Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
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M.V.
Juan M. Baeck y M.V. Javier Jiménez. 2000. Oeste Ganadero, 2(7):23-30.
La
zona centro oeste de nuestro país fue típicamente una zona de cría. En los últimos 15-20 años lenta pero
inexorablemente la invernada se ha ido introduciendo en aquellos campos más
abiertos, donde se fue reemplazando naturales por pasturas, verdeos de invierno
y verano, y agricultura (girasol, maíz y sorgo) junto con este incremento del
área de pasturas, especialmente base alfalfa, el problema de las parasitosis
comenzó a hacerse más evidente. Es
cierto que toda la zona subhúmeda y semiárida posee condiciones agroecológicas
que no son las ideales para el desarrollo del ciclo de los parásitos
gastrointestinales y pulmonares. La
infestación y supervivencia de las especies parasitarias en los campos
naturales es muy baja, y solamente en determinadas circunstancias puntuales
puede transformarse en un problema.
Pero en las pasturas y eventualmente en los verdeos, y esto vale también
para las zonas con riego, pueden ser recursos donde el problema sea, bajo
circunstancias favorables, importante.
Esto es en años húmedos, con veranos llovedores y de temperaturas no tan
extremas, con excedentes de forrajes que generan remanentes de pasto que
cobijan las larvas de los parásitos de los efectos deletéreos que sobre ellos
tiene el sol. En estas circunstancias
la supervivencia larvaria es elevada, y la entrada al otoño, donde el
crecimiento forrajero disminuye y generalmente obliga a comer bien abajo las
pasturas esperando por los verdeos, con categorías altamente sensibles como los
destetes, es una etapa de alto riesgo.
Los verdeos se consideran libres de parásitos ya que al roturar la
tierra para su siembra, se destruye la población larvaria y de huevos que
pudiera haber. Pero aquí es importante
aclarar que si se comen con categorías infestadas, estas contaminarán con su
bosta, al verdeo. Es muy importante
entender que el problema de las parasitosis está en las pasturas y/o
verdeos. La enferma es la pastura. El animal se contamina y desarrolla la
enfermedad (subclínica o clínica) luego de consumir recursos forrajeros
infestados de larvas. Con ello queremos
marcar la importancia del manejo de las pasturas en función de su contaminación
parasitaria, tratando con este manejo de disminuir su contaminación, lo cual
traerá aparejado beneficios muy importantes, al evitar pérdidas potenciales de
aumentos de peso y periódicos y costosos tratamientos. Pero volveremos sobre esto más adelante.
¿Qué son las parasitosis?
La
parasitosis gastrointestinal bovina es una enfermedad típica de sistemas de
producción que se basan en el consumo por parte de los animales de pasturas
permanentes o pastizales naturales, como ocurre en la mayoría de las
explotaciones de nuestro país.
El
problema comienza cuando los animales ingieren pastos contaminados con larvas
infestantes (L3) que luego van desarrollando todo su ciclo dentro del huésped
(fig. l).
Figura 1.-

Las
pasturas actúan como vehículo pasivo de las larvas de los parásitos. Luego de un período variable de reproducción
dentro del huésped susceptible, estas comunidades comienzan a producir síntomas
de diversas intensidades que en animales de entre 4 y 18 meses van desde
retrasos en el crecimiento, hasta importantes disminuciones en la deposición de
huesos, músculo y grasa. La disminución
del apetito es uno de los principales factores de estas importantes
disminuciones en los parámetros de crecimiento en animales jóvenes. El consumo de alimento puede reducirse entre
el 9-18%, en la forma subclínica, en animales de destete. Con cargas entre 150-200 HPG, ya existe una
reducción del consumo, estadísticamente significativa (Rossanigo, C.; Ávila,
J.; Sager R., 1992).
Lo
más común es que la enfermedad se manifieste más intensamente durante los meses
otoño-invernales, debido a que ocurriendo una paulatina y constante
contaminación de las pasturas con los huevos de los nematodes causantes de la
patología lo que deriva en una gran cantidad de larvas infestantes (L3) en los
pastos durante el final del invierno y la primavera, favorecidos por las
condiciones climáticas que predominan en esta época del año.
Como
consecuencia de esta situación los animales comienzan a retrasarse en su
desarrollo o no ganan peso adecuadamente y dependiendo de la intensidad de la
infestación de la pastura los rangos pueden variar desde 20/30 kg por animal si
solo hay una presentación subclínica (sin sintomatología externa), hasta
pérdida de 40 a 60 kg por animal cuando se presenta manifestación clínica.
