Ing. Jorge Carlos J. Romagnoli*. 2006. Monte
Buey, www.pannar.com.ar
*Presidente AAPRESID.
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Los
productores agropecuarios que se definen por un Sistema de Producción en
Siembra Directa, en buena medida contemplan alternativas de crecimiento en
diferentes aspectos. Muchas tienen que ver con la expansión en área, dentro ó
fuera de la región, configurando una nueva escala empresaria. Otras actúan
sobre nuevos productos, diversificando e integrando a la vez factores y
recursos productivos. Y algunas de ellas se abocan a la condición intrínseca
del sistema y se refieren a la posibilidad de lograr productividades mayores
que las habitualmente conocidas para cada zona en función de optimizar los
recursos disponibles, ya sean naturales o aportados por el hombre.
El concepto
de productividad es deseable y no debe interferir con los principios de
sustentabilidad del agroecosistema ni rentabilidad de la empresa. Es necesario
innovar de la mano de la ciencia y del conocimiento para que todo cambio se
torne favorable en función de los objetivos propuestos. Al respecto cabe citar
las palabras de Konrad Lorenz, Premio Nobel de Medicina “El hombre puede crear
como agricultor y ganadero un nuevo ambiente ecológico, ajustado estrictamente
a sus necesidades. Este medio ambiente humano puede ser tan duradero y productivo
como el medio ambiente natural”.
Como nunca
antes hoy el hombre tiene al alcance de la mano el conocimiento, las
herramientas y las posibilidades prácticas para actuar en la dirección correcta
que dé como resultado un medio ambiente humano productivo y duradero, pero
también aquí como en otros órdenes, dependerá de su sentido moral.
La
responsabilidad empresaria, honestidad intelectual, ética profesional, serán
valores necesarios a tener presente para poder conseguir dicho objetivo.
La historia
Argentina en particular y de casi toda América en general comprende un período
de crecimiento que pareció ilimitado hace un siglo, como resultado del cultivo
y colonización de nuevas tierras que siempre eran más fértiles que los suelos
ya explotados alrededor de las ciudades, lo cual produjo una expansión sin
precedentes de características únicas y a la vez insostenibles en el tiempo,
entre otras cosas, por el ejercicio de una agricultura minera, devenida como
consecuencia de creer en la inagotable fertilidad de las pampas, sumada a los
métodos de cultivo con intensiva mecanización y pérdida en la diversidad de las
especies agrícolas y forrajeras.
En la década
de

Para no volver a cometer los errores del pasado, es necesario replantear en forma permanente los conceptos de sustentabilidad y dinámica de los procesos, rediseñando tantas veces como sea preciso el modelo productivo elegido, teniendo en cuenta las lecciones de la historia y echando mano a los conocimientos disponibles generados por la ciencia aplicada.
Pensar que
por el solo hecho de hacer Siembra Directa ó sembrar directamente sin labranzas
se tiene todo ó casi todos los problemas resuelto, es simplificar la Agronomía,
cometiendo un error de tal magnitud que inexorablemente conduciría a un nuevo
colapso productivo.
En los
sistemas donde lo biótico y climático intervienen fuertemente, los tiempos son
diferentes que los del hombre moderno, creándose conflictos muchas veces conceptuales
a la hora de evaluar resultados.
Es a partir
de dichas consideraciones que planteo como necesario proyectar modelos
productivos sustentables con suficiente fundamentos técnico científico,
surgidos de la discusión interdisciplinaria, de la experiencia propia y
extranjera, de las posibilidades prácticas de ser aplicado en forma
generalizada por productividad y rentabilidad, medidos a mediano plazo.
Por todo
ello, definir estrategias agronómicas y empresariales basadas en el análisis
económico de los márgenes por cultivo, implica un error conceptual, que a
menudo aconseja un camino equivocado con resultados productivos en decadencia
arrastrando a la inestabilidad empresaria.
La actividad
agrícola y pecuaria trascienden en sí misma los tiempos de un cultivo ó de la
producción lograda en un año.
Los
resultados económicos debieran medirse en lapsos de tiempo que contemplen la
variación productiva de los recursos involucrados en el proceso, de manera que
reflejen, al menos parcialmente, el estado del recurso suelo y los factores que
no se ponderan en los análisis económicos.
Desde el
punto de vista práctico, evaluar la cobertura de rastrojo del suelo, la
secuencia e intensidad de cultivos y la reposición de nutrientes por
fertilización, resulta sumamente sencillo y permite inferir que
desenvolvimiento tendrá el lote en cuestión en el presente y futuro mediato.
