Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Ings. Agrs. Veneciano, J. H. y Frigerio, K. L. 2002. Información Técnica Nº 160, EEA San Luis INTA, Villa Mercedes.
El desarrollo de la agricultura como práctica no
restitutiva conduce a un desequilibrio en el balance nutricional edáfico, cuya
consecuencia es la degradación química y física de los suelos, proceso al cual
la provincia de San Luis, pese a su carácter agrícola marginal, no escapa. El
objetivo del presente trabajo fue determinar para los principales
agroecosistemas extensivos de San Luis: a) la cantidad de macronutrientes
primarios (N, P, K) removidos anualmente con el producto (grano, carne), y b)
su costo de reposición. Para ello se recabó la información sobre producción de
granos de los últimos cuarenta años correspondiente a los cultivos extensivos
más importantes de la provincia, así como la concerniente a soja, de irrupción
destacada en los últimos tiempos, determinándose los valores de macronutrientes
primarios (N, P y K) removidos con el grano cosechado. De manera análoga se
calculó la exportación de dichos nutrientes atribuible a la ganadería bovina. A
partir de los valores obtenidos se estimó el costo de reposición de los
elementos minerales. La remoción anual promedio de macronutrientes primarios
totalizó 7.149 tn de N, 1.216 tn de P y 1.519 tn de K, sin considerar la
pérdida correspondiente a erosión, más directamente relacionada con el sistema
convencional de labranza. La remoción anual debida a la ganadería bovina, a su
vez, alcanzó a 2.744, 750 y 175 tn de N, P y K respectivamente. El costo total
anual de reposición se aproxima a doce millones de dólares, el 71,5 % del cual
corresponde a los cultivos agrícolas. Se discute la descapitalización del
recurso suelo implícita en el modo actua1 de producción.
Palabras clave: suelos, exportación de nutrientes,
restitución, San Luis (Argentina).
El concepto de desarrollo sustentable exige que el
desarrollo económico sea compatible con la integridad o “salud” del ambiente, y
que se preserve la equidad no sólo dentro de las generaciones actuales sino
también entre las actuales y las futuras (principio de equidad
intergeneracional) (Viglizzo, 1995). De conformidad con Cursack de Castignani
et al. (1997) es un agroecosistema sostenible aquel que conserva el recurso, es
ambientalmente sano y económicamente viable, y su consecuencia es el
mantenimiento a largo plazo de dicho sistema sin deteriorarse ni resentir su
productividad.
Algunos de
los criterios contemplados para definir la sostenibilidad de los agroecosistemas son el mantenimiento de las propiedades físicas y
biológicas del suelo y su nivel de nutrientes. En abierta contradicción con
ello, la última década del siglo XX trajo aparejada para nuestro país una
intensificación de los procesos productivos que generó una presión creciente
sobre los recursos naturales renovables y no renovables: la pampa húmeda -en
cuyos 48 millones de hectáreas se concentra más del 80 % de la actividad agropecuaria
nacional- padece hoy los síntomas de degradación más severos de su historia, de
los cuales, si bien en distinto grado, son responsables tanto la producción
intensiva de granos como la ganadería (Curti, 1999). Nuestra provincia, pese a
su carácter agrícola marginal, no escapa a esta realidad. En las regiones
semiáridas la degradación del suelo (erosión y pérdida de fertilidad) puede ser
rápida y su recuperación extremadamente lenta. Este proceso, carente de
síntomas claramente visibles, conduce a
una descompensación en el presupuesto mineral del agroecosistema que está dada
por una extracción de nutrientes que supera con holgura la capacidad natural
que el ecosistema tiene para reponerlos (Viglizzo y Roberto, 1991).
Las plantas requieren
para su crecimiento tres factores fundamentales: energía, agua y nutrientes.
Mediante el proceso de fotosíntesis la radiación solar es utilizada para formar
compuestos energéticos que serán posteriormente empleados para combinar el agua
y los nutrientes obtenidos del suelo en elementos complejos destinados al
desarrollo vegetal. Tanto la energía como el agua (repuesta al suelo en forma
relativamente constante a través de la precipitación pluvial) pueden
considerarse recursos poco
menos que inagotables. Los nutrientes edáficos, por el contrario, se encuentran
en su reservorio en cantidades limitadas (Zanotti y Buschiazzo, 1997).
