Mariano Fernández Alt. 2006.
Angus,
Bs. As., 232:50-52.
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Introducción
La agricultura orgánica comenzó como una ideología, ¿pero puede reunir las necesidades actuales?
El
Dr. Anthony Trewavas, del Instituto de Biología Celular y Molecular de la
Universidad de Edinburgo, Escocia, se refirió a este tema en su artículo
publicado en "Nature" del 22 de marzo de 2001, una de las revistas
científicas internacionalmente más prestigiosas, del que resumimos los
conceptos más importantes.
Hay
una creencia masiva de que los sistemas agropecuarios orgánicos son más
amigables y más sustentables que los de alta productividad. Sería difícil
oponerse a los actuales objetivos de los sistemas orgánicos (mantener la
fertilidad del suelo, evitar la polución, rotar los cultivos, practicar el
bienestar animal y otros aspectos ambientales), pero los protocolos que tienen
que seguirse para lograr esos fines motivó que un sobresaliente investigador
admitiese que en la agricultura orgánica "hay muy poca ciencia" y que
"esto conduce a la confusión y a una gran falta de lógica, particularmente
en algunas áreas productivas".
Sólo
dos principios distinguen realmente a la agricultura orgánica de otros métodos:
a) Los minerales solubles están prohibidos; y
b) Los herbicidas e insecticidas sintéticos
son rechazados en favor de los naturales.
Pero
la agricultura basada en estos principios da como resultado un producto más
costoso, principalmente por los menores rendimientos y el ineficiente uso de la
tierra.
La
agricultura orgánica se desarrolló a partir de las ideas filosóficas de Rudolf
Steiner y más tarde de Lady Eve Balfour, que en la década del 40 del siglo pasado
fundaron la Asociación del Suelo de Gran Bretaña. Esta entidad, que licencia el
70 % de la producción orgánica y envía inspectores a los establecimientos para
verificar el cumplimiento de sus reglamentaciones, señala que la agricultura orgánica
es superior a otros métodos, pero esto no puede comprobarse debido a la falta de
estudios científicos.
La
agricultura convencional es un variado juego de tecnologías que usa los mejores
conocimientos disponibles y cuyo objetivo final es la provisión eficiente de
alimentos sanos en abundancia y al menor costo. Como con todas las tecnologías,
a veces ocurren inconvenientes en la práctica de la agricultura convencional,
pero la exclusión de una de ellas, porque ocasione problemas, también significa
perder potenciales beneficios.
A
continuación, el Dr. Trewavas presenta tres mitos relacionados con la creencia
general de que la agricultura orgánica es superior a la convencional.
Los
defensores de lo orgánico afirman que las mejores plantas se producen a partir
de minerales derivados de la descomposición del abono, por lo que los alimentos
son de calidad superior y mejoran la salud humana.
Cientos
de estudios rigurosos fracasaron en revelar mejores propiedades gustativas o
valores nutricionales de estos alimentos, pero consistentemente mostraron que
la agricultura orgánica produce menos nitrato y contenido proteico. Los
alimentos orgánicos parecen ser mejores para los niños, mientras que
aparentemente son los preferidos de los roedores. La tasa total de cáncer cayó
un 15 % durante el período en que se usaron insecticidas sintéticos. Las cifras
de cáncer de estómago descendieron un 50/60 %, probablemente debido a un efecto
de la abundante oferta, a bajo precio, de frutas y hortalizas corrientes (no
orgánicas). Pero esto no es todo: Las micotoxinas de los alimentos orgánicos
(fumonisina y patulina son las más comunes), provenientes de hongos contaminantes
‑que deben controlarse con fungicidas específicos‑, contribuyen
definitivamente con las tasas de cáncer en Europa, y la agricultura orgánica,
al no usar fungicidas efectivos, ha llevado a los establecimientos a
transformarse en repositorios de enfermedades. Y estos campos pueden estar
protegidos de los efectos totales causados por enfermedades, gracias a que
están rodeados de establecimientos convencionales que usan los fungicidas
apropiados.
Se
afirma que los insecticidas orgánicos trabajan con la naturaleza y son
ambientalmente inestables, a diferencia de los sintéticos.
Cerca
del 60 % de los agroquímicos naturales y sintéticos son conocidos carcinógenos
de los roedores, y se usan alrededor de 20 productos químicos diferentes para
mantener la inocuidad de los alimentos orgánicos procesados.
Entre
los insecticidas aprobados para uso orgánico están los basados en:
♦
Sulfato de cobre: Ha causado daños hepáticos a
personas que trabajan en viñedos, mata los gusanos y es persistente en el
suelo.
