Mercedes Colombres. 2006. La Nación, Sec. 5ª
Campo, Bs. As., 9.
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ganaderos
Junto con las curvas de
nivel y las terrazas, ayudan a paliar la acción destructora del agua
SAN ANTONIO DE ARECO.- En un país en el que se calcula que el 70% de los suelos está afectado en algún grado por la erosión hídrica o eólica, cómo hacer para disminuir los efectos de este fenómeno en las tierras cultivables no es un tema menor. El problema, para los conservacionistas, va mucho más allá de la extracción de nutrientes que se hace a través de la agricultura. Aunque no muchos productores lo tengan en cuenta, el agua o el viento también hacen de las suyas en materia de erosión y reducen en el corto y el largo plazo las posibilidades productivas de los suelos argentinos.
"No
llegamos al extremo de decir «no hay que producir; no toquemos nada». Somos
conscientes de que este país necesita generar alimentos para abastecerse. Pero
esto puede hacerse conservando nuestro mayor patrimonio: la tierra", dijo
Claudio Kvolek, técnico químico y ingeniero agrónomo, que durante muchos años
estuvo preguntándose qué hacer para combatir la erosión hídrica en tierras
cultivables. Y fue a través de una serie de viajes al exterior, a congresos de
la Asociación Internacional de Conservación de Suelos (de la que ahora es
miembro), como encontró la respuesta.
Con su
experiencia en el extranjero y el contacto con varios expertos en el tema,
Kvolek, que es profesor en la cátedra de Manejo y Conservación de Suelos de la
Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, decidió armar un
paquete de alternativas para combatir la erosión ocasionada por el agua, que
incluye la disposición de bolsas estabilizadoras en las cárcavas (zanjas)
formadas por el paso de agua y la siembra en curvas de nivel y en terrazas.
"No
inventamos nada. A las curvas y terrazas ya se las conoce desde hace tiempo y,
en cuanto a las bolsas estabilizadoras, se usan en todo el mundo y están
incluidas en los manuales de la FAO como antídoto a las cárcavas. Nosotros las
empezamos a aplicar porque es el remedio más adecuado para la morfología de
gran parte de nuestros suelos cultivables", dijo Kvolek, desde Agroassay,
su laboratorio, en San Antonio de Areco.
Según
explicó Kvolek, las bolsas estabilizadoras son bolsas de material biodegradable
que se rellenan con tierras y semillas de raigrás o trébol blanco. Una vez
listas, éstas se usan para formar paredes contenedoras en las cárcavas o zanjas
que se van formando en los campos por acción del agua; zanjas debidas a la
erosión que, por otro lado, tienden a multiplicarse, si no se detienen, y
llegan a dejar porciones muy importantes de los campos inutilizadas, por la
imposibilidad de poner las máquinas a trabajar en estas porciones de tierras
rasgadas. Un problema que puede sonar a menor, pero muy presente en tierras muy
laboreadas. "En Córdoba, llegué a ver zanjas de tres o cuatro metros de
profundidad en un campo, con árboles adentro y todo", relató Kvolek.
Una vez
colocadas las bolsas en las paredes de las zanjas, en forma de pendiente muy
gradual, se logra rellenar el agujero de la cárcavas y, con el tiempo, las
semillas contenidas en las bolsas florecerán y se irán mezclando con la
vegetación. Al cabo de unos meses, esa porción de terreno que estaba rajada
queda prácticamente igual a que si no hubiera sido atacada por la erosión, por
lo cual es imposible percibir la diferencia en el terreno, y el suelo permanece
firme.

Una
antigua zanja corregida por las bolsas (Foto: Claudio Kvolek)
"No se
tapa el «agujero» totalmente, porque el agua necesita pasar por ahí. Pero la
ondulación que queda es leve y permite el paso de maquinaria y autos",
explicó Kvolek. "Lo importante de esto es que detiene el crecimiento de estas
zanjas o cárcavas que, si no, se multiplican e inutilizan muchas porciones de
campo". Lo ideal, que sería volver a sembrar sobre las antiguas cárcavas,
todavía no se logró, y aunque Kvolek no descarta que pueda hacerse, dice que no
quiere crearse falsas expectativas.
En el corto plazo
En campos de la pampa ondulada (fracción importante de la zona núcleo, caracterizada por sus terrenos son ondulaciones leves), a la acción de las bolsas se la complementa con las curvas de nivel en casos de erosión leve. "Esto es sembrar en línea perpendicular a la pendiente de las ondulaciones. Lo contrario, sembrar en sentido a la pendiente, hace que el agua corra a mucha velocidad por entre los surcos, como si fuera por pequeñas autopistas de paso de agua, lo que favorece la formación de muchas más zanjas." Las terrazas, otra técnica para evitar la formación de estos "agujeros", son para casos de mayor deterioro de la tierra, añadió el especialista.
"Durante años escuché expertos que hablaban de la erosión, y me preguntaba qué estábamos haciendo para solucionarlo. Así empecé a buscar antídotos y llegué a trabajar en estas técnicas", contó Kvolek. "Aunque muchos creen que la erosión de agua sólo tiene efectos en el largo plazo y no se preocupan, tratar de combatirla no sólo evita la pérdida del suelo, un efecto en el largo plazo, sino que ayuda a almacenar más agua en el suelo cultivado", dijo el docente.
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