Los cultivos de
cosecha provocan una extracción relevante de nutrientes edáficos,
principalmente nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), que son exportados del
sistema a través del producto (grano). La magnitud de esta extracción depende
del cultivo y rendimiento considerados.
La ganadería
pastoril es una actividad de extracción muy inferior a la de la agricultura
de cosecha (Pordomingo, 1998), pero “minar” las reservas de nutrientes del
suelo no es una práctica sostenible (Roberts, 1996b). Cualquier recurso natural
debe ser considerado como un activo o capital natural que dispone de un
potencial para generar beneficios, y cuya disminución en el stock implicará una
pérdida de parte de esos beneficios para las generaciones futuras (Calfucurá
T., 1998). Si bien la extracción de los nutrientes es parcialmente repuesta por
procesos que ocurren en el mismo suelo, la dotación original va reduciéndose
campaña tras campaña, por lo que la extracción neta es irreversible y deberá
tarde o temprano restituirse para no comprometer la potencialidad productiva
del recurso suelo. Esta restitución implicará en algún momento un costo en
fertilizantes que debería ser restado de los ingresos obtenidos en cada campaña
agrícola (Zanotti y Buschiazzo, 1997).
Veneciano (1995)
estimó la merma anual de N, P y K
sufrida por los suelos agrícolas de San Luis, correspondiente a los cultivos de
maíz, sorgo granífero y girasol, y Veneciano y Lartigue (2000) calcularon la pérdida
anual de P atribuible a la ganadería bovina; no se halló para la provincia, en
cambio, información atinente al costo de restitución mineral. De acuerdo
con Tisdell (1993 -cit. por Víglizzo, 1995-) estimaciones de este tipo deberían
imputarse como un costo en las cuentas públicas para generar, a partir de
ellas, proyectos compensatorios que preserven la sostenibilídad de los
agroecosistemas.
El presente
trabajo tuvo por objetivos determinar para los principales agroecosistemas
extensivos de San Luis:
a)
la cantidad de
macronutrientes primarios (N, P, K) removidos anualmente con el producto
(grano, carne), y
b) su costo de reposición.
La información sobre producción anual de granos del período 1960-61/2000-01 correspondiente a los cuatro cultivos extensivos históricamente más importantes de la provincia (maíz, girasol, sorgo granífero y trigo) se obtuvo a partir de los valores de rendimiento (kg/ha) y superficie cosechada (ha) registrados en: Bolsa de cereales (1964, 1978, 2001), B. de Cereales de Bs. Aires (1990), INTA San Luis (1986) y Garay y Colombino (2002). La información sobre otros cereales de invierno (avena, cebada, centeno) proviene de FUNIF (1999).
Cuadro 1. Macronutrientes removidos con los cultivos extensivos más importantes de San Luis.

La información concerniente al cultivo de soja en condiciones de secano se obtuvo de Martínez Álvarez y Bongiovanni (2002).
Los valores de remoción de macronutrientes
primarios (N, P y K) con el grano cosechado
(Cuadro 1) se adoptaron de: Darwich (1994), Ohirogge y Kamprath (1968, cit. por
Baigorri et al., 1997) y Mengel y Kirkby (2000), contemplándose para el caso de
la soja que el 35 % del N removido por el cultivo es aportado por fijación biológica
(González et al., 1997). No se consideró el aporte debido a cultivos
fertilizados, por no disponer de la información pertinente.
La información sobre producción anual de carne bovina se obtuvo de Veneciano (1998), en tanto que los valores de macronutrientes removidos (g/kg peso vivo) se adoptaron de Wilkinson y Lowrey (1973, citados por Pearson e Ison, 1994): Cuadro 2.
Cuadro 2. Macronutrientes removidos con la carne bovina.

