Director: Guillermo Alejandro
Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne,
Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Ambiente Ecológico. 2002. Fauna, Edición 85, Sept.-Dic./02.
Proyecto
Yacaré, www.mupcn.com.ar/yacare
NOMBRE CIENTÍFICO: Caiman
latirostris
GÉNERO: Caiman
ESPECIE: Latirostris
NOMBRES
VERNÁCULOS: Yacaré Overo; Yacaré Ñato; Yacaré
de Hocico Ancho; Jacaré-de-papo-amarelo (portugués); Broad Snouted Caiman
(inglés).
TAMAÑO:
Al
nacer pesan unos
CARACTERÍSTICAS GENERALES:
Su
cuerpo comprimido dorso-ventralmente, la cola musculosa y afilada lateralmente,
mas una piel prácticamente impermeable y con manchas de camuflaje, lo
transforman en un nadador perfectamente adaptado a lugares ricamente vegetados
donde gracias a sus ojos y narinas de ubicación dorsal puede pasar
desapercibido tanto para potenciales presas como para predadores.
HÁBITAT:
Su
existencia está indefectiblemente asociada al agua, aunque a diferencia de la
mayoría de los Crocodylia, no son fáciles de observar en los grandes espejos o
cursos de aguas limpias. El Yacaré Overo prefiere ambientes acuáticos en
general de poca profundidad y casi siempre fuertemente vegetados, lugares de
muy difícil acceso para la mayoría de los predadores (incluido el ser humano),
y con una gran abundancia de alimento.
Las
poblaciones más interesantes de la especie se encuentran en los grandes esteros
asociados a las planicies de inundación de los ríos de llanura como el Paraná,
el Uruguay y el Salado. Una fracción de la población suele permanecer cerca de
los canales o cavas de erosión hídrica dentro del monte, alejados varios
kilómetros de espejos de agua permanente.
BIOLOGÍA:
Los
yacarés dependen de la temperatura exterior para desarrollar sus actividades,
por lo que en invierno su vida se limita a unos pocos movimientos para
exponerse al sol o sumergirse. Cuando llega la primavera y los primeros
calores, los yacarés comienzan a alimentarse hasta llegar al pico máximo de
actividad en la temporada reproductiva. En este período se producen algunas
disputas territoriales hasta que comienzan las cópulas.
Los
apareamientos se producen siempre en el agua, luego de que el macho, tras una
persecución de duración variable, logra atrapar y cubrir a la hembra. Una vez
fecundadas, las hembras se alejan a lugares apartados, a veces a kilómetros de
los ambientes de residencia habitual en aguas permanentes, incluso a la profundidad
del monte, para iniciar la construcción del nido.
Estos
montículos de materia vegetal, tierra, arena, ramas y deyecciones, actúan como
incubadoras naturales, especies de silos que por el calor del sol y la
fermentación producen una temperatura interior casi uniforme durante todo el
ciclo, que dura unos 70 días.
Las
posturas se producen entre principios de diciembre y mediados de enero, y
dependiendo del lugar y el carácter de la hembra, pueden observarse actitudes
de defensa del nido, que se manifiestan con marcada agresividad para con
cualquier intruso en las cercanías. Se estima que en condiciones naturales, al
finalizar el período de incubación, solo eclosionan entre el 30 y el 50% de los
huevos puestos en la temporada.
Esta
elevada mortandad embrionaria puede deberse a factores ambientales directos
como las inundaciones o las sequías extremas, aunque también tienen gran
influencia algunos indirectos, como la predación de huevos que se produce en
años relativamente secos, donde hasta el 50% de los nidos en el monte y el 80%
de los nidos en albardones, se transforman en alimento para otros animales.
Contra
lo que podría suponerse, aún no ha pasado lo peor. Los recién nacidos con su
pequeña masa corporal, quedan expuestos a garzas, cigüeñas, zorros, iguanas,
caranchos, y toda clase de carnívoros del humedal. Por otra parte, las primeras
heladas sorprenden a los pichones con un peso inferior a los 70 gramos, por lo
que si no encuentran un lugar apto para refugiarse, difícilmente superen el
primer invierno.
Raramente
el 10% de los animales que nacen, alcanza a cumplir un año. Esto fácilmente
explica la estrategia reproductiva de la especie, que como en el caso de la
mayoría de los reptiles, producen una frágil, pero abundante descendencia, lo
que garantiza que al menos unos pocos lleguen al estado adulto.
ESTADO POBLACIONAL:
Como
en la mayoría de los cocodrilos, su situación se encuentra en estado de
recuperación gracias a los controles internacionales y al estímulo a los
programas de utilización comercial conservacionista, o programas de uso
sostenible. Si bien la especie en general aún se encuentra incluida en el
Apéndice I de CITES, en el año 1997 la población santafesina de Caiman
latirostris fue transferida al Apéndice II, lo que habla a las claras de
una franca recuperación.
De
cualquier modo persisten algunos aspectos preocupantes con respecto al futuro,
y curiosamente no están relacionados con la caza furtiva ni con la utilización
comercial, sino con la pérdida de hábitat, ya que continúa vigente la práctica
de algunos productores de secar esteros mediante la canalización. Esta conducta
ha producido la muerte de decenas de miles de animales en los últimos años. La
única herramienta de conservación para detener este proceso, es la valorización
económica de los humedales en su estado actual.
Dicho
en otras palabras, el Estero vale si vale lo que hay adentro, y finalmente, si
vale, se conserva.
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