Esto
puede significar una diferencia con respecto a lotes no afectados utilizados
como control de hasta 30/40 % en las ganancias de peso. Es muy importante dejar en claro que estas
pérdidas producidas por el daño parasitario tanto a nivel del tracto digestivo
como respiratorio no pueden ser compensadas posteriormente a la eliminación de
los mismos, de manera que no existirá aumento compensatorio de los kilos no
ganados. Además es fundamental tener en
claro que los animales que sufren distintos grados de parasitosis verán
afectado, en grado proporcional al grado de afectación, su sistema
inmunitario. El daño intestinal
provocado por los parásitos produce en ese nivel una pérdida de proteínas
plasmáticas (exudado hacia la luz intestinal), entre las cuales se eliminan
anticuerpos. Esto hace que se produzca
una caída importante en las defensas humorales del animal, que lo dejan a
merced de patógenos ambientales. Esto
predispone seriamente, por ejemplo en destetes, en otoño, cuadros de
queratoconjuntivitis, IBR, BVD, pasteurelosis, etc. Muchas veces encontramos estos cuadros y en seguida los asociamos
a los patógenos respectivos. Pero
debemos descartar las causas predisponentes como las parasitarias pues además
no permitirán que los resultados de los tratamientos específicos sean exitosos,
independientemente de las pérdidas en producción generadas directamente por el
daño parasitario.
El
hecho de afectar al ganado en sus estadios juveniles provoca pérdidas que
deberán ser muy tenida en cuenta por el productor que recría las hembras de
reposición, por ser esta una categoría muy susceptible puede llegar a
producirse una alteración no sólo del resultado económico sino también
reproductivo de dichas hembras.
Se
ha comprobado en vaquillonas de 15 meses, comparado con lotes testigo no
infestados diferencias de peso de más de 50 kg, pero la implicancia mas seria
es que el problema se manifestará, básicamente, en una significativa falta de
desarrollo de los órganos genitales (ovario, oviducto y útero) derivando esta
situación más adelante en un importante número de vaquillonas en anestro al
comienzo de la temporada de servicios y que puede significar diferencias de
hasta el 55 % en los resultados de preñez en las primeras 6 semanas de
servicio. Puede esperarse también un
menor desarrollo del área pélvica de estas vaquillonas, que puede llegar a ser
de hasta 11 cm cuadrados, en animales que sólo habían sido afectados
subclínicamente comparados con lotes de animales perfectamente controlados.
Muchos
establecimientos mixtos, de cría e invernada, realizan la recría de hembras en
circuitos de invernada, con el objetivo de alcanzar el desarrollo necesario
para poder entorar dichas vaquillonas en forma anticipada, con 15 meses de edad
aprox. Es en estos casos donde los
daños de un mal manejo antiparasitario se pueden manifestar en forma de graves
pérdidas económicas por no alcanzar los objetivos planteados. En aquellos establecimientos que realizan la
recría sobre pastizales naturales, entorando las vaquillonas a los 27 meses,
este problema no reviste tanta gravedad dada la baja capacidad de los parásitos
de sobrevivir en dichas condiciones agroecológicas. De cualquier manera es importante disponer de un plan de
desparasitación estratégica que garantice la "limpieza" de esta
categoría en sus etapas de crecimiento acelerado y hasta el año y medio de
vida.
Estos
hechos de por sí están agregado más elementos al complejo problema que tratamos
ya que obviamente reducciones de esta magnitud en el canal de parto pueden
ocasionar mayor incidencia de problemas asociados con la parición de estos
vientres primerizos y complicar aún más el resultado productivo de la empresa.
La
interpretación del real impacto de esta enfermedad en los rodeos se deberá
entonces medir no sólo en función de las ganancias de peso sino también en las
profundas alteraciones que pueden producirse en el total de la población
productiva de un establecimiento y que pueden llegar a condicionar el manejo
del mismo a futuro, teniendo presente que las vaquillonas de primera y segunda
parición representan en las explotaciones organizadas un 40 % del total de
vientres en producción.
En
general se admite que los animales adultos no son tan afectados por las
parasitosis gastrointestinales pero bajo ciertas circunstancias estresantes
entre las que podemos mencionar los períodos de recuperación post-enfermedades,
el parto y fundamentalmente prolongados períodos de alimentación con niveles
nutricionales inadecuados se produce en esta categoría una ruptura de la
inmunidad que poseen, lo que determina un aumento de la población parásita
dentro del intestino y por ende una mayor contaminación de las pasturas, bajo
circunstancias agroecológicas adecuadas.