La incidencia económica de la remoción de macronutrientes debida a los principales agroecosistemas extensivos de la provincia se calculó a partir del costo actual de los fertilizantes necesarios para cubrir ese déficit (CREA, 2002; Marca Líquida Agropecuaria, 2002). Los productos considerados fueron:
N: urea perlada (46 % N), a razón de U$S 315/tn,
P: superfosfato triple (46 % P2O5, factor de corrección a P= 2,29), a razón de U$S 363/tn, y
K: cloruro de potasio (60 % K2O, factor de corrección a K= 1,2), a razón de U$S 464/tn.
Si se excluyen los nutrientes no minerales (carbono
-C-, hidrógeno -H- y oxígeno -O-) captados por el vegetal a partir del aire y
del agua, se reconocen como nutrientes esenciales para la planta al menos trece
elementos minerales, que suelen agruparse como macronutrientes (primarios -N,
P, K- y secundarios -azufre: S, calcio: Ca, magnesio: Mg-) y mícronutrientes:
boro (B), hierro (Fe), manganeso (Mn), cinc (Zn), cobre (Cu), molibdeno (Mo) y
cloro (C1) (Darwich, 1989), a los que Pearson e Ison
(1994) agregan cobalto (Co), selenio (Se) y
sodio (Na), y para el caso de los animales yodo (I). De todos ellos, con
excepción del N, que puede ser incorporado eficientemente desde la atmósfera
por fijación biológica, los restantes elementos son provistos por las reservas
del suelo. Estos elementos inorgánicos son reabastecidos dentro del sistema por
la aplicación de fertilizantes, la liberación de minerales a partir de la
degradación de materia orgánica, el efecto del clima sobre la roca madre y el suministro de nutrientes contenidos en las
precipitaciones (deposición atmosférica).
Se pierden para el sistema al remover los productos
animales (carne, leche, lana, etc.) y vegetales (grano, heno, etc.), por
lixiviación debajo de la zona radicular, por volatilización a la atmósfera, y
por erosión.
El balance mineral entre entradas y salidas es
estable en el largo plazo siempre que exista restitución (Pearson e Ison,
1994). De manera que, conceptualmente, un agroecosistema sostenible en el
tiempo habrá de ser aquel que "exporte" anualmente energía y agua (en
forma de grano o carne) y restituya los restantes nutrientes al suelo,
adicionándolos en forma proporcionada al nivel de extracción del mineral, de
manera de optimizar la eficiencia de uso de cultivo y suelo en forma compatible
con la protección ambiental.
El desarrollo de la agricultura ha conducido a un
desequilibrio en el balance nutricional edáfico (Mengel y Kirkby, 2000). La
degradación química y física de los suelos constituye el proceso de deterioro
más común y difundido en la región pampeana, y es consecuencia de una
agricultura rutinaria y no restitutiva cuyas evidencias indeseables
(encostramiento, compactación, "manchoneo" de cultivos, etc.) se
manifiestan incluso en territorio sanluiseño (Puricelli, 1985), actual frontera
agrícola en condiciones de secano. En sectores semiáridos (O de Guatraché, La
Pampa), tras sólo cuatro años de cultivo de trigo en un suelo Haplustol éntico,
se verificaron reducciones cercanas a 35, 25 y 42 % de los parámetros C total,
N total y estabilidad estructural, respectivamente (Puricelli, 1985). Hall et al. (1992 -cit. por
Díaz-Zorita, 1998-) destacan la mayor frecuencia de aparición de suelos
deficientes en N y P en la región pampeana, en tanto que Montoya et al. (1999)
informan de una situación análoga respecto de P en el E de La Pampa. Zanotti y
Buschiazzo (1997) han historiado las pérdidas de N y P del área agrícola de La
Pampa desde 1911 a 1994. A nivel país en el quinquenio 1990-94 la producción de
cereales sustrajo 340 % más N, 250 % más P2O5 y 820 % más
K2O que el aportado con la fertilización (Roberts, 1996b), y Ratto y
Conti (1996-) precisan que, además de los elementos limitantes por excelencia
(N y P), existen en el país indicios de que otras carencias (S, K, Zn y B)
comienzan a detectarse.
