Ing. Agr. Juan M. Hernández
Vieyra. 2004. Argent Export S.A.
Sitio Argentino de Producción Animal - www.produccion-animal.com.ar
Volver a: Suplementación
mineral
Un
aporte cualitativo y cuantitativo de minerales en la ración es esencial para
mantener la salud de los animales y eficientizar su rendimiento productivo.
Este es el rol que cumplen los minerales en la fermentación ruminal, y por ende
en la utilización del alimento, haciendo más eficiente el aprovechamiento de
los principales nutrientes, esto es hidratos de carbonos (estructurales y no
estructurales) y proteínas.
Los
rumiantes que no reciben alimentación con concentraciones minerales adecuadas,
padecen desordenes nutricionales, pudiendo presentarse enfermedades graves y
agudas, o alteraciones leves y transitorias, difíciles de diagnosticar con
exactitud y que se manifiestan afectando principalmente el crecimiento y la
performance productiva y reproductiva.
Para
que las bacterias ruminales elaboren en forma óptima productos finales, tales
como ácidos grasos volátiles y proteína bacteriana, es necesario garantizar sus
requerimientos nutricionales. Esto se logra con alimentos de buena
digestibilidad y equilibrados en energía y proteína, sin descuidar un buen
aporte de minerales. Los minerales intervienen en los dos procesos
fermentativos más importantes descriptos en el rumen, degradación de hidratos
de carbono y síntesis de proteína microbiana.
Como
regla general debemos tener en cuenta que lo que entra por la boca es mejor,
por que los minerales en general no solo juegan un papel fundamental en el
metabolismo animal, sino también en el ambiente ruminal al mejorar la
digestibilidad y aprovechamiento de forrajes. Por ello hay que alimentar bien a
las bacterias y protozoarios del rumen.
Los
elementos minerales indispensables se clasifican habitualmente en macro
minerales y oligoelementos o minerales traza. Entre el primer grupo
encontramos: Calcio, Fósforo, Magnesio, Sodio, Potasio, Cloro y Azufre.
Entre
los oligoelementos más importantes podemos mencionar: hierro (Fe), cobre (Cu),
cobalto (Co), manganeso (Mn), zinc (Zn), iodo (I) y selenio (Se).
Aproximadamente unos 15 elementos traza han demostrado realizar funciones
fisiológicas en el organismo.
De
los macro-elementos mucho se ha hablado del Calcio, cuya deficiencia en
momentos críticos como el inicio de la lactancia produce la conocida patología
fiebre de leche (Hipocalcemia) o Síndrome de Vaca caída.
Otro
macro-elemento no menos importante en la nutrición mineral de los animales, y
en especial de aquellos que se encuentran en pastoreo, es el fósforo (P).
Es
por ello que en este artículo nos centraremos en la importancia del P en la
producción animal y en particular en la producción lechera.
El
fósforo es el segundo mineral más abundante del cuerpo y tiene más funciones
conocidas en el organismo que cualquier otro elemento. Además de su rol vital
en el desarrollo y mantenimiento del tejido esquelético, tiene también una
función especial en el crecimiento celular y juega un papel clave en muchas
otras funciones metabólicas.
Todos
los procesos fisiológicos que implican una ganancia o pérdida de energía se
realizan mediante la formación o la destrucción de “enlaces fosfato” que
acumulan energía. Sumado a ello cumple con el mantenimiento de la presión
osmótica y el equilibrio ácido-básico, la formación de fosfolípidos y, en
consecuencia, en el transporte de ácidos grasos y en la formación de
aminoácidos y proteínas
El
fósforo también está implicado en el control del apetito y la eficiencia de la
utilización de los alimentos.
Interviene
en numerosos sistemas enzimáticos microbianos (coenzimas) en la fermentación de
glúcidos y en la composición de materia celular (ácidos nucleicos de ribosomas
(ARN), ácido teicoico de paredes bacterianas GRAM+, etc.
El
fósforo disponible para los microorganismos ruminales tiene dos orígenes,
alimentario y salival.
