ARS- Agencia de Investigaciones Científicas del
Departamento de Agricultura de EE.UU. 2007.
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En vez de
labrar los campos de cultivos para perturbar el desarrollo de malezas, y correr
el riesgo de perder el suelo a la erosión, los cultivadores de soya orgánica
deben tomar en cuenta los estudios del Servicio de Investigación Agrícola (ARS)
en Urbana, Illinois.
Allí,
el ecólogo del ARS Adam Davis está experimentando con un sistema de cero
labranza que incluye el aplastamiento de los tallos del centeno, los cuales
tienen hasta 7 pies de altura, en capas vegetativas densas que protegen el
suelo y impiden el crecimiento de malezas tales como la gigante cola de zorro
para que las plantas de soya puedan crecer sin competencia.
Davis
también imagina la utilización de la cobertura aplastada de centeno como parte
de un enfoque integrado de control de malezas.
En
dos años de estudios de campo realizados por Davis cerca de la Unidad de
Investigación del Manejo de Malezas Invasoras, mantenida por ARS en Urbana, las
soyas cultivadas en los campos de centeno aplastado produjeron un promedio de
40 bushels (2005) y 33 bushels (2006) de semillas por acre.
Las parcelas
de soya cultivadas con cero labranza pero sin centeno aplastado, y tratadas con
glifosfato de concentración completa o de la mitad, produjeron casi 50 bushels
por acre.
Los
cultivadores de soya orgánica renuncian el uso de herbicidas y en su lugar
confían en la labranza y otras medidas de cultivo para controlar malezas. Pero tales medidas pueden requerir 10 viajes
al campo de cultivo, los cuales aumentan los costos de combustible y de mano de
obra. La práctica de establecer un
cultivo de centeno en el otoño y aplastarlo a fines de mayo permite a los
cultivadores a hacer sólo un viaje al campo.
Esto es porque las malezas son suprimidas antes y después de que la
cosecha se aplasta.
La
clave a este enfoque es un enrollador especializado con cuchillas múltiples que
se atajan al frente y detrás de un tractor. Mientras el tractor se mueve a
través del campo, el enrollador aplasta los tallos de las plantas de centeno en
una capa de abono vegetal de dos pulgadas de grueso. Un sembrador que acompaña
el enrollador entonces deposita semillas de soya en el suelo, eliminando la
necesidad de labrar.
Davis
se enteró de los enrolladores, diseñados por científicos en el Instituto Rodale
en Kutztown, Pensilvania, mientras realizando investigaciones postdoctorales
con Dale Mutch en 2004 en la Estación Biológica de Kellogg mantenida por la
Universidad Estatal de Michigan en Hickory Corners. Allí, las soyas orgánicas cultivadas en abono
vegetal del centeno aplastado o del vezo piloso aplastado rindieron de 58 a 62
bushels por acre en suelos francos arenosos.
Davis
se incorporó a la unidad del ARS en Urbana en 2005 y amplió el trabajo
comenzado en Michigan para incluir soya convencionalmente cultivada.
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