En la provincia de San Luis la información
disponible permite estimar, para el período 1960-61/2000-01, la exportación
anual promedio de macronutrientes por unidad de superficie correspondiente a
los cuatro cultivos históricamente más importantes: Cuadro 3. Allí se han
contrastado los valores medios de la serie con los del trienio 1998-99/2000-01,
apreciándose que la mejora en los rendimientos de los últimos años ha
incrementado la capacidad extractiva por unidad de superficie en 23 (trigo), 55
(sorgo granífero), 63 (girasol) y 105 (maíz) %, respectivamente.
Cuadro 3. Macronutrientes exportados por los principales cultivos agrícolas extensivos de San Luis.
Valores promedios por unidad de superficie.

Figura 1. Evolución de la superficie cosechada de San Luis en el período 1960-1/2000-1

La Figura 1 permite apreciar la evolución del área cosechada en la provincia con trigo, maíz, sorgo granífero y girasol correspondiente a las últimas cuatro décadas, pudiendo constatarse una alta variabilidad entre años: considérese que la superficie cosechada oscila de manera más pronunciada que la superficie sembrada, por el efecto que sobre ella tienen las adversidades y, muy particularmente, las de índole climático. Puede advertirse no obstante una tendencia creciente hasta mediados de la década del 80, que se revierte posteriormente. La reducción en el área cosechada afectó principalmente a maíz y trigo, incorporándose en cambio otros cultivos (el principal, soja). Debe acotarse aquí que la información disponible de los últimos años (que no se caracteriza por su riqueza) se contradice con la percepción generalizada de que el área agrícola de San Luis ha continuado incrementándose hasta el presente. Esta percepción condice mejor con lo comunicado por Viglizzo y Roberto (1991), quienes al analizar evolutivamente la calidad ambiental de la pampa semiárida (que incluye al E de San Luis) han señalado el inicio desde mediados de la década del 60 de un segundo ciclo de avance de los cultivos de cosecha (el primero correspondió al tercio inicial del siglo XX), que está lejos de haberse detenido. De acuerdo con los mismos autores, explican esta segunda onda agrícola, entre otras, las siguientes causas: rentabilidad relativa de la producción de granos por encima de la correspondiente a la actividad ganadera; acceso a germoplasma de alto rendimiento y condiciones climáticas favorables (en particular, incremento en el nivel de precipitaciones); advenimiento del contratista rural como figura empresaria; desarrollo de maquinaria agrícola más eficiente y aparición de plaguicidas de alta eficacia.
La Figura 2 señala para el mismo período la
tendencia levemente incremental en los rendimientos de los cultivos en
cuestión, que es consecuencia natural del
perfeccionamiento tecnológico en los ámbitos de la genética, los agroquímicos y
las prácticas de cultivo (Viglizzo y Roberto, 1991). Caracteriza a estos
valores, sin embargo, una alta variabilidad.
Figura 2. Evolución
de los rendimientos agrícolas medios de San Luis en el periodo 1960-1/2000-1.

La Figura 3, por su parte, describe para el período analizado la producción de
granos de San Luis discriminada por cultivo. La misma prefigura la magnitud del
proceso extractivo de minerales, que se intentará precisar a continuación.
Figura 3. Evolución de la producción de grano de los
principales cultivos extensivos de San Luis en el período 1960-1/2000-1.

Las Figuras 4, 5 y 6 grafican la evolución en el tiempo de la extracción con el grano de los macronutrientes primarios ^ P y K).
Figura 4. Evolución del N extraído con los principales cultivos extensivos de San Luis en el período 1960-1/2000-1.

Figura 5.- Evolución del P
extraído con los principales cultivos extensivos de San Luis en el período
1960-1/2000-1.

Figura 6.- Evolución del K
extraído con los principales cultivos extensivos de San Luis en el período
1960-1/2000-1.