En
el caso específico de vacas con cría al pie producirá, bajo condiciones
especiales y poco frecuentes en nuestros sistemas de producción, una alta tasa
de incidencia de esta patología en las crías de dichos vientres a partir del
cuarto mes de vida de las mismas.
Generalmente esta etapa de vaca con cría al pie de 4-5 meses de edad de
los mismos, coincide con el verano, estación poco propensa en la zona a la
supervivencia larvaria. En general, y
en sistemas de cría sobre naturales y/o llorones en esa época, no es importante
el grado de infestación larvaria de los terneros. Esto hace que, a diferencia de regiones como por ej. la cuenca del
Salado (Bs. As.), el tratamiento antiparasitario de los mismos, al pie, no
genere beneficios que justifiquen su uso rutinario. De todas maneras esto no significa que bajo ciertas
circunstancias pueda aconsejarse. Por
lo tanto sería conveniente tener en cuenta a esta categoría de animales dentro
del control que se realice en los establecimientos en casos particulares. A partir de los 5 meses de edad
aproximadamente, los terneros carecen de resistencia a parásitos
gastrointestinales. Esta edad coincide en
muchos casos con la época de destete (destetes anticipados), lo cual coloca al
animal en una situación crítica frente al riesgo de su infestación habida
cuenta de que estos animales se trasladan a pasturas perennes, principalmente
base alfalfa. La contaminación a partir
de la autoinfestación es la de mayor riesgo (fig.2).
Figura 2.- Conteo de
huevos (hpg) en vacas y terneros al pie

El
logro de los objetivos de los planes de control que pudieran encararse
resultará de máxima importancia el conocimiento del ciclo vital de los
parásitos en forma general así como también del de la especie o género de los
mismos que mayor presencia tiene en cada establecimiento y también los periodos
en que producen la mayor carga de larvas L3 para poder establecer una estrategia
de control efectivo de la enfermedad.
Las parasitosis a través de año
La
URISA de INTA EEA Anguil ha descripto solamente cuatro especies de parásitos
con importancia económica, de acuerdo a su prevalencia y patogenicidad:
Ostertagia ostertagi, Cooperia Spp, Haemonchus placei, Trichostrongylus
axei. De estos el más importante para
la producción es la Ostertagia. Todas
estas Sp. tienen ciclos de vida similares lo cual facilita la presentación de
su epidemiología (fig. 3).
Figura 3.-
Presentación de las parasitosis mixtas (sin Ostgertagia)

El
género Ostertagia "prevaleció" a través de todo el período del año,
siendo la época de su mayor incidencia la de otoño-invierno en cuanto a la
observación de adultos y primavera-verano para las formas inhibidas (fig. 4).
Figura 4.-
Presentación de la Ostertagia

El
resto de las Spp. citadas tuvieron sus mayores prevalencias en esta región en
otoño-invierno, en algunos casos a partir del mes de febrero.
Existen
ciertos momentos del año que son más favorables para la propagación de la
enfermedad. Esto está dado porque las
larvas de parásitos desarrollan más favorablemente en las pasturas (fase de
vida libre) bajo ciertas condiciones climáticas:
-Temperatura: las larvas encuentran óptimas
condiciones para sobrevivir en el pasto cuando las temperaturas son
templadas. El excesivo calor produce
una mayor actividad en las larvas y esto va agotando sus reservas energéticas
provocándoles la muerte a menos que sean ingeridas por los animales; por otro
lado, el frío intenso acompañado de heladas si bien retrasa su desarrollo no
elimina el problema sino que lo posterga.
-Humedad: la salida de las larvas hacia la pastura dependerá en gran medida
de la humedad y del régimen de lluvias.
De
lo dicho anteriormente podemos concluir que el otoño por condiciones de
temperatura y humedad es el momento del año más favorable para la contaminación
de las pasturas (fig.5).
Figura 5.- Conteo de huevos (hpg) promedio en
sistemas de invernada o reposición de hembras
que pastoreaban diferente proporción de
forrajes perennes

También
deberá considerarse que los mayores niveles de excreción de huevos por parte de
los animales se producen entre abril y setiembre lo que determina una cantidad
creciente de larvas en los pastos que en general hace un pico aproximadamente
unos 40 días después del pico de presencia de huevos en la materia fecal. En nuestra región, el período de final de
verano-otoño favorece el rápido desarrollo de los huevos eliminados a larvas
infestantes (10 días) y la sobrevida de las larvas de infestantes
resultantes. Durante el invierno la
tasa de mortalidad es baja pero el desarrollo es lento (hasta 40 días) (V.
