Dr. Juan Carlos Repetto*, Dra. Ana Donovan* y
Dr. Francisco García Mata*. 2004. Motivar, Bs. As., 2(18):6-7.
*Laboratorios Biotay.
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mineral
La incesante búsqueda por maximizar la producción ganadera lleva a que los requerimientos nutricionales sean cada vez más altos. La energía y la proteína son los factores primarios a tener en cuenta, pero su aporte se hace ineficiente si no se tiene en cuenta su interacción con los minerales y las vitaminas, como nutrientes esenciales en la alimentación animal.
En los sistemas pastoriles, los proveedores
naturales de minerales son las pasturas y el agua de bebida. Los pastos a su
vez, los obtienen de los compuestos asimilables presentes en el suelo donde
crecen. Esto hace que las carencias de minerales estén altamente asociadas al tipo
de agua y suelo de cada región.
Los minerales constituyen elementos fundamentales
en la alimentación, tanto para el crecimiento, como para el desarrollo y la
salud del animal; ejercen sus funciones a diferentes niveles dentro de los
distintos organismos y, a pesar de ciertas diferencias entre sí, existe un
esquema general para todos ellos.
En el caso de los rumiantes, no debemos minimizar
su intervención en el metabolismo ruminal. Las bacterias y protozoos presentes
en este medio, como en todo ser vivo, requieren minerales para lograr un óptimo
crecimiento, reproducción y también para lograr producir la degradación de los
alimentos. Gran parte de las mermas que se suscitan en la producción de los
rumiantes por deficiencias minerales se deben a una baja eficiencia de
conversión alimenticia, debido a una menor digestibilidad y aprovechamiento de
nutrientes.
Recordemos también que las enfermedades
carenciales, no son de etiología única. Por un lado, la insuficiente
concentración mineral de los pastos ingeridos se conoce como deficiencia
primaria; mientras que la interacción o interferencia por parte de otros
elementos presentes en las pasturas que impiden la correcta absorción mineral,
es conocida como deficiencia secundaria o condicionada.
En términos generales, podemos resumir que las
deficiencias minerales que más afectan la producción de los bovinos para carne
en la Argentina, son las originadas por insuficientes niveles de fósforo,
magnesio, sodio, zinc y/o selenio en las pasturas.
Por otra parte, las carencias de cobre (sumamente
importantes, en muchas zonas de nuestro país) son inducidas por interferencias,
debidas a los excesos de molibdeno, sulfatos o hierro.
Los requerimientos minerales en los animales son
relativamente bajos para el mantenimiento (que sirven para compensar pérdidas endógenas), mientras que los de
producción (crecimiento, gestación y lactancia) varían con la edad y funciones
que deben desarrollar, incluyendo la naturaleza y el nivel de producción. De
esta manera queda claro que la incidencia de carencias minerales será más alta
conforme sean más intensificados los sistemas de producción y el nivel genético
del ganado.
En el ganado lechero, el manejo nutricional suele
ser más estricto, conociéndose la cantidad y calidad consumida por los
animales, pero normalmente ese enfoque se centra en los aportes de energía y
proteínas y se suele dejar bastante de lado a los minerales.
La investigación acumulada durante los últimos 20 años
ha demostrado que deficiencias marginales tanto de algunos minerales, como de
vitaminas pueden manifestarse en pérdida de eficiencia reproductiva antes que
se manifiesten otros signos clínicos.
En particular, el pico de producción, y en especial
en vaquillonas de primera parición, es un período crítico porque los nutrientes
deben ser "repartidos" entre diferentes procesos fisiológicos corno la producción de leche, el crecimiento
y la necesidad de volver a quedar preñada. Los minerales más importantes para
el ganado lechero son: calcio, fósforo, magnesio, potasio, azufre, sodio, yodo,
cobre, hierro, cobalto, zinc, selenio y molibdeno. Investigaciones recientes
informan que vacas lecheras con producciones superiores a los 15 o 20 litros
diarios, presentan balance negativo si no se agrega una mezcla mineral a su
dieta habitual.