Los valores medios de exportación anual de macronutrientes primarios para el área agrícola de San Luis se han reseñado en el Cuadro 4, incorporándose allí otros cereales de invierno (centeno, avena, cebada) y soja, cultivo relativamente reciente para la provincia pero de importancia creciente. Para este último caso se consideró como extracción de N del suelo sólo el 65 % del nutriente removido con el grano; se asumió que el 35 % restante es aportado por fijación biológica (González et al., 1997). La remoción anual de macronutrientes primarios alcanza a 7.149 tn de N, 1.216 tn de P y 1.519 tn de K, cifras que dan clara idea de la magnitud del proceso de descapitalización sufrido por los agroecosistemas de la provincia. El maíz es el primer exportador de nutrientes, y es también destacable la remoción de nutrientes debida a soja, cultivo en activa expansión y con gran capacidad de partícionar N a los granos; el retorno de este elemento al suelo vía residuos es exiguo, lo que evidencia que la soja no es restauradora de fertilidad (González et al., 1997).
Cuadro 4. Macronutrientes exportados anualmente por los agroecosistemas extensivos
de cosecha de San
Luis. Valores promedios.

La agudización de la nueva fase de degradación señalada para el país por Viglizzo y Roberto (1991) carece de la espectacularidad que caracterizó a la ocurrida en los años 30, por la ausencia de síntomas visibles (voladuras). Respecto del N, los desequilibrios en el balance mineral se acentúan cuando no existe la posibilidad de rotar los cultivos de cosecha con praderas de leguminosas, situación significativamente habitual en los establecimientos de San Luis: Veneciano, (1995) estimó que para la superficie bajo cultivo de la provincia apenas 1,0 de cada 15,9 ha cultivadas con recursos anuales extractívos estaría en teoría integrada a un planteo de rotaciones que contemple como eslabón constructivo a una especie leguminosa.
Zanotti y Buschiazzo (1997) estimaron para la
provincia de La Pampa que el consumo atribuible a los cultivos representaba
apenas 35 (N) y 41 (P) % de las pérdidas totales de dichos nutrientes
minerales, correspondiendo el resto a otros fenómenos, principalmente a la
erosión sufrida durante algo más de ocho décadas. El grado de erosión depende
de numerosos factores, entre ellos: relieve, intensidad de las precipitaciones,
intensidad y persistencia del viento, y muy particularmente del sistema de
labranza y la cobertura del suelo (Mengel y Kirkby, 2000). Cada centímetro de
suelo que se pierde por erosión representa alrededor de 125 tn/ha, con los
nutrientes en él contenidos (Baethgen, 1996). La labranza convencional supone
la utilización de herramientas que producen cierta inversión del perfil
edáfico, en tanto que por labranza conservacionista se incluye cualquier
sistema que, sin invertir el suelo y reteniendo en superficie residuos
orgánicos, reduce la pérdida de suelo y/o agua: las tasas de degradación
física, química y biológica son mayores con los sistemas convencionales de
labranza (Cursack de Castígnaní y Travadelo de Belvilacqua, 1997). Los procesos
erosivos adquieren mayor magnitud entonces cuanto más marginal es el área de
cultivo y menos apropiado el método de labranza. Paradójicamente, la
utilización de tecnología conservacionista tal como la siembra directa decrece a medida que aumenta
la condición de marginalidad
del área cultivada: a menor aptitud productiva de la tierra se corresponden
menores rendimientos e ingresos en el corto plazo y por lo tanto también menor
disposición a invertir. Téngase presente que en la provincia se cultivan no más
de 7 - 8.000 ha de maíz y 4.000 ha de girasol con la técnica de siembra directa
(Garay, com. pers.), esto es, incluyendo cierta restauración de nutrientes; en
el caso de soja, en cambio, el uso de agroquímicos se limita esencialmente al
control de malezas, plagas y enfermedades. Por otro lado, el área total sujeta
a procesos erosivos guarda mejor relación con la superficie sembrada, que es
siempre mayor que la considerada en este trabajo (superficie cosechada).
Ateniéndonos
a los cálculos efectuados por Zanotti y Buschiazzo (1997) podemos asumir en
consecuencia que la pérdida total de nutrientes atribuible a la agricultura de
cosecha (exportación con el grano + erosión derivada de varias décadas de
labranza convencional) podría alcanzar magnitudes significativas, cifras que
-tal como se señalara anteriormente-
deberían considerarse en la contabilidad del estado provincial.