Suárez, 1994). Según datos de INTA EEA
San Luis (1992) la mayor disponibilidad de larvas infestantes (L3) en la
pastura corresponde a un patrón básico de dos picos en la curva anual: uno
mayor en otoño-invierno, y otro hacia fines de primavera y comienzos del
verano.
Durante
la primavera y hacia el verano, el problema tanto de las larvas como de la
cantidad de huevos en la materia fecal tiende a la disminución debido a la
temperatura y a la desecación. La
escasez de humedad es el factor más limitante para el desarrollo de huevo a
larva. Por debajo del régimen de
lluvias de 50 mm anuales y con altas temperaturas de verano, es difícil que se
mantengan altas condiciones de contaminación de las pasturas. La transmisión de las larvas infestantes
desde la materia fecal hacia los pastos se produce principalmente por
intermedio de la lluvia. El contacto de
los terneros con los parásitos va consolidando una frágil inmunidad, que
aumenta la tasa de rechazo de los mismos y disminuye la contaminación (HPG) a
partir de la primavera. En esta etapa
del año comienza, para las larvas de ostertagia, un período de frenado de su
desarrollo, llamado de hipobiosis, que aparentemente se trataría de una
adaptación de los nematodes a condiciones adversas para permitir la
persistencia de la especie y que a nivel del animal significa acantonamiento de
larvas en el cuajar y que terminarán su ciclo a partir de febrero, o sea al
finalizar casi el verano.
Finalmente
el verano actuaría tanto en contra de la eclosión de huevos como de la
presencia de larvas ya que muchas mueren por insolación. Las circunstancias menos favorables para que
las larvas logren sobrevivir son las altas temperaturas, la baja humedad y la
luz solar, contingencias todas estas que son características del período
estival (Rossanigo, C.; Ávila, J.; Sager, R., 1992) (fig. 6).
Figura 6.- Larvas infestantes recogidas del
pasto

Propagación de la enfermedad
Para
la propagación de las parasitosis el tipo de animal que ingiere los pastos
contaminados es de fundamental importancia y se los puede clasificar en:
-Animales susceptibles: estos animales al no tener una
inmunidad sólida contra los parásitos además de sufrir las consecuencias de las
parasitosis actúan multiplicadores eliminando gran cantidad de huevos a partir
de las larvas levantadas con la pastura. Se consideran animales susceptibles a
aquellos entre los 4 y 20 meses de edad y a los adultos que no estén con un
adecuado nivel de alimentación o que sufran de algunas carencias minerales (
cobre, zinc ) que puedan producir una ruptura del sistema inmune.
-Animales inmunes: estos animales levantan del campo más larvas de las que contribuyen a
formar ya que impiden que lleguen a adulto y eliminen huevos. Actúan como "aspiradoras" y pueden
ser útiles para bajar la carga parasitaria de un potrero infectado. Son inmunes los animales mayores de 18-20
meses que se encuentren en un buen estado de alimentación.
¿Cómo diagnosticar el problema?
Como
dijimos anteriormente, las mayores pérdidas que ocasiona esta enfermedad son
subclínicas, es decir NO LAS VEMOS.
Solamente podemos detectarlas en la balanza. En la zona de San Luis, estudios de producción realizados por
INTA EEA San Luis, indican una reducción en la ganancia de peso del orden de
10-15%, con una implicancia económica entre 15-25 kg de carne por animal
(1992).
Debido
a su forma subclínica, es importante implementar un método de diagnóstico que
permita anticiparse a la sintomatología, porque cuando esto ocurre ya se han
producido pérdidas de peso que no serán compensadas y ha ocurrido una
contaminación importante de los potreros, que se traducirá en una mayor
presencia de larvas L3 lo que entorpecerá el control de la enfermedad.
Dentro
de los sistemas de diagnóstico con que cuenta el profesional veterinario para
lograr el objetivo propuesto se pueden mencionar:
- Análisis de Huevos Por Gramo de materia fecal (HPG): El recuento de huevos en
materia fecal no siempre es un buen indicador de la interferencia de los
parásitos en la ganancia de peso, ya que depende mucho de la especie
parasitaria y del estado inmunitario del animal. De todos modos es un buen método para saber si un rodeo de
animales está eliminando huevos y ensuciando un potrero.