♦
Rotenona: Demostró que induce a la
enfermedad de Parkinson.
♦
Esporas del Bacillus
thuringienesis: Provoca
infecciones pulmonares fatales en el ratón.
Los
insecticidas orgánicos pueden usarse más limitadamente. Sin embargo, se ha dado
parte que en establecimientos orgánicos se trataron cultivos con sulfato de
cobre en mayor frecuencia que en los que se llevan a cabo buenas prácticas
convencionales. Los piretroides naturales tienen que usarse en dosis mucho más
altas que algunos de los prohibidos, igualmente inestables y mucho más
efectivos que los sintéticos, como la bioresmetrina.
Mito III:
uso y abuso del abono
Los
minerales solubles no son usados en los establecimientos orgánicos. Aunque el
fosfato mineral está autorizado, el cloruro de potasio no lo está, mientras que
la silvanita (otra forma de cloruro de potasio) está permitida.
La
principal fuente mineral para nutrir los cultivos es el abono animal o vegetal.
El tratamiento del abono usado en cualquier establecimiento de producción mixta
mejora la calidad del suelo, pero la rotación convencional de cultivos es
igualmente efectiva. La descomposición del abono no puede sincronizarse con el
crecimiento del follaje de los cultivos, como sería deseable, pero el proceso
continúa durante el desarrollo de la planta. Arar un cultivo de leguminosas
(parte necesaria del método orgánico para construir la fertilidad del suelo)
sumado a la continua descomposición del abono, conduce a que los nitratos
filtren a los acuderos y fuentes fluviales a tasas idénticas a las de los
establecimientos convencionales. La degradación del material orgánico a partir
del abono en el suelo, produce importantes cantidades de óxido nitroso y
metano, la fuente más potente de gases de efecto invernadero. Además, el abono
es de composición variable, produciendo impredecible nutrición para el
crecimiento de los cultivos: hay una pobre relación entre el nitrógeno
disponible para el desarrollo de los cultivos y el contenido orgánico del
suelo. Los protocolos orgánicos recomiendan heno para la alimentación de los
animales, pero si éstos están infectados con Escherichia coli 0157, incuban
este peligroso organismo más tiempo que los que recibieron grano.
CONCLUSIONES
De
acuerdo con el autor, en la búsqueda de un progreso ambientalmente más
sensible, el "manejo integrado" combina lo mejor de la agricultura
tradicional con el uso responsable de la tecnología moderna. Este sistema
conjuga cuidado e interés por el ambiente, con seguridad y métodos eficientes
de producción. Se utiliza información detallada sobre la estructura del suelo y
la fertilidad del campo para determinar los minerales, y se hace un manejo
integrado de plagas para controlar los insecticidas y evitar desperdicios.
Pero
además, enfatiza la flexibilidad: toma en cuenta los factores de una situación
específica en un marco de conservación del hábitat de la vida silvestre y del
paisaje. El manejo integrado es un ejemplo original de cómo retener los
beneficios de la tecnología y simultáneamente minimizar los problemas. En
contraste con los productores orgánicos, quienes reciben fondos para conservar,
el gobierno del Reino Unido no brinda ningún tipo de ayuda económica para
quienes protegen bien el ambiente ni para capacitar a los productores en el
manejo integrado.
Un
argumento común es que la agricultura orgánica es "holística" y, por
lo tanto, superior a la agricultura "química" de los establecimientos
convencionales. Sin embargo, la dicotomía entre ambos sistemas productivos es
falsa y ninguno es superior al otro. El método orgánico es realmente sólo un
conjunto de protocolos para asegurar un uso eficiente de los recursos y, como
tal, no es diferente al manejo integrado. La comunidad orgánica se resiste al
análisis de su sistema, afirmando, por ejemplo, que las comparaciones directas
entre tierras orgánicas y convencionales son inadecuadas y sólo puede
compararse el sistema en su conjunto. Pero esta resistencia a la comparación y
al análisis invita a la sospecha; cualquier sistema adecuado puede ser
analizado para identificar sus exigencias. Un enfoque holístico genuino
prioriza la importancia del sistema en su contexto. La flexible situación
específica del manejo integrado propone una actitud contextual que es rechazada
por el productor orgánico, que trabaja bajo protocolos restrictivos.
La
agricultura orgánica fue formulada originalmente como una ideología, pero los
actuales problemas globales, como el cambio climático y el crecimiento de la
población, necesitan de una agricultura pragmática y flexible, no ideológica.
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