En cuanto a rodeos de cría, se enfrentan los
problemas más serios dado el manejo más extensivo, donde dependen casi
exclusivamente del pastoreo a campo, sin recibir en muchos casos ninguna
suplementación. En estos rodeos, las causas nutricionales limitantes para
incrementar los niveles de producción suelen ser la hipocuprosis,
hipomagnesemia, hipocalcemia y también la hipofosforosis, especialmente en el
litoral.
En cuanto a la carencia de Zn, se sabe que en la
provincia de Corrientes los suelos y, por ende, los pastos son deficitarios y
se cree que los bovinos de dicha zona están afectados por deficiencia
subclínica. Otro factor que incide sobre estos rodeos es el incremento de las necesidades
de minerales durante el otoño y el invierno, debido al déficit forrajero, como
por aumento de requerimientos al estar las vacas preñadas, paridas o
amamantando. Los minerales y vitaminas están presentes en buenas cantidades en
las leguminosas, pero éstas normalmente no abundan en los esquemas
tradicionales de cría en nuestro país. Se basan generalmente en gramíneas de
baja calidad o que presentan problemas críticos en algún momento del año. Esta
situación genera deficiencias, sobre todo de minerales. La hipomagnesemia es
una enfermedad que está ligada a animales que tienen altas exigencias de
producción o, por ejemplo, a vacas que están gestando o con ternero al pie. De esta manera, esta
condición ocurre en la vaca de cría usualmente asociada en el primer mes de
parida, ocasionada por el déficit de magnesio y un mal manejo nutricional
preparto y favorecida por la presencia de factores climáticos (lluvia, frío,
días nublados, temporales) predisponentes.
Los momentos más críticos de la demanda de magnesio
por parte del animal se ubican fundamentalmente durante el último tercio de
gestación, cuando la vaca requiere la mayor
cantidad de magnesio para finalizar la formación y crecimiento del feto, y hasta el pico de lactancia, cuando perderá una gran cantidad de magnesio por
leche y principios de lactancia. Este período se corresponde con el fin del
invierno y el principio de primavera (junio a septiembre), dado que pastorean
praderas de crecimiento especialmente rápido y de pastos jugosos. La alta
proporción de agua, al ser consumida, disminuye la absorción de magnesio por
una mayor tasa de pasaje. El clima también afecta, dado que suele sucederse
después de días lluviosos y nublados o al ingerir rebrotes luego de heladas. En
la zona del sudeste de la provincia de Buenos Aires la hipomagnesemia es la
principal causa de muerte, por lo cual es una enfermedad sumamente importante
desde el punto de vista económico. En el NEA, las gramíneas tropicales
contienen el doble de magnesio que las templadas, lo que estaría asociado a las
mayores temperaturas de crecimiento. Así es corno no existe hipomagnesemia en regiones tropicales o subtropicales.
En la hacienda de engorde o invernada, la
hipocuprosis resulta ser más frecuente dependiendo de la zona geográfica, tipo
de deficiencia, status sanitario previo, intensidad del manejo. En la
explotación de este tipo en la zona Oeste de la provincia de Bs. As,
normalmente se obtienen valores normales de calcio, fósforo, magnesio, hierro y
zinc en los bovinos pero bajos niveles de cobre.
La hipocuprosis es una de las deficiencias de mayor
impacto económico en la producción bovina de ganado para carne en la Argentina.
Este desequilibrio de minerales en la nutrición se manifiesta en animales
jóvenes con retardo de crecimiento y problemas osteoarticulares, y en adultos,
principalmente por problemas reproductivos. Una característica común en todas
las regiones con hipocuprosis, es el tipo de suelos generalmente bajos,
inundables, salitrosos y de reacción alcalina. En cuánto a la influencia
estacional, la mayor ocurrencia de hipocuprosis severa se destaca durante los
meses de primavera - verano, épocas de intensas lluvias, que en campos bajos
lleva al anegamiento favoreciendo la capacidad de las plantas para absorber
molibdeno y sulfatos que interfieren la absorción de cobre a nivel ruminal. La
deficiencia es más común en animales jóvenes, principalmente animales de dos a
tres meses hasta los tres años, presentándose especialmente en menores de un
año de edad. Estos animales producirán pérdidas económicas por menor ganancia
diaria de peso y problemas osteoarticulares, con una disminución en la tasa de
crecimiento. Animales adultos que sufran hipocupremia, verán afectada la
secreción hormonal y, por lo tanto, se alterará el ciclo estral, con el
consiguiente impacto negativo sobre los índices reproductivos. También reduce
la espermatogénesis.