Cuando
se usa el HPG habría que hacerlo mensualmente y darle mucha importancia a la
tendencia a aumentar entre dos meses sucesivos como base para la acciones de
control.
Es
importante también tener en cuenta que para el caso específico de la Ostertagia
en su período de inhibición el método no es indicado debido a que las larvas se
encuentran en las glándulas del cuajar del huésped y está suspendida la
oviposición con lo cual se estará ante un resultado erróneo si se considerase
que no está presente. Por lo tanto
sería conveniente utilizar el coprocultivo como complemento sobre todo en época
otoño-invernal para demostrar su presencia y decidir el plan de control más
efectivo, teniendo presente que los trabajos sobre el tema demuestran que las
lesiones producidas en el cuajar pueden tardar hasta un año en curarse.
-Pesada sanitaria: se basa en comparar la evolución mensual de peso entre un "lote
libre", que desde el punto de vista práctico se desparasita todos los
meses y otro "lote testigo" que representa al resto del rodeo. Cuando el lote libre presenta una ganancia
mensual superior en un 10 % al lote testigo se considera que la diferencia es
debida a la acción de los parásitos.
Esta metodología es interesante pues permite realizarse dentro de un
esquema de pesadas que brindará valiosa información sobre la evolución de las
tropas de acuerdo al manejo y nutrición de las mismas, y permitirá corregir
desvíos en las mismas.
-Lavado de pasto: se basa en tomar muestras del potrero y hacer un recuento de larvas
infestantes. Como valores de referencia
para otoño se pueden tomar que 700-1000 larvas/kg MS de pasto interfieren en la
producción.
Terapia antihelmíntica:
Cuando
se decide el tratamiento, se deberá hacer una adecuada elección del
antiparasitario. Se deberá elegir
alguno cuyo espectro incluya acción contra estadios juveniles y que además sea
ovicida, o en su defecto alternar los productos utilizados a fin de lograr un
mejor control. Dentro de lo posible
debería ser de fácil aplicación y tener algún efecto residual. Es importante tener en cuenta que en zonas
donde la Ostertagia se encuentre presente, deberá elegirse para el tratamiento
de verano alguno que posea actividad contra los estadios inhibidos de este
genero.
Es
muy importante dar la dosis adecuada y al calcular la misma, hacerlo de acuerdo
al animal más pesado del lote, siempre y cuando haya una cierta homogeneidad, y
no al peso promedio. De no hacerlo así,
esta categoría no tendrá un buen control en el caso de incurriese en forma
rutinaria, provoca la aparición de resistencia a la droga por subdosificación.
Hay
tres factores importantes a tener en cuenta cuando se realiza un tratamiento
antiparasitario:
·
Si
se utiliza un producto no ovicida, hay que encerrar a los animales para que
desoven durante 24 a 36 horas, ya que es el período de latencia para que la
mayoría de los productos comiencen a actuar, de lo contrario igualmente
estarían contaminando el potrero durante ese período.
·
Si
se hace un tratamiento y los animales vuelven a un potrero contaminado, a los
30 días pueden estar tan parasitados como si no hubieran recibido medicación,
lo que implica un derroche de esfuerzo y dinero sin ningún beneficio.
·
Es
muy importante no descuidar la categoría de terneros al pie de la madre, ya que
a partir del cuarto mes de vida, sufren una infestación creciente que ayuda a
mantener la población de larvas en la pastura y producen menores ganancias de
peso. Al organizar los planteos de
control, deberán tenerse presente los períodos de parición, para sectorizar los
tratamientos de acuerdo a las edades de cada grupo de terneros y recordar que
los datos existentes demuestran que un solo tratamiento, realizado en el
momento óptimo, tiene una mejor relación costo/beneficio, que la realización de
tratamientos de apoyo, a menos que se produzca una gran reinfestación.
·
Si
se trata de animales jóvenes con productos "lechosos", se debe tener
en cuenta la posibilidad de que por el cierre reflejo de la gotera esofágica,
se produzca un desvío del medicamento, lo que reduce su efectividad y que según
algunos trabajos, puede tener alta incidencia, lo que a nivel campo se traduce
en la interpretación de que el producto no hizo efecto o "no sirve".