Cuadro 5. Macronutrientes primarios exportados anualmente por los agroecosistemas
extensivos de ganadería bovina de San Luis.

En el Cuadro 5 se ha reseñado la exportación anual de macronutrientes primarios atribuible a la ganadería vacuna extensiva, para toda la provincia y discriminándose, a su vez, en dos grandes áreas: la franja oriental, que sostiene al 61 % de las existencias bovinas en el 34,4 % del territorio ganadero sanluiseño, en la que se practica una actividad diversificada (cría-recría-engorde), y el sector occidental, casi exclusivamente orientado a la cría bovina (Veneciano, 1998). Los valores de exportación mineral que corresponden a la ganadería extensiva son considerablemente bajos, en congruencia con los niveles de productividad (kg de carne/ha.año) del sistema. Sin embargo es preciso hacer algunas puntualizaciones:
1- Si bien en la última década los cultivos de cosecha, contrariando la aptitud ambiental de la región, se han extendido al O de la provincia, debe destacarse que el sector ganadero oriental centraliza también la casi totalidad de los cultivos agrícolas de San Luis, lo cual potencia la remoción de nutrientes de estos suelos. Ello se agudiza cuando además se utilizan los rastrojos con animales.
2-
La diversificación productiva de la franja oriental (agricultura
de cosecha- ganadería de cría, recría y engorde) coincide con una igualmente
diversificada base pastoril en la que los cultivos forrajeros estacionales
("verdeos" de invierno y verano), mayoritariamente representados por
centeno, maíz para pasto y sorgos forrajeros, superan las 230.000 ha
(Veneciano, Terenti y Funes, 2002). Para esta superficie implantada cada año
con verdeos (en casi todos los casos por medio de labranza convencional) valen
en consecuencia las consideraciones efectuadas en el apartado anterior respecto
de las pérdidas minerales debidas a procesos erosivos.
3- Respecto del N, más del 78 % del nutriente consumido retorna por vía urinaria y fecal (Maisonnave y Fabrizio de Ioro, 2001), si bien la distribución de las deyecciones sólidas es altamente irregular en sistemas extensivos, y el N de la orina se pierde en alto grado (hasta 30 %) por volatilización como amoníaco si no es rápidamente incorporado por el vegetal, para lo cual debe ser previamente convertido a formas inorgánicas (Roberts, 1996a; Baethgen, 1996).
4- Con relación al P es importante destacar que, aunque la retención de P dietario en bovinos es baja (en vacas lecheras el 75 % es excretado con las heces), la restitución del nutriente se efectúa de manera no uniforme en el lote: Díaz-Zorita (1998) señala que las áreas de deposición son muy pequeñas, aún en sistemas intensivos (en el O bonaerense, trabajando con pastoreos de altas cargas instantáneas y bajos tiempos de permanencia en las parcelas, se determinó que apenas el 13 % de la superficie pastoreada era cubierta por el bosteo, valor que se reduce notablemente con sistemas menos intensivos, como los imperantes en San Luis). Díaz-Zorita y Barraco (2002) informan que la producción extensiva de carne (tiempos de pastoreo prolongados) conduciría a una mayor tasa de agotamiento del P que condiciones intensivas de pastoreo. Las altas cargas instantáneas permiten mejor distribución de las deyecciones aunque naturalmente no evitan la reducción en la disponibilidad del nutriente: los mismos autores han observado en el NO bonaerense que la intensificación en la producción de carne conduce a niveles de pérdida de P similares a los obtenidos por rotaciones agrícolas continuas, comportamiento explicado básicamente por la concentración y traslados de fertilidad en las heces.
5- Para el caso del K valen las consideraciones efectuadas respecto del P, ya que un 75 - 80 % del nutriente absorbido con el alimento retorna al suelo con las deyecciones, siendo afectado por la distribución deficiente de las mismas (Mengel y Kirkby, 2000).
