mar Chiquita al norte.
Los chanchos costeros
(y también el jabalí y los cruzados, cuando se les presenta la oportunidad)) se
alimentan de pescados, cangrejos y bulbos de camalotes, todo lo cual se da en
abundancia en las zonas costeras. Esto, junto con su ascendencia casera hace
que su desarrollo sea muy marcado, produciendo animales de gran tamaño, y que a
pesar de no ser puros dan magníficos trofeos, con bocas excelentes que superan
fácilmente a las de ambas variantes del jabalí.
En cuanto al
jabalí puro en Argentina puede ser encontrado en cantidades numerosas en la
parte centro y sur del país, en las provincias de Buenos Aires, La Pampa
(enclave tradicional), Río Negro y Neuquén, aunque ya han invadido
absolutamente toda la superficie territorial.
Lamentablemente
los animales alimentados de ésta forma resultan absolutamente incomibles debido
al fuerte sabor a pescado que presentan.
El jabalí
posee una estructura más robusta y compacta que el cerdo doméstico,
caracterizado por la compresión de sus flancos.
Su pelambre
alcanzado la adultez puede ser de color negro, marrón rojizo, gris o plateado,
tornándose más densa y oscura en el invierno. Sobre la región de la columna
vertebral presenta una línea de pelos más largos y oscuros que llegan hasta la
región occipital. Estos pelos cumplen la función de indicar el estado emocional
del animal ante situaciones de riesgo ó conflictivas, irguiéndose para aumentar
así el tamaño corporal.

a)-Su poderosa musculatura le
permite negociar desde lodazales hasta los más cerradas matas del monte.
b)-El jabalí es un hábil
generalista (omnívoro) incapaz de despreciar la carroña, a la cual es adicto.
Sus defensas,
que no son más que los 4 caninos, sobresalen de su larga trompa a ambos lados
de la misma. Las del macho son mayores que las de la hembra, al igual que el
tamaño corporal. Los colmillos tienen un crecimiento continuo, solo limitado
por el desgaste natural, y son afilados en forma constante contra las
amoladeras (caninos superiores).
Los caninos
inferiores crecen hacia arriba, mientras que las amoladeras lo hacen
lateralmente, un poco hacia abajo y adelante. Durante el proceso de cierre de
la mandíbula, la cara posterior de los caninos inferiores roza la cara anterior
de los superiores, desgastándose y manteniendo un filo agudo permanente.
Durante la
época de celo los machos desarrollan en los flancos un escudo defensivo que
consiste en piel hipertrofiada. Esto los protege en las luchas con sus rivales,
y junto a la espesa capa de barro seco que suele cubrirlos, ayudó a dar origen
al mito de la impenetrabilidad de la piel del jabalí. Con respecto a esto se debe
de recordar que es solo un mito, y que el jabalí está considerado, y realmente
es, un animal de piel blanda.
El cuidado de
la piel es llevado a cabo con sumo esmero, y ésta costumbre representa uno de
los muy pocos flancos débiles en la supervivencia del jabalí.
El aseo se
realiza en los revolcaderos, por lo general en las primeras horas de la
madrugada, después de comer. La finalidad en ello es cubrirse con barro para
desplazar los parásitos que afectan su piel. Para ello el jabalí escoge lugares
donde la tierra posee minerales capaces de actuar como repelentes, como lo son
los boratos.
Ésta
selectividad por tierras contaminadas, natural artificialmente con sustancias
que resultan potencialmente irritantes para los insectos es otra de las grandes
ventajas que otorga el jabalí en su caza, lo cual es sabiamente explotado como
veremos más adelante. Basta con localizar uno de estos lugares y saber cual es
la época en que hacen eclosión insectos como las pulgas, para asegurarse un
trofeo.
Una vez que
abandona el baño, el macho refriega su cuerpo contra troncos, rocas o malezas
presentes en las cercanías del revolcadero. Este rascado complementa la acción
antiparasitaria del barro y se cree que es además una forma de demarcación
territorial.
La altura a
la cual deja la mancha de barro sobre la corteza, podría indicar a sus rivales
el porte del animal. Además de esto, el jabalí procede ocasionalmente a golpear
con sus defensas el tronco, dejando marcas en el mismo, quizá con la misma
finalidad con las que realiza las otras demarcaciones. Como sea, el tamaño y
profundidad de estas marcas también resultan de ayuda para el cazador
selectivo, ya que son una medida indirecta del peso y del tamaño del trofeo que
porta su dueño.
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