Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor
Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río
Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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trazabilidad
Seminario Internacional
Zava, M. 1998. Boletín del
Centro de Consignatarios Directos de Hacienda. 12(106):10-13.
GRAN BRETAÑA:
El
Jefe de Servicios Veterinarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de G.B., J.M.
Scudamore, se refirió a los antecedentes históricos del tema, en especial al
"boom" de la BSE ocurrido en su país. Reconoció una gran presión por parte del consumidor para conocer
el exacto origen de la carne que come.
Ello
los obligó a hace todo en dos años o menos, organizando en ese plazo un sistema
informático en todo el país con, por lo menos, 250 agentes dedicados al
funcionamiento del mismo. Y esta implementación tuvo un costo altísimo: u$s 30
millones.
PAÍSES BAJOS:
Con
la BSE, se vieron en la necesidad de restablecer la confianza del consumidor.
El programa de identificación se comenzó a organizar en 1988 y estuvo listo en
1992, explicó Frits Van Vugt, Jefe de Servicios Veterinarios del Ministerio de
Agricultura holandés.
Con
un número de 9 dígitos el animal está identificado durante toda su vida, con un
código de barras que ha sido aplicado en una caravana auricular, de la cual
cada res recibe dos ejemplares idénticos, de acuerdo a la Resolución de la
Unión Europea R. 820192. Cuatro cifras
del número se pueden leer con facilidad, para que el ganadero pueda utilizarlas
cómodamente.
Todos
los datos se almacenan en una base de datos central bajo su número. Se
registran la sanidad del animal, la explotación donde nació, el sexo, el nombre
del ganadero, la descendencia, las vacunaciones, la alimentación, la venta y la
faena. El ganadero puede introducir la
información en el sistema mediante un simple sistema de respuesta vocal (Voice
Response System), que funciona las 24 horas.
La comunicación del productor holandés con el sistema es fluida.
El
sistema de identificación y registro se puede aplicar para certificar que la
explotación está libre de determinada enfermedad, o para averiguar la procedencia
y el historial de la res o del ternero, e incluso después de la matanza. O para
averiguar con qué otros animales tuvo contacto durante su vida. Si hay residuos hormonales en la carne, se
puede averiguar en qué momento fue suministrado.
La
información productiva es útil para el mejoramiento genético. El sistema continúa con el etiquetado
después de la faena. Esto es importante
para el control de la calidad.
El
problema, según Van Vugt, es el alto costo de implementación: en Holanda fue de
u$s 22 millones para 4 millones de cabezas y 65000 explotaciones. A esto se agrega un costo anual también
alto, de u$s 9 millones (5 millones lo cubre el gobierno y 4 millones el
productor).
Van
Vugt también subrayó otro punto crítico, que es que se obedezcan las reglas
(cosa que sinceramente no debe ser un problema para Holanda, pero sí para
muchas otras latitudes).
ITALIA:
En
este país, sintonizando con las exigencias de la UE, se implementó el sistema
de identificación entre los años 1992 (Normativa 102/92 de la UE) y 1997
(Normativa 820/97 de la UE), según manifestó Vicenzo Caporale, director del
Instituto Zooprofiláctico Experimental Di Taramo.
Ellos
son partidarios de la identificación electrónica (Bolos, etc.), ya que
consideran que en Italia las caravanas se falsifican.
El
programa italiano es regionalizado, es decir adaptado a las distintas
condiciones que hay de la actividad agropecuaria en cada una de las regiones de
Italia. Han descentralizado su manejo a
través de cada veterinario local. Hay
200 oficinas locales (con 4000 veterinarios oficiales) distribuidas en las 20
regiones italianas.
Los
servicios veterinarios dependen del Ministerio de Sanidad, y no de agricultura,
como en los otros países. Esto influye
en la forma de trabajar y en el enfoque.
El
sistema de identificación y control permite proteger el patrimonio zootécnico y
elevar las condiciones sanitarias en toda la UE y en Italia, y así otorgar
garantías al consumidor. La base de
datos a nivel nacional cubre tanto la identificación como la vigilancia
epidemiológica. El servicio veterinario
en Italia es capilar, igual que en Argentina.
El
número de identificación después de la faena no puede ser readjudicado. Con el etiquetado de las carnes se llega al
plato del consumidor, quien puede elegir lo que come. Pero todo este suministro de información no puede funcionar si no
hay controles.
En
su opinión, se requiere una autoridad central responsable, y también recursos
financieros, una coordinación global, y una autoridad competente a nivel local
(local y regional).
Lo
negativo es que todo lo maneja el sector público. Es decir que si no lo paga el Estado, es un costo altísimo para
el productor. Y si lo paga el Estado,
se está inventando una nueva burocracia incontrolable, a costillas del contribuyente.
Reconocen
que hay serios problemas en el flujo de información desde los productores hacia
el sistema informático de la base central de datos. Se ve que no son como los holandeses.