·
Otra
categoría a la cual no se le presta mayor atención es a los toros, ello se debe
en gran medida al concepto de que por ser adultos, son inmunes a la infestación
parasitaria, pero recientes trabajos basados en el muestreo de materia fecal y
cultivo de larvas, demuestran que no es así y si bien el motivo no ha sido bien
aclarado, se presume que la actividad propia de la temporada de servicio,
produce una baja de la inmunidad que permite la infestación activa y por ende
los toros forman un grupo más en la diseminación de la enfermedad en el
Establecimiento. Además, como por lo
general existe la tendencia a colocarlos en los mismos potreros año tras año,
se puede inferir que la carga de esos potreros se multiplicará continuamente.
·
Por
último, es importante una situación que se presenta generalmente en otoño con
categorías chicas. Esto es la
subdosificación o las fallas en los tratamientos, especialmente cuando se usan
productos inyectabas de baja dosificación por animal. El reflujo de producto desde el sitio de inyección, el movimiento
de estos animales en la manga al inyectarse, terneros que quedan
"abajo" cuando se trabaja con mangas muy cargadas, terneros que se
salen de los corrales, etc., son situaciones habituales al trabajar con esta
categoría. No es raro que estas fallas
en los tratamientos afecten al menos al 3-5% de la tropa, produciéndose con el
paso del tiempo post-tratamiento atrasos de la tropa en este porcentaje de
animales, que se van quedando "entecados" o
"aguachados". Los síntomas de
arratonamiento de pelo, peor estado corporal y colas pegoteadas en terneros
dentro de una tropa, deberán alistarnos de esta posibilidad y deberán ser
tratados rápidamente, asumiendo las consecuentes pérdidas en la producción.
Riesgo de los potreros
No
todos los potreros representan el mismo riesgo desde el punto de vista de la
contaminación, por lo que es importante entender que los pastos son la
"llave de la transmisión parasitaria", no sólo por su acción de vehículo,
sino también por la protección que brindan a las larvas ante condiciones
desfavorables. La contaminación de los
potreros de pasturas bajo condiciones de pastoreo permanente sigue una
dinámica, que se esquematiza en la figura 7.
Figura 7.- Esquema de contaminación anual de los potreros de invernada en praderas bajo pastoreo permanente

Por
lo tanto el objetivo principal será el de disminuir lo más posible la población
de L3 en el pasto y luego tratar de mantenerla baja teniendo en cuenta las
siguientes alternativas:
- Potreros riesgosos: se consideran como
tales todas las pasturas de más de un año, y más aún si fueron utilizadas con
los destetes del año anterior. Baste
hacer mención aquí al hecho de que la hembras de parásitos más comunes, en
conjunto con su progenie, pueden producir varios millones de huevos en cada
ciclo y con que sólo un pequeño porcentaje de ellos llegue a L3, los pastos
pueden resultar contaminados en un corto período de tiempo. Si a esto le sumamos el hecho de la
persistencia prolongada, que en algunos casos supera el año, deberíamos partir
siempre de la premisa que las pasturas están infectadas y orientar la acción
hacia la determinación del grado de la misma.
Convendrá
tener presente que a medida que aumenta la carga, o disminuye el volumen de
forraje, los animales se ven obligados a consumir el pasto más cercano a las
deyecciones que por lógica es el más contaminado por larvas L3, y que las
conclusiones de la mayoría de los trabajos es que en los 10 cm inferiores del
pasto, se produce la mayor concentración de las mismas. Como contrapartida la presencia de larvas en
estratos superiores a los 25-30 cm es casi nula.
Dentro
de esta categoría convendría ubicar también los potreros que por su
configuración topográfica presenten zonas que se encharcan o acumulan agua
durante períodos variables de tiempo y que por las características climáticas
coincide con la época favorable para el desarrollo de las L3. El problema se centraría en que los animales
tienen tendencia a concentrarse y beber de los charcos lo que produce
acumulación importante de deyecciones y animales.
Esta
situación puede presentarse también en zonas de aguas duras o salobres que
desalientan al animal a consumirla y éstos se dirigen a las acumulaciones
pluviales.
-Potreros libres: los verdeos, rastrojos de
cosecha que no hayan sido pastoreados por animales contaminados. Esto no debe considerarse regla absoluta ya
que existen comunicaciones sobre la presencia de larvas de parásitos en la
tierra, en profundidades variables, y que pueden actuar como reservorios.