La economía ambiental trabaja en el desarrollo de metodologías y técnicas confiables para establecer o al menos estimar los costos y beneficios monetarios (valoración) de los impactos debidos al uso de los recursos y el ambiente. Esa información, adecuadamente sistematizada, permite definir instrumentos de política dirigidos a promover el uso sustentable del ambiente, los que pueden abarcar desde mecanismos normativos (códigos, leyes, decretos) y administrativos (tarifas, cuotas) hasta económicos (impuestos, subsidios, creación de mercados) (Tomasini, 2001 ). La valoración económica que los actores sociales hacen de sus recursos ambientales y de los efectos de su uso resultan claves en el proceso hacía el manejo sostenible de los recursos naturales. Esta valoración surge del grado de percepción por parte de la sociedad de los costos y beneficios que la utilización de un recurso le significan.
La degradación de propiedades edáficas resulta a
menudo en la pérdida de productos agrícolas y/o ganaderos (reducción de
rendimientos). Al estudiar la depreciación del recurso suelo algunos autores
estiman la reducción de ingresos futuros a causa de la degradación edáfica por
medio de un análisis de pérdida de productividad (disminución del potencial y
del valor económico de la tierra degradada), en tanto que otros calculan la
depreciación del suelo mediante el método de costos de reposición de la calidad
de la tierra (Calfucura T., 1998). Este último método fue el adoptado en el
presente trabajo.
Son numerosos los autores (Viglizzo y Roberto,
1991; Benintende y Benintende, 1995- Berardo, 1996; Darwich, 1996; Díaz-Zoríta,
1998; Montoya et al., 1b99) que, convencidos de que los suelos empobrecidos
comprometen la sostenibilidad de los sistemas de producción, coinciden en
proponer como herramientas tecnológicas correctoras la restitución de
nutrientes (esto es, la adición proporcionada al nivel de extracción del
mineral) y la aplicación de prácticas de manejo conservacionistas (Veneciano,
2001).
De acuerdo con Roberts (1996a) la restitución de nutrientes adecuada a las necesidades del cultivo y a las condiciones del suelo puede mejorar el uso eficiente de los mismos en forma compatible con la protección ambiental. Pordomingo (1998), por su parte, advierte que en la región pampeana existe escasa información sobre la dinámica de los nutrientes (requerimientos, pérdida, movilidad, interacciones), y menos aún se ha investigado sobre los riesgos ambientales de la fertilización (particularmente en lo atinente a pérdidas de nutrientes lábiles -N, S- y sus efectos contaminantes del agua y del aire). Con los fertilizantes comerciales existe además un riesgo ambiental relacionado con la adición inadvertida de impurezas: los fosfatos de roca, fuente de producción de todos los fertilizantes fosforados, presentan en su composición elementos que pueden ocasionar toxicidad (Giuffré y Ratto, 2001; Lavado y Zubillaga, 2001). Sin embargo, que los fertilizantes tengan un impacto ambiental positivo o negativo depende en alto grado del manejo: los efectos de la fertilización son reducidos, y a menudo eliminados,, cuando los cultivos se conducen con las mejores prácticas, equilibrando los consumos de producción en los niveles adecuados y utilizando técnicas de conservación de suelo y agua específicas para cada lugar, lo que minimiza las pérdidas hacia la atmósfera y las napas freáticas (Roberts, 1996a). No se desconoce por cierto que, tal cual señalan Zanotti y Buschiazzo (1997), la reposición de nutrientes minerales de ninguna manera compensa la pérdida de materia orgánica y de estructura. Tampoco se ignora la relevancia que podrá eventualmente adquirir con el tiempo la necesidad de restauración de otros nutrientes además de los aquí considerados. Aún así, el costo anual de restitución de los macronutrientes primarios para la provincia es de una magnitud destacable (Cuadro 6): casi 12 millones de dólares, de los cuales el 71,5 % corresponde a los cultivos agrícolas, destacando nítidamente entre éstos el maíz. Si, tal cual se planteara en el apartado I.l, se contemplara la pérdida de nutrientes minerales debida a erosión, el monto calculado se incrementaría de manera significativa.
Cuadro 6. Costo anual de restitución de macronutrientes primarios correspondientes
a los principales agroecosistemas extensivos de San Luis.

