Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Cipolini, M.F., Mangold, A.
y Jacobo, R.A.. 2004. Artículos del Colegio de Veterinarios de la Provincia
de Buenos Aires
Las garrapatas y las enfermedades
transmitidas por ellas, son consideradas como uno de los mayores problemas
sanitarios para el desarrollo de la producción ganadera en regiones tropicales
y subtropicales en todo el mundo.
Entre las enfermedades de mayor
relevancia figuran la anaplasmosis (Anaplasma marginale) y la babesiosis
(Babesia bovis, Babesia bigemina), que en zonas endémicas, se constituyen en
una gran limitante para la incorporación de reproductores con alto potencial
genético a los efectos de mejorar el rendimiento productivo de los
establecimientos del norte Argentino.
La anaplasmosis tiene un área de
dispersión mayor que la babesiosis, extendiéndose hasta el paralelo 33 de
latitud Sur, con 22.600.000 bovinos potencialmente expuestos equivalente al 35%
del stock nacional. Más al sur se observan brotes ocasionales de la enfermedad.
En el nordeste argentino la mayoría
de los brotes de anaplasmosis ocurren entre marzo y julio, en tanto que en el
centro-norte de Santa Fe la mayor incidencia en vacunos de carne, se concentra
de diciembre a enero, mientras que no se detectó un pico definido en los
vacunos para la leche. Babesiosis y anaplasmosis son los dos componentes del
bien conocido síndrome "Tristeza Bovina", poseyendo ambas
características clínicas y epidemiológicas comunes, aunque los agentes causales
presentan rasgos morfológicos, patogenicidad, ciclos de desarrollo, transmisión
y susceptibilidad a las drogas diferentes, por lo cual se deben tratar como
entidades clínicas diferentes.
La babesiosis es una enfermedad
parasitaria producida por Babesia bigemina y Babesia bovis que son parásitos
intraeritrocitarios obligados.
La transmisión es exclusivamente por
garrapatas y en nuestro país la garrapata común del bovino, Boophilus
microplus, es el único vector reconocido. B. bovis es transmitido
exclusivamente por las larvas de B. microplus, mientras que B. bigemina es
transmitido por las ninfas y los adultos. Por este motivo, el período de
incubación de la babesiosis por B. bovis es más corto que en el caso de B.
bigemina.
Es una enfermedad infecciosa
transmisible de los bovinos y otros rumiantes, provocada por la rickettsia
Anaplasma marginale. Este microorganismo es transmitido por la introducción de
sangre fresca de un bovino enfermo o portador de anaplasmosis en la sangre de
un bovino sano. En este proceso intervienen, además de las garrapatas, algunos
dípteros hematófagos como los tábanos, las moscas bravas y los mosquitos. Sin
embargo este no es el único mecanismo de transmisión de la anaplasmosis. Es
especialmente importante el material y el instrumental empleado en las
prácticas quirúrgicas tales como agujas y jeringas, cuchillos para castrar,
mochetas, descornadores, pinzas para colocar caravanas, pinzas para hacer
tatuajes, guantes de tacto rectal, con los que se puede efectuar un pasaje
rápido de sangre entre los bovinos cuando no se desinfectan correctamente. El
período de incubación de la anaplasmosis es más largo que el de la babesiosis y
dependerá de la cantidad de A. marginale que se inocule al animal. En el caso
de inoculaciones experimentales es de 3 a 4 semanas, pero en condiciones
naturales puede ser mayor a los 90 días.
Estas enfermedades se caracterizan
por afectar generalmente, a los bovinos mayores de seis meses, aumentando la
gravedad del cuadro clínico con la edad.
En general, las tres enfermedades
presentan algunos síntomas comunes (hipertermia, anorexia, decaimiento, anemia
e ictericia) pero también es posible observar características diferenciales.
Uno de los primeros signos que se
nota en muchos casos de babesiosis es que el animal se aísla del rodeo y busca
la sombra. La temperatura rectal suele ser elevada, 41° C o más, especialmente
cuando la infección es por Babesia bovis. En el ganado lechero el primer signo
es una caída en la producción de leche. Los animales en estado avanzado de la
enfermedad son muy susceptibles al estrés y en ocasiones se desploman y mueren
mientras se los conduce a los corrales o cuando se los enlaza.
Cuando la infección es por Babesia
bovis normalmente no se observa hemoglobinuria y la anemia no es tan marcada.
En un examen más profundo se puede observar ictericia la cual no es muy
evidente. Debido a la adherencia de los eritrocitos infectados con Babesia
bovis a las células endoteliales de los capilares, se produce un verdadero
bloqueo (trombos) de la circulación sanguínea en órganos como cerebro, riñón y
músculo cardíaco. Por esto, es común observar síntomas nerviosos como
agresividad marcada, ataxia, trastornos del equilibrio e incoordinación.
En las infecciones por Babesia
bigemina se observan anemia y hemoglobinuria, las cuales se desarrollan mas
rápidamente que en casos de Babesia bovis. Haciendo un examen más profundo se
puede observar una ligera ictericia, pero siempre es menos marcada que en la
anaplasmosis.