-Potreros seguros: pasturas descansadas durante el
verano, con más razón si se utilizaron para hacer heno. Pasturas que en el otoño anterior fueron
pastoreadas por animales inmunes. En
esta categoría podrían ubicarse potreros utilizados con animales de otra
especie como el caso de ovinos o equinos que actúan consumiendo larvas pero no
desarrollan la enfermedad y contribuyen a cortar el ciclo.
En el
manejo de los potreros es importante conocer el rol potencial en el riesgo de
reinfestación que cada una de las categorías animales puede jugar (cuadro Nº
8).
Cuadro 8.- Contaminación potencial de los
cuadros según categoría de vacuno considerada

Sería
muy útil que los productores fueran tomando en cuenta que a veces el hecho de
realizar la desparasitación, no pasa sólo por los costos directos de aplicación
y la obtención de una buena relación costo/beneficio, sino que también habría
que ir pensando en programar las inversiones a fin de bajar la contaminación de
las pasturas viejas y evitar de cualquier manera la contaminación de las nuevas
praderas ya que como hemos visto en el manejo de los pastos, se encuentra la
llave del control.
No
podemos dejar de mencionar un hecho muy común en la mayoría de las
explotaciones del país y que es el tiempo que se tarda entre la decisión de
tratar los animales y el momento real en el que se realiza. Lo más común que hemos observado es un lapso
nunca inferior a las dos semanas, y que en épocas críticas significarán mayor
contaminación de los pastos, mayores pérdidas de peso, agravamiento de lesiones
por mayor cantidad de larvas hipobióticas, etc.
Para
ser más explícitos en un tema de tanta controversia, se agregan a continuación
una serie de cuadros que permiten evaluar las distintas fases del problema y de
qué manera el conocimiento de la propia situación y la toma de una decisión
acertada en los tratamientos de los animales, puede incidir en un control
correcto de la enfermedad.
Otro
hecho importante que se debe considerar es que los distintos géneros de
parásitos tienen diferentes épocas de actividad a lo largo del año por lo que
siempre deberían conocerse las poblaciones que prevalecen en cada explotación
para poder atacar las mismas con la máxima eficacia y renta.
Sistemas de control
El
control parasitario es la base para que todo el paquete tecnológico a aplicar
en la producción de carne rinda sus frutos.
Como dijimos anteriormente, los daños producidos por los parásitos en
animales jóvenes, en crecimiento, no pueden ser recuperados con
posterioridad. Cualquier plan de
control deberá contemplar la integración de un correcto manejo de los animales,
de los potreros y de los antihelmínticos.
Ello debe hacerse sobre la base de un buen conocimiento de la
epidemiología de la enfermedad. Esto
significa conocer las fuentes de contaminación de los potreros, los períodos de
mayor riesgo, los animales más susceptibles, el nº de larvas presentes en cada
potrero y su probabilidad de sobrevivencia, etc. (V. Suárez, 1994).
A pesar
de no existir una receta de aplicación general, de acuerdo a la situación
particular de cada explotación, se debería partir de la premisa de que en mayor
o menor medida los animales ESTÁN parasitados y que cualquier plan que se
encare para el control debería tener como objetivos primarios:
a) que
los animales tarden el mayor tiempo posible en reinfestarse, y
b)
disminuir al mínimo las pérdidas productivas.
La
metodología presenta las siguientes alternativas:
·
Tratamientos
supresivos:
consiste en hacer tratamientos cada 21 o 28 días según se usen bencimidazoles o
ivermectinas, respectivamente. Debido a
su alto costo se aconsejan sólo cuando no queda otra salida, por ejemplo en el
caso que los destetes deban ir al mismo potrero que ocupó el destete del año
anterior. Dentro de esta categoría se
puede incluir el uso de bloques medicados que se distribuyen en los potreros
durante períodos de entre 4 y 7 días de acuerdo a la prescripción y
presentación del producto; presentan la desventaja de no asegurar el consumo
por parte del animal, pudiendo llegarse a la subdosificación y provocar
fenómenos de resistencia por un lado y también de difícil aplicación en
sistemas de producción extensiva como los habituales del país. Una variante la representan las premezclas
medicadas para animales en planteos de suplementación y que brindan algunas
ventajas sobre las anteriores como ser que una vez estabilizado el consumo, se
puede enmascarar el medicamento en el total de la ración diaria y distribuir la
dosis a través de varios días consecutivos.