La
saliva en condiciones normales de alimentación es rica en fosfatos (600-800 mg
de fósforo por litro). Su presencia permite la neutralización de los
componentes acidificantes del rumen, indispensable para asegurar la función
celulolítica y la producción de biomasa bacteriana.
Las
necesidades de fósforo se sitúan entre 3 y 5 g P/kg. materia orgánica
digestible (MOD), según la actividad de la microflora, siendo los tenores de P
disponible en el medio ruminal de alrededor de 70 a 100 mg/l.
Según
NRC 1989, los requerimientos diarios de una vaca lechera de 600 kg. de peso
vivo, para mantenimiento son de 17 g.
En
la leche encontramos una concentración de 0.1% de P, de las cuales las dos
terceras partes están asociadas a la caseina. Por consiguiente, los niveles en
la leche variarán con el tenor proteico. Es decir la leche con alto contenido
de sólidos como por ejemplo la leche de vacas Jersey contiene un 20% más de
proteína y por tanto cerca de un 12% más de P que las Holando.
Es
así que según NRC 1989, se debe calcular la necesidad de P por litro de leche
al 3.5% de grasa butirosa en 1.85 g /l / día. Esto equivale también a 0.9 g de
P/kg de proteína de leche, asumiendo un porcentaje de proteína de 3.1%.
Por
lo tanto una vaca de 600 kg. produciendo 25 litros de leche diarios al 3.5% de
GB y 3.1% de proteína tendrá un requerimiento total de 63 g de P. Mayor será el
requerimiento si se trata de una vaca de primer parto que debe continuar su
desarrollo y lo mismo en el caso de animales cuyo contenido de sólidos en leche
sea superior al de las Holando.
En
la práctica el bajo nivel de inclusión de fósforo en las dietas de vacas lecheras
tiende a dejar de lado una apreciación verdadera de su importancia. Este
artículo enfatiza el rol esencial del fósforo cuantificando su alta tasa de
actividad metabólica.
Para
alcanzar los requerimientos minerales de sus tejidos y órganos, los animales
poseen una serie de mecanismos a su disposición para optimizar lo provisión
temporaria de minerales esenciales en el caso de insuficiencia dietaria. Estos
incluyen la capacidad de incrementar la absorción del aparato digestivo, tanto
adaptando la actividad de las enzimas en el intestino, las cuales son
necesarias para la transferencia de minerales, disparando las hormonas que
activan las proteínas implicadas en el transporte de minerales a través de la
pared intestinal.
Un
buen ejemplo aquí es el incremento en la eficiencia de la absorción del calcio
con una disminución en la aporte dietario de este elemento (y viceversa). Esto
es lo mismo para muchos minerales trazas, notablemente en hierro, en donde la
absorción está en función de los requerimientos del animal. En contraposición
con esto, la absorción de otros minerales (ej. potasio, sodio, cloro, iodo,
molibdeno) no es tan bien controlada y todo lo que se absorbe en exceso de las
necesidades del animal, es excretado por la orina. Desafortunadamente esta
excreción es costosa para el animal en términos de gasto de energía.
La
pérdida endógena de P fecal y urinaria puede ser además reducida en casos de
insuficiencia dietaria por la acción de una hormona secretada por la glándula
paratiroides la cual aumenta la recirculación salival y la retención de P en
los riñones. En casos de deficiencias severas en la dieta de P y Ca (ej.
durante la lactancia), el animal puede movilizar las reservas óseas de estos
minerales bajo influencia hormonal.
Para
discutir la importancia de la provisión de P y su utilización en el caso de una
vaca en lactancia, se presenta en la figura de abajo, un esquema cuantitativo
representa los caminos implicados en el metabolismo del P. Dicho esquema está
basado y adaptado de trabajos de metabolismo de P en la vaca lechera realizados
por Gueguen (1978) y Gueguen, Lamand & Meschy (1988) y muestra un “balance
de P” en un momento especifico en el ciclo de lactancia de la vaca.