Aun cuando parezca sencillo
diferenciar entre la infección por Babesia bovis o Babesia bigemina, los
síntomas son tan similares que la identificación final debe realizarse por
examen microscópico de extendidos de sangre.
La temperatura rectal es menor que en
babesiosis, pero suele superar los 40,5° C .El curso de la enfermedad es más
prolongado y se caracteriza por la anemia que es muy pronunciada y alcanza su
máxima expresión entre los 7 a 10 días de evolución. Es común observar valores
del volumen globular inferiores al 10%.
La depresión y anorexia se van
intensificando a medida que la enfermedad progresa. En las mucosas se advierten
ictericia y palidez intensa y no hay hemoglobinuria, aunque la orina
frecuentemente presenta color marrón, debido a la presencia de pigmentos
biliares. La coprostacia es bastante frecuente.
En la necropsia comúnmente se observa
el bazo agrandado (esplenomegalia) y de consistencia pulposa. Si la infección
es por B. bovis, los riñones presentan un tono oscuro, y las meninges y la
corteza del cerebro y del cerebelo aparecen muy congestionados. Se observan
también petequias en epi y endocardio y la vejiga contiene orina rojo-oscura.
Los hallazgos más evidentes consisten
en una marcada ictericia y palidez de los tejidos. La sangre presenta un color
rojo claro debida a la intensa anemia. El bazo esta agrandado y de color marrón
rojizo, observándose además hepatomegalia. La vesícula biliar aparece repleta
con el contenido espeso y con grumos por la anorexia. Ocasionalmente la orina
es más oscura debido a los pigmentos biliares. A diferencia de babesiosis no se
observa congestión de la masa encefálica ni hemoglobinuria.
Para realizar un diagnóstico preciso
es muy importante que se correlacionen los datos anamnésicos, diagnóstico
clínico y los resultados de los análisis de laboratorio (volumen globular y
extendidos de sangre).
Debido a los síntomas comunes que
presentan estas tres enfermedades, algunos de los cuales también se observan en
otras enfermedades que frecuentemente afectan a los bovinos, es indispensable
tomar muestras de sangre y/o de órganos para confirmar el diagnóstico en el
laboratorio.
En el caso de un animal enfermo se
deben tomar muestras de sangre periférica para hacer extendidos (frotis) y de
sangre con anticoagulante para determinar el hematocrito.
La muestra de sangre periférica para
realizar los extendidos se puede extraer por punción de la punta de la cola u
oreja.
En el caso de un bovino muerto, deben
hacerse frotis de sangre periférica e improntas de cerebro, bazo, riñón y
músculo cardiaco. Es muy importante obtener improntas de cerebro para el
diagnóstico diferencial de Babesia Bovis con rabia paresiante.
En caso de hallarse los agentes en
sangre es importante determinar la proporción aproximada de eritrocitos
infectados (porcentaje de parasitemia). En el frotis de sangre puede observarse
cambios en la composición globular, donde suelen verse muchos glóbulos rojos
inmaduros lo cual indica que el animal esta recuperando el volumen globular.
En el siguiente cuadro se remarca
cuales son los parámetros a tener en cuenta cuando realizamos el diagnóstico.
Mediante la observación microscópica
(1000x, con inmersión) de los extendidos de sangre teñidos con el colorante de
Giemsa, es posible reconocer y diferenciar a los agentes causales de la
"Tristeza de los Bovinos", sin embargo la sola presencia de los
mismos no siempre es indicativo de enfermedad. En caso de hallarse los agentes
en sangre es importante determinar la proporción aproximada de eritrocitos
infectados (EI) para asociarlos como causal de enfermedad. Puede observarse la
presencia de unos pocos parásitos en la sangre de los bovinos nacidos en las
zonas enzoóticas o que hayan sido vacunados, y esto es más bien un signo de
salud que de enfermedad.
Para realizar un diagnóstico preciso
es muy importante que se correlacionen los datos anamnésicos, diagnóstico
clínico y los resultados de los análisis hematológicos (volumen globular y
extendido de sangre).
El hematocrito tiene mucho valor para
el pronóstico de la enfermedad, cuando se lo correlaciona con el resultado del
frotis. Aún cuando deben considerarse el estado nutricional y edad del animal,
si el volumen globular es < 20% es aconsejable implementar medidas
terapéuticas adecuadas.
t
Carbunclo:
mueren de forma rápida o no reaccionan al tratamiento. Bazo presenta coloración
oscura y esplenomegalia.
t
Leptospirosis:
produce aborto en él ultimo tercio de la gestación y
muerte de terneros en la primer semana de vida. Produce hemoglobinuria,
ictericia, hepato y esplenomegalia.
t
Hemoglobinuria
bacilar infecciosa: Se caracteriza por presentar anemia, ictericia. Puede
presentar heces sanguinolentas, hemoglobinuria, orina de color oscuro. Además
el hígado presenta infarto necrótico.
t
Rabia desmodina: es una enfermedad
trasmitida por el desmodun rotundum, se caracteriza por balanceo,
debilitamiento y parálisis del tren posterior, se tropiezan con facilidad. Al 3
al 5 día cae y no se vuelve a levantar.
t
Fasciola
hepática: es una enfermedad causada por la infestación por Fasciola. Se caracteriza
por presentar insuficiencia hepático agudo o crónica. Anemia, perdida de peso,
edema submandibular y palidez de mucosas.
t
Botulismo: es una toxemia de alta
mortalidad, producida por la ingestión de la toxina de Clostridium botulinum.