Presentarían la desventaja del uso limitado; la información al respecto
es muy diversa pero merece ser tenida en cuenta a futuro debido al gran interés
que ha despertado la producción intensiva de carne en los últimos tiempos. La alternativa más moderna en este sentido
apunta a una dosificación permanente del medicamento mediante un dispositivo
intrarruminal de liberación continua que protege a los animales por largos
períodos que oscilan entre los 6 y 12 meses que serían los ideales para
aplicarse en nuestras condiciones de producción. Lamentablemente esta última alternativa no se encuentra
disponible en Argentina, a pesar de haber sido ampliamente utilizada en el
extranjero.
·
Tratamiento epidemiológico: se basa en utilizar la
información epidemiológica de la zona para decidir los tratamientos. Durante otoño-invierno correspondería
desparasitar a los destetes cada 30 a 60 días, sin embargo esto puede variar de
un campo a otro y de un año a otro según las condiciones climáticas imperantes
en la zona.
·
Control vigilado: se basa en la comparación de la
ganancia de peso entre un lote "libre", que se desparasita
mensualmente, y un lote "testigo", que representa al resto del
rodeo. Es conveniente que cada uno de
estos grupos no sea inferior a 20 animales. Cuando la ganancia de peso de ese
mes es un 10% superior en el lote libre, se indica tratamiento a todo el
rodeo. Este método funciona bien para
campos que no tengan una carga parasitaria demasiado alta. Se puede complementar con el uso del HPG.
·
Control integrado: en este caso el objetivo es
combinar los tratamientos con movimientos de animales que garanticen potreros
limpios a fin de prolongar al máximo el efecto del tratamiento. Así al destete, se debería desparasitar y
mandar los animales a una "pastura segura". Este sistema dependerá de la disponibilidad de potreros y del
tipo de empresa agropecuaria.
Como
conclusión se debe destacar la gran importancia de esta enfermedad a nivel
productivo y en especial durante los meses otoño-invernales y si bien a nivel
nacional no se cuenta con estadísticas, de acuerdo a comunicaciones de
Veterinarios parasitólogos de primer nivel, en la pampa húmeda se producen
pérdidas de 25.000 a 30.000 toneladas de carne por mortandad y unas 200.000
toneladas mermas en la producción, lo que significar 200 millones de dólares al
año, de los cuales 92 millones corresponderían a la provincia de Buenos Aires.
Los
trabajos extranjeros mencionan grandes pérdidas económicas en las cuales la
mayor participación corresponde al sector de la producción primaria, aunque
también se cuenta con trabajos más recientes que encuentran disminuciones de
rinde de las canales en los animales parasitados frente a los libres.
Es
también de capital importancia establecer con el asesor veterinario un programa
de toma de muestras y análisis que permita ubicar al establecimiento dentro de
un programa de control incorporado a la rutina sanitaria preventiva.
Tener
en cuenta que en el aspecto productivo global de la empresa, se estará
dilapidando una parte importante de los recursos nutritivos de los forrajes
ingeridos por los animales afectados y que ello producirá un incremento
sustancial en los costos de las pasturas en cuanto a su producción neta de
ganancia de peso y en casos de planteos que posean suplementación, un mayor
costo final por kg de insumo.
Si bien
estos últimos puedan haber pasado hasta ahora como costos ocultos, la
información y los conocimientos van demostrando que realmente ocurren y deberán
por lo tanto comenzar a mensurarse para eficientizar el uso de los recursos de
la empresa.
Habiendo
considerado todo lo expuesto hasta aquí, la reflexión que surge es por demás
elocuente; debemos tratar en todos los niveles de minimizar los efectos de esta
patología, no sólo mediante las alternativas enumeradas, sino también a través
de un mayor interés y conjugación de esfuerzos entre los productores y los
profesionales involucrados en la problemática a fin de coordinar iniciativas
tanto con organismos oficiales, o entidades particulares, como así también
incentivar a laboratorios privados a poner en experimentación productos más
avanzados para el control de los parásitos que, como se ha visto, existen en
otros países.
- Parásitos gastrointestinales de los
rumiantes. Estudios realizados en la
zona de San Luis. Rossanigo, C; Ávila,
J; Sagger, R; INTA EEA San Luis (1992).
- Parásitos internos de los bovinos en la Pampa
Húmeda. R Steffan; C. Fiel; J. Costa.
3' edición, 1993.
- Parasitosis gastrointestinales. D. Vidart; R Carrillo. Nutrición animal aplicada N-?, año ?
- Los parásitos internos del bovino en la región
semiárida y subhúmeda pampeana ¿cómo controlarlos? V. Suárez. URISA INTA EEA
Anguil, La Pampa. 1994.
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