Como vemos en estos ejemplos, es importante tener
en cuenta el clima o la época del año ya que influirán en la presentación de condiciones
adversas. Así es como ciertas carencias se presentarán exclusivamente o con
mayor frecuencia en determinados períodos del año. Según lo expuesto
anteriormente, la hipomagnesemia se presenta durante tiempo frío y lluvioso, en
invierno y más frecuentemente en primavera que en verano. Por otro lado, la
deficiencia de cobre ha demostrado una estrecha relación junto con las
inundaciones, debido a que los excesos hídricos o anegamiento del suelo
incrementan la absorción de molibdeno y sulfatos por parte de las plantas, y
también pueden movilizar el hierro del subsuelo. Estos minerales competirán con
la absorción del cobre a nivel de la raíz planta, por lo cual disminuirá la
ingesta del mismo por parte del animal.
Dado que las deficiencias dependen o están influenciadas por la ubicación geográfica, deberíamos reconocer la zona en que nos encontramos y recabar datos sobre el contenido mineral de cada uno de los suelos. el tipo y la calidad del mismo afectarán su contenido en minerales y, por ende, el del forraje. El tener información sobre las carencias mas comunes de la zona es de gran ayuda para prediagnosticar la situación y de esta manera poder prevenir o eliminar el problema con la adición o suplementación del elemento en la dieta y/o por vía parenteral, según sea más conveniente (Ver cuadro de deficiencias).
Deficiencias
|
P |
Bajos porcentajes de preñez. |
|
En rodeos deficientes en P, las vacas con cría no vuelven a preñarse, tienen un ternero cada dos años, con lo que los porcentajes de preñez y destete son de un 45 – 48 %. |
|
|
Reducción de la velocidad de crecimiento en la recría. |
|
|
Disminución de la producción láctea. |
|
|
Mg |
Tetania hipomagnesemica (trastornos de excitabilidad muscular) con un 4 % de mortandad de rodeos afectados. |
|
Síndrome de vaca caída. |
|
|
Na |
Rápida pérdida de peso vivo. |
|
Disminución de la producción de leche. |
|
|
Ca |
Disminución del ritmo de crecimiento en la recría y engorde. |
|
Retención placentaria. |
|
|
Fiebre de la leche. |
|
|
Distocias. |
|
|
Reducción de la producción de leche. |
|
|
Cu |
Disminuye la tasa de crecimiento. |
|
Reducción de la fertilidad, por demora o supresión del estro. |
|
|
Deprime el Sistema Inmune (mayor predisposición a: queratoconjuntivitis, mastitis, pietín). |
|
|
Zn |
Perjudica el crecimiento de terneros. |
|
Disminuye la espermatogénesis de los toros. |
|
|
Favorece las enfermedades de la
piel, la presencia de problemas podales (pietín) y mayor incidencia de
mastitis. |
|
|
Se |
Retención de placenta. |
|
Mastitis. |
|
|
Ovarios quísticos. |
|
|
Metritis, fertilidad. |
|
|
Trastornos del metabolismo muscular. |
Los problemas por carencias alimenticias en el
crecimiento y desarrollo de los animales se observan finalmente en los bajos
rindes dentro de los balances económicos de los empresarios pecuarios. Los
bajos niveles minerales en el organismo alteran procesos metabólicos, afectando
negativamente la producción de carne y/o leche, la eficiencia reproductiva, y
disminuyendo la actividad del sistema inmune.
En el cuadro de insuficiencias, se demuestra la relación
entre la deficiencia mineral en el organismo y su repercusión negativa en los
parámetros productivos.