Se
observa en la Fig. 1, una vaca de 600 kg. en el comienzo de la lactancia, con
una producción de leche de 25 litros por día y su requerimiento total diario de
P, incluyendo mantenimiento, es de 63 gramos.
Suponiendo
que la digestibilidad real del P suministrado en la dieta es aproximadamente
55%, entonces 35 g de P será absorbido del aparato digestivo y 28 g serán
excretados en la materia fecal (P Fecal exógeno). Esta absorción de P dietario
será obviamente intensificado por el uso de la fuente de P dietario, que tiene
una alta biodisponibilidad.
La
recirculación de P por medio de la saliva agrega 60g de P por día al aparato
digestivo, de los cuales se absorben 40g en el tracto digestivo, dando una
absorción total de 75g de P por día. Es interesante notar que aproximadamente
un tercio del P reciclado en la saliva no es absorbido y es excretado en las
heces. (P fecal endógeno). La excreción fecal de P (48g por día) es enorme y
alcanza un 77% de la ingesta total de P dietario. En contraste a esto, la
excreción urinaria de P (1g por día) es casi insignificante, y representa solo
al rededor del 1% de la ingesta de P dietario.
De
los 75g de P absorbidos del aparato digestivo, la fracción más grande (60g =
80%) es reciclada hacia el aparato digestivo por medio de la saliva. Una
cantidad de 22g de P es secretada en los 25 litros de leche producidos
diariamente, recordando que el contenido de P y la proteína de la leche están
positivamente correlacionados). Otra cantidad de 10g de P por día se deposita
en el tejido óseo bajo control hormonal.
Balanceando
las cantidades requeridas con la absorción de P diaria, esta vaca tiene una
deficiencia metabólica diaria de unos 16g de P. Ella deberá movilizar esta
cantidad de su tejido óseo. El saldo de lo depositado y lo movilizado es de 6g
negativo, es decir un 10 % de las necesidades.
Esta
metabolización de las reservas esqueléticas de P es inevitable al principio de
la lactancia, especialmente en vacas de alta producción, y es, en general,
compensada después del pico de la lactancia, cuando la producción de leche
disminuye y la absorción de P excede la excreción de P. Esta movilización de
las reservas óseas puede no ser detectada, y de prolongarse el balance
negativo, producirse un determinado grado de desmineralización del esqueleto.
De
lo discutido anteriormente, queda claro que la tasa de renovación del fósforo
en el cuerpo es muy alta. Es, por consiguiente, extremadamente importante que
las dietas para vacas lecheras sean formuladas para asegurar un aporte adecuado
de fósforo disponible en todo momento.
La
fiebre de leche en las vacas puede estar también asociada a una deficiencia de
fósforo dietario además de estar relacionada a casos de hipocalcemia.
El
P aparentemente afectaría la capacidad de movilizar el Ca óseo y la eficiencia
de la absorción del Ca en el intestino, aunque esto último estaría bastante
discutido.
Por
ello durante el último período de seca no es bueno sobrealimentar en Ca y
mantener en la dieta la relación Ca: P entre 1,5 a 1, siendo los valores
mínimos recomendados por el NRC (1989) en porcentaje del consumo total de
materia seca de 0,39% Ca y 0,24% P.
El
P óseo se moviliza hasta cierto punto a los efectos de mantener normal la
concentración en sangre, pero con una baja tasa, debido a que no hay un
mecanismo de movilización directa, como el que tiene el Calcio (Ca).
Como
ambos elementos están combinados en el hueso, la movilización del Ca, como
resultado de la acción de la glándula paratiroide, está acompañada por una
movilización incidental de P.
La
relación Ca: P durante la lactancia puede ser más amplia que la mencionada más
arriba, siempre y cuando se satisfagan los requerimientos de P para la
producción. No obstante en un ensayo llevado a cabo en la Universidad de
Florida, se encontró una respuesta de 5% en producción de leche corregida al
3,5% de grasa, en vacas consumiendo una dieta cuya rel. Ca : P era de 1,1 : 1
vs. aquellas que tenían una relación de 2,9 : 1. Es de esperar que si la
relación es aún más amplia la incidencia en la producción sea todavía mayor.
