Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Ing. Agr. Norma Arias. 2004. Hoja Informativa Electrónica EEA Concepción del
Uruguay, 4(113).
Los análisis
de suelos se utilizan habitualmente para evaluar la deficiencia de nutrientes,
constituyendo sólo una parte de un método de diagnóstico que incluye etapas
como el muestreo y la calibración e interpretación de los resultados que, junto
con información de naturaleza agronómica, permitirá efectuar una recomendación
de fertilización. Pero otra aplicación de los análisis de suelos es para el
monitoreo de la calidad del suelo, de tal forma que ayudan a decidir donde no
hay que realizar aplicaciones de fertilizantes y también permiten evaluar la
presencia de elementos tóxicos.
Un programa
de diagnóstico de la fertilidad comienza con la toma de la muestra de suelo. El
resultado analítico que de ella se obtiene se espera que represente la
totalidad de un lote, o sea que aproximadamente un kilo de suelo debe
representar varios miles de toneladas de suelo. Por lo tanto debemos poner
mucho cuidado en esta etapa del muestreo a fin de obtener una muestra que sea
representativa del lote ya que debemos recordar que el método de diagnóstico no
puede ser más preciso que la precisión que surge de la muestra de suelo.
La práctica
más aceptada para el muestreo de suelos es la de extracción de muestras
compuestas sectorizadas al azar. En este sistema el objetivo es identificar
áreas semejantes en cuanto a relieve y manejo, y realizar al azar la toma de
muestras individuales para integrar una muestra compuesta y de esta forma
disminuir la variabilidad.
Para nutrientes
poco móviles en el suelo (Fósforo, micronutrientes y cationes) y también materia
orgánica, Nitrógeno total y pH, se acepta que los primeros centímetros de la
capa arable (15 a 20 cm) son suficientes para estimar su estatus.
Para elementos
móviles como Nitrógeno (nitrato y amonio) y Azufre, la profundidad de
muestreo debe ser cuidadosamente definida a fin de reflejar el área explorada
por las raíces y la distribución de estos nutrientes en el perfil del suelo.
Además, por la naturaleza dinámica de estos nutrientes en el suelo, deberán
extremarse los cuidados tratando de minimizar el tiempo desde la toma de las
muestras y el análisis de las mismas.
Debemos
destacar que la variabilidad de todos estos elementos en el suelo depende de la
naturaleza de los mismos. Para aquellos relativamente estables en el suelo como
materia orgánica, Nitrógeno total, conductividad eléctrica y pH la variabilidad
es menor a la de aquellos elementos dinámicos como Nitrógeno de nitrato o
amonio o en los que es factible la aplicación localizada (caso del Fósforo).
Esta variabilidad nos condiciona el número de submuestras que deben componer la
muestra compuesta. Para los primeros serán suficientes 15 a 20 submuestras,
mientras que para los segundos será necesario duplicar el número de
submuestras.
Para
poder realizar una correcta interpretación de los resultados del análisis del
suelo se requiere información adicional sobre el lote que se quiere monitorear
como por ejemplo:
1.
cultivos o uso previo.
2.
antecedentes de fertilización
(dosis y tipo de fertilizante o abonos orgánicos como cama de pollo).
3.
cultivo a realizar y rendimiento
objetivo.
Cuanto mayor
sea el conocimiento de las características del lote (suelo, clima y cultivo),
mayor será la probabilidad de efectuar una acertada recomendación de
fertilización.
Finalmente,
los análisis de suelos deben utilizarse de manera complementaria a fin de
maximizar la eficiencia en el uso de los nutrientes y ayudarnos a preservar la
calidad del ambiente.
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