Cuadro de
insuficiencias
|
Mineral insuficiente |
Región |
|
P |
NEA: Corrientes, Norte de Entre Ríos, Formosa y Domo Oriental de Santa Fe. |
|
Pampeana: (Deficiencia subclínica). |
|
|
Mg |
Templada: Cuenca del Río Salado (SE. de la Pcia. de Bs. As.; principal causa de muerte en vacas de cría). |
|
Semiárida: la Pampa y SE de Córdoba. |
|
|
Na |
NEA: Corrientes ( 80-90 % pasturas naturales deficientes de Na). |
|
Templada (48 % pasturas naturales deficientes de Na). |
|
|
Cu |
Templada: Cuenca del Salado (Pcia. de Bs.As.); N-O de la Pcia. Bs.As.; la Pampa, Bajos Submeridionales de Santa Fe, Sur de Entre Ríos y Córdoba. |
|
NEA: Este del Chaco, Formosa y Misiones. |
|
|
Zn |
NEA: Este de Corrientes, Norte de Entre Ríos, NE Santa Fe y Este de Formosa |
Diferentes deficiencias por zona

Citando textualmente lo dicho por la Lic. Ruksan
en 1996 "ningún otro factor por sí solo, tiene el potencial para aumentar
la producción animal a un costo relativamente bajo como una adecuada nutrición
animal".
El costo directo de la suplementación mineral
representa un porcentaje muy bajo, mientras que la ocurrencia de enfermedades
carenciales (ya sea clínica o subclínica) puede causar una pérdida de
rentabilidad significativamente alta. Así, los costos de prevención deben ser
considerados como una inversión.
Para aplicar correctamente medidas preventivas es conveniente
conocer la problemática existente en cada región, sumando a la evaluación de
los factores de riesgo y los posibles beneficios de esta medida. Tomando a modo
de ejemplo ensayos publicados y realizados en nuestro país, podemos evaluar el
impacto de la suplementación sobre los parámetros productivos de cada
categoría:
Vaca en ordeñe:
La suplementación con cobre y/o selenio en zonas
caracterizadas con carencia, provocaron una notoria mejoría en la performance
reproductiva y, por ende, en la producción y productividad del rodeo lechero
(Fader y Marro, INTA Manfredi,
Córdoba, 2002). Se registró un aumento del 10 %, en la producción de leche (392
litros más de leche producida en una lactancia promedio de 3920 litros),
producto de mejoras en fertilidad, menos prevalencia de mastitis y menos días
de vaca abierta en el rodeo.
El uso de un suplemento soluble en agua de bebida
que aporte la correcta proporción de microminerales utilizado en forma
preventiva tiene un costo anual
equivalente a 15 litros de leche. Estaríamos hablando de una relación costo
beneficio de 1 a 26.
En el caso del zinc, tomando como referencia un
ensayo (Corbellini y col, INTA, Pergamino, 1997) realizado en provincia de
Buenos Aires en una zona lechera con valores marginales de Zn, la suplementación
redujo 10 % la prevalencia de partos distócicos, natimortos, y la endometritis
posparto. A su vez, el recuento de células somáticas en leche disminuyó un 40
%, y la incidencia de patologías podales se redujo un 17.5 %.
La suplementación con magnesio en zonas amenazadas
por la hipomagnesemia, la correcta prevención o tratamiento de urgencia, podría
evitar la mortandad de vacas que en promedio es de un 4 % anual. El costo de
esta prevención supera en más de tres veces las perdidas en mortandad.
Ternero en invernada:
La suplementación con cobre en animales en
crecimiento, ha demostrado un aumento del 20 % en la ganancia de peso
(Buffarini y col., Gral. Villegas, provincia de Bs. As. 1997). Además, cabe resaltar
que tanto las carencias de selenio, cobre, zinc, y otros minerales, pueden
producir perdida del apetito, menor consumo voluntario y por ende, menos
conversión del alimento que retardarán el crecimiento y el desarrollo.