NRC,
1989, si bien no recomienda directamente una relación óptima de Ca : P, que es
más importante un adecuado aporte de ambos minerales en la ración, en lugar de
su relación pero, se sugiere conforme a los resultados de la investigación que
se formule con una relación no inferior a 1 : 1 y no superior a 2,5 : 1, a los
efectos de evitar la incidencia de fiebre de leche y la reducción de la
utilización del Ca y el P, además de evitar la caída en la producción de leche
y la disminución en la concentración mineral del hueso.
Sumado
a ello, está bastamente documentado que la deficiencia de P está asociado a una
pobre performance reproductiva, las vacas no ciclan normalmente o no se preñan
si se sirven.
El
contenido de P en el plasma y suero sanguíneos disminuye ante una deficiencia
crónica o prolongada, a pesar de que se mantenga la concentración en la leche.
La concentración en el suero es un buen indicador del status de P en la vaca,
cuyo rango varía de 3.6 a 8 mg/dl. La concentración máxima se encuentra en
animales jóvenes (6 a 8 mg/dl), disminuyendo con la edad. Valores menores a 3
indicarían deficiencia de este mineral.
Los
requerimientos son máximos durante la lactación, etapa de crecimiento, y para
la reproducción. Como se comentó en la primera parte el P en la leche está
asociado a la fracción proteica (caseina) de la leche. A mayor producción
láctea, mayor secreción de P en leche y por lo tanto mayores serán los
requerimientos.
Por
ello, debido a los elevados niveles en la leche, es necesario un continuo aporte
de P en la ración para permitir altos niveles de producción láctea.
Por
otra parte al estar el P asociado al control del apetito y a la eficiencia de
la utilización del alimento, también de esta forma se afectaría directamente la
producción láctea ante un déficit de P.
Debido
a este constante drenaje que sufren de P que deben soportar los animales a
causa de las exigencias de P para la preñez y la lactancia, la deficiencia de P
es considerada de carácter acumulativo.
Animales
con deficiencia crónica de fósforo, sufren a veces de endurecimiento de las
articulaciones y en los casos severos, se caracterizan por la fragilidad de sus
huesos, produciéndose raquitismo en los animales jóvenes y osteomalacia en los
adultos.
La
falta de desarrollo corporal es habitualmente síntoma de deficiencias crónicas
en animales en desarrollo, afectándose el metabolismo óseo y el muscular. Por
ello también se debe prestar particular atención a la suplementación de la
recría.
Está
comprobado que en situaciones de deficiencias muy severas de P los animales
presentan problemas de depravación del apetito (pica). Los animales consumirán
huesos, madera, tierra a los efectos de obtener fósforo. Como resultado de este
comportamiento, si se trata de pica de huesos de animales en descomposición,
pueden producirse casos de botulismo, asociados a bacterias presentes en dichas
situaciones (Clostridium botulinum), y como consecuencia de ello los animales
enferman y los puede llevar a la muerte. No obstante, otras carencias minerales
pueden traer aparejada la pica, como la de sodio y cobre.
En
la Tabla 1 se observan los requerimientos de P para ganado lechero.
Tabla 1: Requerimiento diarios de Ca y P para bovinos de leche según NRC, 1989.
|
Peso Vivo |
Ganancia |
Prod. Leche * |
REQUERIMIENTOS (g/día) |
|
|
kg |
gramos / día |
Litros / dia |
Ca |
P |
|
40 |
0.3 |
-- |
6.8 |
4.1 |
|
70 |
0.7 |
-- |
15.4 |
7.7 |
|
140 |
0.7 |
-- |
19.4 |
11.4 |
|
320 |
0.7 |
-- |
24.9 |
18.6 |
|
410 |
0.7 |
-- |
28.6 |
20.9 |
|
640 (seca) |
-- |
-- |
25.9 |
18.2 |
|
640 (seca**) |
-- |
-- |
41.8 |
25.4 |
|
640 |
-- |
16 |
73.5 |
46.7 |
|
640 |
-- |
25 |
102.5 |
65.0 |
|
640 |
-- |
33 |
121.1 |
75.3 |
|
* leche al 3.5% de grasa
butirosa. Se calcula 0.4 - 0.43% del consumo de MS. |
||||
Las
vacas en el último período de seca deben ser manejadas con más cuidado ya que
están en al final de la gestación, cuando el feto está creciendo a una tasa
acelerada. Según la Tabla 1 las vacas en el fin del período seco necesitan más
P que al principio.