Existe un
parámetro que resume y refleja bastante bien la fertilidad del suelo y es su
contenido en Materia Orgánica. Lógicamente no se pueden hacer comparaciones en
valores absolutos, debido a las diferencias relativas por tipos de suelo y
clima, pero si se puede evaluar con relación al contenido del mismo suelo en
sitios de mucho tiempo sin disturbar, como puede ser el rincón de un lote alambrado,
pastizal o parque antiguo, vías férreas, etc. lo cual dará una idea aproximada
en que porcentaje relativo está ese suelo en materia orgánica respecto del
suelo con vegetación natural prístina al cual llego en el pasado.
En la pradera
pampeana donde la vegetación clímax eran pastizales dominado por gramíneas
cespitosas, la agricultura convencional ha provocado la caída de la materia
orgánica a valores por debajo del 50% del contenido original, llegando a
situaciones del 25% cuando los métodos de explotación agrícola fueron dominados
por monoculturas, labranzas intensivas y quema de rastrojos.
Las praderas
artificiales consociadas gramíneas/leguminosas en ciclos ganaderos permitía
recuperar parte de la materia orgánica perdida a valores del 45% al 60% del
original según su manejo. Esto sucede esencialmente por dos razones, primero
porque participa una flora polifítica, compuesta en buena medida por gramíneas
de vegetación permanente ó casi permanente y segundo, por la no roturación del
suelo durante dicho período.
En Siembra
Directa, la segunda condición (del no laboreo) se cumple en forma automática,
pero la primera (flora polifítica) solo se cumple en forma parecida si se
implementa una rotación de cultivos adecuada (distintas especies), con intensidad
suficiente y una proporción dominante de gramíneas.
Las
estadísticas de los últimos años demuestran por un lado, el crecimiento
sostenido de superficie en Siembra Directa y por otro, un dominio del área por
el cultivo de soja que llega a ocupar las dos terceras partes de la superficie
agrícola Argentina, lo que muestra a las claras que en el ámbito de País no se
cumplen los requisitos previamente mencionados.
Por otro
lado, analizando los datos publicados por INPOFOS que muestran la caída
acelerada en el contenido de fósforo de los suelos en la región más agrícola,
esto junto a otro indicador que es la deficiencia en azufre que se viene
detectando en los diferentes cultivos, complementan el diagnóstico referido a
la escasa sustentabilidad de los modelos productivos implementados hasta el
presente, al menos en la mayor parte de la región pampeana.
Además, si
vemos que la expansión de las fronteras agrícolas significa cultivo de soja y
esto ocurre en gran medida desplazando la actividad ganadera, ocupando pastizales
naturales ó artificiales, montes de diferente magnitud, ó cultivos perennes de
baja productividad, todo sobre la base de suelos más someros, el agro
ecosistema se modificará.
Como
consecuencia de ello, entre otras cosas la cobertura será menor, habrá un mayor
índice de extracción de nutrientes y la dinámica del agua, especialmente en el
perfil del suelo, será diferente. El futuro de estas nuevas zonas agrícolas
estará marcado por el manejo que en ella se realice y las malas prácticas
tendrán consecuencia negativas mucho más rápido que lo ocurrido en la región
agrícola tradicional.
Es aquí donde
se debe actuar con responsabilidad, participando cada sector en lo que
corresponde, utilizando la experiencia y la ciencia para generar un nuevo
ambiente productivo y evitar males mayores. “Una característica definitoria de
una sociedad civilizada es el sentido de responsabilidad para con las
generaciones siguientes”.

Aspectos a considerar
Es la principal fuente de carbono y energía para la vida del suelo, además de sales minerales, nitrógeno, etc. Esto sugiere un análisis de ésta materia prima en cantidad y calidad. Sabemos que parte de estos residuos sufren una descomposición rápida dejando como resultado productos intermedios, activadores del crecimiento, como triptófano, ácido indolacético y antibióticos, sustancias agregantes de partículas de suelo como ácidos poliurónidos, ácidos orgánicos simples y alcoholes que son fuente de energía para fijadores libres de nitrógeno.
Otra fracción es descompuesta mucho más lentamente que junto a la síntesis de nuevas sustancias complejas forman el humus del suelo.
Entre otras
cosas tiene que ver con el volumen y calidad de rastrojo aportado al suelo,
además de la periodicidad e intensidad con que se repiten los cultivos,
influyendo en el consumo relativo de diferentes nutrientes, acción rizosférica,
volumen de suelo explorado, consumo de agua, control de patógenos y plagas,
etc.
Esto hace a
la reposición de los nutrientes al suelo en función de su microbiología,
productividad y sucesión de cultivos, para atender sus demandas y favorecer los
procesos en el sentido deseado, actuando sobre tipo de nutrientes, cantidad,
momento y forma de aplicación.
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