Considerando una invernada rápida sin uso de
suplementos realizada en buenas pasturas con ganancias diarias promedio de
0.570 kg, el incremento de peso adicional anual sería de 42 kg. El costo de
suplementar apropiadamente por animal, por día, con un producto que aporte la
cantidad necesaria de los microelementos fundamentales, es de tan solo 2 kg de
carne para el período. De esta manera estaríamos hablando de una relación costo
beneficio de 1 a 2 1.
Ante la problemática planteada, una vez logrado un diagnóstico correcto, debemos decidir de qué manera vamos actuar para solucionar el problema. Existen varios métodos de suplementación de minerales, dentro de los cuales habría que analizar cuál se adapta mejor a nuestras condiciones de manejo o sistema de producción,
En términos
generales frente a cuadros de deficiencia de macroelementos, debe considerarse
la suplementación con productos orales, dado que es imposible suministrar por
vía parenteral las dosis diarias requeridas. Los productos inyectables aportan
sales de magnesio y/o calcio que pueden usarse en casos de urgencia como
paliativos, dado que su acción será muy corta y necesitaremos, a muy corto
plazo, el suministro oral de los minerales carenciales para revertir
verdaderamente el cuadro.
Por otro
lado, productos inyectables pueden utilizarse para suplementar microelementos.
Resulta esencial un diagnostico correcto y dosis apropiadas para corregir las
carencias que generalmente se interrelacionan. Suelen ser de gran utilidad para
el tratamiento y prevención de síndromes de origen carencial, el período de
acción está condicionado a la formulación y la capacidad del animal de retener
estos microelementos en los tejidos de depósito. Estos tratamientos inyectables
son sumamente efectivos cuando se los utiliza en forma estratégica previo a
períodos fisiológicos de mayor demanda.
La
suplementación oral es la forma más natural de aportar los minerales.
Básicamente se considera que lo que entra por boca es más eficiente, porque los
minerales no sólo son fundamentales en el metabolismo animal, sino que también
juegan un papel importante en el ambiente ruminal al mejorar la digestibilidad
y aprovechamiento del forraje. Estas mezclas de sales minerales orales, pueden
ser de presentación sólida o líquida.
En cuanto a
los productos inyectables, como vimos, generalmente no son suplementos sino
curativos, aunque existen productos comerciales que por su formulación de
liberación lenta y de alta eficiencia pueden ser considerados suplementos. Como
desventaja vemos que es un método costoso considerando la dosis aplicada y la
mayor mano de obra requerida. La dosis de minerales inyectados en cada
aplicación es baja, alcanzando a cubrir los requerimientos totales, según el
producto, desde al menos 30 días, hasta 60, 90 días o eventualmente 180 días,
siendo este su principal inconveniente. Eso si, permite conocer exactamente la
dosis aplicada a cada uno de los animales, y es el método de elección en
anímales en estado grave de carencia en los que se necesita un aporte inmediato
de uno o varios minerales. Hoy existen preparados de absorción lenta, para que
su efecto se prolongue en el tiempo, o para ser combinados.
Por lo visto anteriormente, las enfermedades
carenciales no se limitan a una única condición. Afectan a toda categoría de
animales, sin importar el tipo de explotación ganadera. Se las puede reconocer
en determinadas zonas geográficas en relación con la composición del suelo y/o
del agua de bebida, sin ser esta una condición excluyente, ya que también
varían según las condiciones climáticas, la época del año y el estado
vegetativo de las plantas. Además entran en juego el estado fisiológico y
sanitario de cada animal en particular.
Finalmente a esta problemática, la implementación de
medidas de manejo nutricional adecuado podrán reducir pérdidas a niveles
mínimos o nulos, a un costo significativamente menor al daño económico que
produce a las empresas pecuarias.
Si bien existe una importante oferta de productos
en el mercado, no todos están apropiadamente formulados para cubrir los
requerimientos. Es fundamental el trabajo de extensión para que el productor
pueda reconocer los productos de buena calidad, que indiquen claramente el
contenido de minerales que poseen.
La industria veterinaria debe seguir trabajando
para brindar alternativas tanto de prevención como curativas que puedan
adaptarse a los distintos modelos de producción que difieren entre las
distintas zonas de nuestro país.
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