Para
poder evaluar la deficiencia de P de un establecimiento y las alternativas de
manejo profiláctico ante un diagnóstico de déficit de este elemento, se
describen a continuación las fuentes de P para los animales.
Las
fuentes de P se pueden clasificar en orgánicas e inorgánicas. Dentro de las
orgánicas pueden ser animales o vegetales. En la Tabla 2 se observan la
concentración de Ca y P encontrada en los alimentos para rumiantes, y su
biodisponibilidad relativa.
1. ORGÁNICAS :
FUENTES
ANIMALES: Dentro de
las fuentes animales, podemos diferenciar entre rumiantes y no rumiantes.
Dentro
de las primeras, y según la última resolución del SENASA N° 611, la cual
prohíbe todo tipo de proteínas, y a la vez fuentes de P, de origen rumiante
(para la alimentación de rumiantes), se descartan las harinas de sangre, carne,
hueso y sus variantes.
La
única que todavía está permitida es la Ceniza de Hueso, siempre y cuando cumpla
con el tratamiento térmico que asegure la eliminación de toda la proteína,
según lo mencionado en dicha resolución, y tenga la correspondiente
certificación. En rigor esta sería una fuente inorgánica de P debido a que no
debe tener restos orgánicos, aunque se la clasifica dentro de este grupo por su
origen.
Es
frecuente encontrarse con variaciones en la concentración de Ca y P, debido a
que la misma dependerá de la materia prima utilizada a tales efectos. Por ello
es recomendable también un frecuente análisis de esta fuente de P.
De
las no rumiantes encontramos mayormente la harina de pescado. Como el aporte
que realiza es muy bajo, y debido a su alto costo, la hacen inaccesible como
fuente de P.
FUENTES
VEGETALES: Dentro
de las fuentes vegetales, los forrajes de alta calidad tienden a ser en general
buenas fuentes de Ca y relativamente bajos en P en especial las leguminosas, no
así algunos granos y subproductos.
En
general se utilizan los valores de tablas para formular las dietas de los
animales. En los forrajes, en el caso particular de los minerales, es
conveniente utilizar datos de análisis de los alimentos, debido a que son
muchos los factores que pueden afectar la concentración de Ca y P.
La
concentración en el suelo de dichos nutrientes es un factor muy importante que
puede hacer variar de una zona a otra el contenido de los vegetales. Otro
factor que afecta el tenor de los minerales en el forraje es la madurez del
mismo. En general el contenido de Ca y P de los forrajes disminuye con la
madurez y por las inclemencias del clima.
De
la Tabla 2 surge que si se utiliza alfalfa como único alimento, como es
habitual en algunas cuencas lecheras durante la primavera-verano, especial
atención se debería prestar para suplementar a los animales con una mezcla
mineral que provea un adecuado balance de Ca y P.
Los
suplementos proteicos en general son buenas fuentes de P, como así también
algunos granos y subproductos: afrechillo de trigo, harina de soja y semilla de
algodón.
2. INORGÁNICAS :
Por
último encontramos las fuentes de P inorgánicas propiamente dichas o fosfatos.
Por lo general se utilizan ortofosfatos de calcio. De acuerdo a la cantidad de
átomos de Ca en la molécula, se los clasifica en Mono, Di o Tricálcico.
Los
fosfatos Mono-Dicálcicos son combinaciones de los dos primeros, aprovechando
las ventajas de ambos.
Un
punto muy importante a considerar en los fosfatos es el contenido de Flúor (F),
que es tóxico para el ganado en exceso, ya que un fosfato grado alimenticio
(Feed Grade) debe poseer una relación P :F inferior a 100 : 1.