Esta toxina se preforma como resultado de la proliferación de la bacteria en
material animal en descomposición. El cuadro clínico comprende el desarrollo de
una parálisis flácida durante un periodo de uno a tres días, el animal se
recuesta y es incapaz de comer beber pero está plenamente conciente. La muerte
se produce por una parálisis respiratoria.
Para el tratamiento específico se
dispone en nuestro país de dos compuestos:
1.
El Diminazene que se administra a
la dosis de 3,5 mg por Kg de peso. Esta droga actúa sobre ambas Babesias y
tiene un amplio margen terapéutico.
2.
El Imidocarbo ha demostrado ser
muy efectivo como agente terapéutico y también se lo ha utilizado como
profiláctico, ya que se va eliminando y metabolizando lentamente. La dosis recomendada
es 1,2 mg/kg. de peso.
Además del tratamiento con un
compuesto babecida puede considerarse la posibilidad de administrar un
tratamiento de apoyo, incluyendo cardiotónicos, antihistamínicos, soluciones
parenterales y vitamínicos y minerales, para ayudar a la recuperación del
animal. Si el tratamiento específico es administrado en la fase inicial de la
enfermedad como regla general la mayoría de los animales se recuperan. La
manipulación de los bovinos enfermos debe hacerse con mucho cuidado para evitar
muertes súbitas.
Para el tratamiento específico se
utilizan las tetraciclinas. La más utilizada es la oxcitetraciclina a la dosis
de 10 mg/kg de peso. Se puede repetir a las 24 y 48 horas. Las
oxcitetraciclinas de larga acción se utilizan a razón de 20mg/kg de peso y una
sola aplicación en general es suficiente para controlar la enfermedad.
También puede utilizarse el
Imidocarbo a la dosis 3 mg/kg de peso.
Como tratamientos de apoyo pueden
administrarse complejos vitamínicos y minerales (B12, hierro y Cobre) e incluso
realizarse transfusiones de sangre para obtener una recuperación más rápida del
animal.
En muchos países de África, Oceanía,
Asia y América se utilizan vacunas vivas para la prevención de la babesiosis y
la anaplasmosis. En nuestro país, la vacuna más utilizada contiene eritrocitos
parasitados con cepas de B. bovis y de B. bigemina atenuadas en su
patogenicidad y con Anaplasma centrale. Este microorganismo es una especie poco
patógena para los bovinos que tiene capacidad de brindar inmunidad cruzada
parcial contra A. marginale, que en general es suficiente para prevenir la
muerte o graves perdidas en la producción. Se debe aclarar que las vacunas no
evitan la infección, solo previenen la aparición de los síntomas y de las
muertes.
La vacuna viva está indicada para uso
exclusivo en bovinos de 4 a 10 meses de edad, ya que en animales adultos pueden
llegar a producirse reacciones post-vacunales graves, incluso mortales si no se
tratan adecuadamente.
Estas enfermedades se pueden prevenir
reduciendo la transmisión por los vectores. En el caso de babesiosis, el
control intensivo de la garrapata B. microplus disminuye drásticamente la
transmisión de ambas Babesia. Esto sólo es aplicable en los establecimientos ubicados
en las zonas de erradicación de la garrapata o en el área libre y que se hayan
reinfectado con B. microplus. En el caso de la anaplasmosis, todas las medidas
higiénicas que reduzcan la transferencia de sangre infectada entre los bovinos
portadores crónicos y los susceptibles, reducirá la diseminación de la
enfermedad. Es necesario utilizar material descartable (jeringas, agujas,
guantes de tacto) o desinfectar todos los utensilios que puedan contaminarse
con sangre (mochetas, descornadores, pinzas). El control de los insectos
hematófagos (tábanos y moscas bravas) puede ser frustrante ya que ningún método
es eficaz para su control.
Los terneros son naturalmente más
resistentes a la babesiosis y la anaplasmosis y la severidad de estas
enfermedades aumenta con la edad. Aún cuando se infecten, los bovinos de menos
de 6 meses de vida rara vez exhiben síntomas. La mayoría de las muertes suceden
en animales mayores, siendo la mortalidad de 30 a 50 % en los bovinos
clínicamente afectados de más de 3 años.
Existen tres situaciones la que es
necesario proteger a los animales mediante vacunas:
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