Para los cuatro cultivos agrícolas con mayor información disponible (maíz, trigo, sorgo granífero y girasol) la exportación de macronutrientes primarios en el período 1960-61/2000-01 alcanza cifras igualmente relevantes (Cuadro 7).
Cuadro 7. Macronutrientes primarios exportados por los principales cultivos agrícolas
extensivos de San Luis entre 1960-01/2000-01, en tn y U$S.

De acuerdo con Puricelli (1985) una de las premisas
que debe contemplar un sistema de producción racional es la utilización de las
tierras para lo que son realmente aptas, y no por encima de esas posibilidades.
Sin embargo, el problema de la producción agropecuaria, que es ya complejo en
sus aspectos biológicos, está inserto dentro de otro sistema de mayor
complejidad, de índole socio-política y económica: el negocio agropecuario
supone no sólo tecnología de producción, sino también capacitación
empresarial y del personal en lo atinente a análisis económico,
comercialización y financiamiento. Y las variables económicas tienen un fuerte
efecto modelador sobre el sistema de producción utilizado (Viglizzo, 1989).
Disponer de explotaciones que se hallan por debajo de la unidad económica es
uno de los factores que fuerza al productor a elegir las actividades que le
ofrecen mayor resultado neto por hectárea, extendiéndolas en superficie y
prolongándolas en el tiempo más allá de los límites que la preservación del recurso
suelo aconsejaría, lo cual torna al agroecosistema más sensible, más riesgoso,
y menos flexible (García Tobar, 1985).
Otro factor decisivo es el cortoplacismo en el
análisis económico. Los investigadores de agroecosistemas han comprendido que
si los indicadores de productividad reflejan la situación en un momento dado, y
no la proyección del sistema a través del tiempo, sólo tienen validez parcial
(Viglizzo, 1989). Son muy raras las proyecciones de largo plazo que consideran
como restricción para el crecimiento de la producción agropecuaria la
limitación del recurso tierra a consecuencia de prácticas de
uso inadecuadas. Los agroecosistemas de bajos insumos han considerado al
sistema natural como donante de insumos esenciales.
La degradación por sobreextracción ha sido la consecuencia inevitable de esta perspectiva que generalmente culmina, con el paso del tiempo, en una declinación productiva y económica perceptible: la agricultura pampeana puede ser mostrada como ejemplo de sobreextracción de nutrientes del suelo y estancamiento de los rendimientos (Viglizzo y Roberto, 1997).
Ferrazzino y Formento (2001) afirman que la empresa
agropecuaria debe incluir en sus costos el cuidado del suelo, pues de lo
contrario estará subsidiando con el ambiente sus exportaciones. Es necesario
que el empresario rural distinga con claridad entre ingresos de renta e
ingresos de capital, ya que esto último implica la descapitalización de la
empresa, esto es, la extracción de constituyentes no renovables del sistema
(tales como elementos minerales edáficos: degradación química) y erosión. Tal
cual señalan Viglizzo y Roberto (1991), es digno de mención que en los cálculos
económicos no se compute la pérdida de nutrientes como un costo para la empresa
rural. Así, para la actividad agrícola de San Luis, planteada una determinada
expectativa de rendimiento, podemos ilustrar en forma apenas aproximada el
valor de descapitalización que asume la pérdida de fertilidad edáfica según el
cultivo (Cuadro 8). Dichas estimaciones comprenden la reposición de
macronutrientes primarios (N, P, K). Para un ejercicio más completo deberían
incluirse asimismo los costos de restitución de los demás nutrientes exportados
con el grano, los gastos de aplicación del fertilizante, el monto de la
remoción adicional de nutrientes debida a procesos erosivos cuando se trabaja
con labranza convencional, así como los costos derivados de la profusión de
malezas que invariablemente sucede a los cultivos, en especial cuando hay
remoción de suelo y no se hace uso de herbicidas.
Cuadro 8. Costo de reposición de macronutrientes primarios
correspondientes a los principales
cultivos agrícolas extensivos de San Luis, según rendimiento (U$S/ha).

Al ing. Jorge A. Garay por su predisposición para evacuar las consultas efectuadas.
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