Por
ello los fosfatos grado fertilizantes (por ej. Fosfato Diamónico) no deben ser
utilizados en la alimentación animal. Otro punto que debe ser cuidado es el de
metales pesados como Cadmio y Arsénico, cuyos valores deberán ser inferiores a
10 ppm, además de Plomo (<30 ppm) y Mercurio (<0.1 ppm)
La
utilización de fosfatos alimenticios en las raciones permite gran flexibilidad
para balancear la rel. Ca : P, una disponibilidad superior de P, utilizar
productos libres de posible contaminación microbiana y de malos olores y además
contar con un aporte de P predecible y constante.
Ante
deficiencias agudas de P es posible utilizar productos inyectables en forma de
sales inorgánicas cuyas forma química y concentración de P aseguren la eficacia
del producto (por ejemplo: hipofosfitos de Mg o Na), aunque este tipo de
productos no siempre está disponible en el mercado y por lo tanto la
suplementación oral es la mejor alternativa en profilaxis de deficiencia de
fósforo (Auza, 1987).
3. BIODISPONIBILIDAD DE LAS DISTINTAS FUENTES:
La
mayor parte del P de origen vegetal está ligado a un complejo químico llamado
“fitato”. Dicha fuente de P es escasamente aprovechado por los no rumiantes
(aves, cerdos, conejos, etc.) peor es bastante disponible para los rumiantes.
Las
bacterias ruminales producen un enzima llamada fitasa que degrada este
compuesto complejo. Como resultado el P sería liberado y disponible para ser
absorbido y utilizado. Así cerca de un 99% del fitato se degrada al ser
incubado durante 24 horas en el rumen (Morse, 1989).
No
obstante ello, muchos otros factores afectan la disponibilidad de dicha fuente
de P para el animal. Como por ejemplo la ligazón a las fibras de la pared
celular y los oxalatos.
El
rápido tránsito intestinal de los forrajes, con bajo contenido de materia seca,
ya sea hierba o ensilado, en particular de leguminosas y de estadíos
vegetativos de las plantas, resulta desfavorable para la eficacia de absorción.
Es por ello que la disponibilidad del P a partir de forrajes verdes o
conservados (henos o silajes) es en general inferior a la obtenida de fuentes
inorgánicas de calidad.
No
obstante no todas las fuentes inorgánicas son iguales en lo que respecta a la
disponibilidad del P para el animal y aquí se incluye la ceniza de huesos.
Según
Gueguen (1978) los fosfatos solubles en agua se absorben en alta proporción,
alrededor del 80%. Entre los solubles en agua se encuentran los fosfatos
Monocálcico y Mono-Dicálcico.
Las
fuentes insolubles, como el fosfato Defluorinado y la ceniza de hueso, tienen
una disponibilidad mucho menor, del orden de 50-60%. El fosfato Dicálcico
estaría en una situación intermedia.
Para
evaluar la calidad de los fosfatos alimenticios el Consejo de la Industria
Química Europea (CEFIC), Sector Fosfatos Inorgánicos para alimentación, utiliza
la las pruebas de solubilidad en Ácido Cítrico al 2% y en Citrato de Amonio.
Estas
pruebas proveen una indicación del nivel de disponibilidad de P y de la
naturaleza de la fuente (Monocálcico y Dicálcico), respectivamente.
La
solubilidad de un fosfato en ácido cítrico al 2%, sumada a la solubilidad en
agua tiene una alta correlación con el valor de Biodisponibilidad Relativa
(BDR).
En
la Tabla 3 figuran los valores promedio de solubilidad en ac. Cítrico al 2% y
en citrato de amonio de las típicas fuentes de P comerciales.