ESPAÑA:
Hay
una notable cooperación entre la universidad (Universidad Autónoma de
Barcelona) y los organismos oficiales (Ministerio de Agricultura). Los dos ámbitos estuvieron representados por
los panelistas.
El
Dr. Gerardo Caja, catedrático de Producción Animal de la Universidad de
Barcelona, hizo una reseña del sistema de identificación electrónica. Su origen, el primer sistema de
identificación animal fue en 1974 en los EE.UU. Y el primer seminario referido
al tema que se realizó en la UE fue en 1990.
Poco después se realizó en Europa un primer ensayo con transponder
inyectable en 15.000 animales.
En
1994 comienza otro ensayo de 3 años de duración en varios países europeos. En la UE se crea un centro específico para
evaluar los materiales a disposición en el mercado. En 1996 se aprueban únicamente dos metodologías de identificación
electrónica de animales. Y se aprueban
códigos para que los diferentes países puedan organizar sus bases de
datos. En 1997 ya están los resultados
de la investigación realizada en Europa, y ya se definen cuáles serían los materiales
de uso generalizado, dentro de un sistema de identificación oficial, a través
de una onda de radiofrecuencia.
Transponder quiere decir transmisor-respondedor, es decir que es un
equipo capaz de recibir un mensaje y de generar una respuesta, en base a una
serie de equipos electrónicos de tamaño muy pequeño, y que trabajan sin
baterías.
El
Dr. Valentín Almanza de Lara, subdirector de Producción Ovina y Caprina del
Servicio Veterinario Español, dio una excelente explicación en detalles, sobre
la identificación electrónica.
Se
inclinan por la identificación electrónica, principalmente el bolo. Aunque también detallaron el transponder inyectable
(puede ser en el cartílago auricular, aunque es mejor en las zonas axilares por
tener menos movilidad).
Pero
hasta ahora todo lo paga el gobierno y la Unión Europea. Admiten que el costo
del bolo es altísimo y que debe bajar a u$s 2 cada uno, con lo que se acercaría
al costo de la doble caravana, que es de u$s 1,50.
CANADÁ:
Según
comentó el Dr. John Keilar, Jefe de la Unidad de Vigilancia de Enfermedades
Animales de la Agencia de Inspección de Alimentos de Canadá, hasta hace poco
tiempo no consideraban como una prioridad a la identificación, salvo casos como
la lechería. Esto se debía a que no existen problemas sanitarios en Canadá, ni
tiene vecinos peligrosos (están rodeados por océanos, por hielos y al sur por
los EE.UU.). Pero tuvieron tres señales de alarma. La primera fue la BSE. Hubo
problemas con animales importados del Reino Unido, y entonces todo cambió. La
segunda fue la organización de la OMC (Organización Mundial de Comercio). Y la
tercera fue el hecho de que el 30% de la producción de bovinos se destina a la
exportación.
Entre
1995 y 1998 se implementó una propuesta de estrategia nacional de
identificación, donde se inclinan por el uso de las caravanas. En los próximos
dos años, los sectores privados deberán responder a la consulta de] gobierno y
definir qué tipo de caravanas usar, si metálica, de plástico, etcétera.
El
costo del programa de identificación va a estar a cargo de la industria. Los
criadores tuvieron poca ingerencia y piden que se elija un sistema simple, sólo
lo necesario para las necesidades comerciales y no para los burócratas. Todavía
la identificación no es obligatoria, pero es probable que lo sea a corto plazo.
Es
decir que en Canadá los organismos oficiales dieron un paso al costado y dejan
la iniciativa a la industria. El mensaje del Dr. Kellar se puede resumir en la
advertencia de que no se debe dejar en manos del estado el programa de
identificación. Porque sería carísimo, especialmente el software. Su costo,
además, es incontrolable (coimas y una
nueva y enorme burocracia metiéndose, además en la información confidencial de
cada productor).
NUEVA ZELANDA:
Según
explicó el Dr. Barry Marshall, consejero para el Acceso a Mercados del
Ministerio de Agricultura y Forestación de Nueva Zelanda, su país no está en
apuros como los europeos (problemas sanitarios y crisis de confianza en los consumidores).
Pero
igual implementaron la identificación porque necesitan estar en los distintos
mercados. Usan las caravanas. Su aplicación es voluntaria y su costo está
cubierto por el Estado.
¿Y EN ARGENTINA?:
El
costo de todo esto lo terminaría cubriendo el criador, que es quien produce el
ternero, quien lo hace nacer. Y la cría es la actividad más débil en cuanto a
rentabilidad.
Con
los precios que hay en la hacienda (muy pobres), un criador en Ayacucho debería
pagar $20 por animal o en Corrientes, con garrapata, peor, el criador pagaría
$25 por animal.
Es
decir que lo ideal es que sea manejado por el sector privado, y que sea
voluntario.
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