Tabla 2: Concentración de Ca y P de distintas
fuentes y su disponibilidad relativa.
|
BDR (%) |
FUENTE DE P |
Ca % |
P % |
Ca : P |
|
ALTA (120) |
F. Monocálcico/ MonoDicálcico |
15-18 |
21-22 |
0.7 - 0.8 |
|
MEDIA ALTA (100) |
F. Dicálcico |
22 |
18 |
1.3 |
|
MEDIA BAJA (<90) |
F. Defluorinado |
32 |
18 |
1.7 |
|
|
Ceniza de huesos |
32 |
16 |
2.0 |
|
|
Harina de Pescado |
6 |
3.5 |
2.0 |
|
FORRAJES |
||||
|
|
Alfalfa, Heno |
1.25 |
0.23 |
5.8 |
|
|
Alfalfa, Past. |
1.9 |
0.27 |
6 - 7 |
|
|
Algodón, Semilla |
0.21 |
0.64 |
0.33 |
|
|
Gramíneas, Heno |
0.38 |
0.12 |
3.2 |
|
|
Maíz, Grano |
0.03 |
0.24 |
0.12 |
|
|
Maíz, Silaje |
0.20 |
0.19 |
1.0 |
|
|
Soja, Harina |
0.3 |
0.68 |
0.44 |
|
|
Sorgo, Grano |
0.04 |
0.34 |
0.12 |
|
|
Trigo, Afrechillo |
0.13 |
0.9 |
0.13 |
|
BDR: Biodisponibilidad Relativa |
||||
Tabla 3: Características típicas de las fuentes
de fósforos comerciales, según CEFIC.
|
|
Ácido Cítrico |
Citrato de Amonio |
|
Fosfato Monocálcico |
> |
> |
|
Fosfato
Monodicálcico |
> |
> |
|
Fosfato Dicálcico |
> |
> |
|
Fosfato
Defluorinado |
> |
< |
|
Ceniza de Huesos |
< |
< |
|
Fosfato Tricálcico |
< |
< |
|
Solubilidad + >
90% |
|
|
|
Solubilidad - <
90% |
|
|
Estas
consideraciones deberían ser tenidas en cuenta a la hora de optar entre las
distintas fuentes de fósforo, ya que se debe evaluar el costo de la unidad de P
que estará disponible para el animal, y no solamente el valor de P total.
Auza, N.J. 1987. Enfermedades de la producción :
Trastornos en homeóstasis del fósforo en bovinos. Rev. Arg. Prod. Anim. 7:
107-116.
Basson, W.D. 1993. Kynoch Feeds (Pty) Ltd: Feed
phosphates Report.
Bondi, A. 1989. Nutrición Animal Aplicada. Ed. Acribia
CEFIC, 1990. Fosfatos inorgánicos para la Alimentación
animal. El Balance
Correcto. Bruselas.
Grant, R. 1992. Mineral and Vitamin Nutrition of dairy cattle. University of Nebraska.
Coop. Extension Service Publ.
Gueguen, L., Lamand, M & Meschy, F., 1988. Nutrition Minerale. In
Alimentation des bovins, ovins et caprins. De. R Jarrige. INRA
Editions,Versailles.
Gueguen, L.,1978. Mineraux: elements mineraux majeurs. In Alimentation des
Ruminants. P129-142. INRA Pub. Versailles.
Harris, B ; Morse, D. ; Head, H. ; Van Horn, H. 1993.
Phosphorus Nutrition and Excretion by dairy Animals. Feeding and Nutrition
Colection. Extension Publication Service. Univ. Florida.
Morse, D. 1989. Studies of modification of Phosphorus
concentration in diets, hydrolisis of phytate bounds phosphorus, and excretion
of phosphorus by dairy cow. PhD Disertation.
NRC, 1989. Nutrients requirements of dairy cattle.
Washington D.C., National Academy of Sciences.
Oterby, D ; Linn, J. 1992. Calcium and Phosphorus for
dairy cattle. Feeding and Nutrition Colection. Extension Publication Service.
Univ. Florida.
Richardson, C.W, 1996. Minerals and Vitamins for Dairy
Cattle. Coop. Extension Service Publ. Oklahoma State Univ.
Underwood, E. J. 1981. Los minerales en la nutrición
de ganado. Ed. Acribia.
Volver a: Suplementación
mineral