Fazzio,
L. E1.; Mattioli, G.A1.; Picco, S.J2.;
Traveria, G.E.1 ; Costa, E.F1.; Romero, J.R1.
2006.
IXª
Jornadas de Enseñanza Clínica de Grandes Animales*, Río Cuarto.
1 Centro
de Diagnostico e Investigaciones Veterinarias (CEDIVE)
2 Centro
de Investigaciones en Genética Básica y Aplicada (CIGEBA)
*Asociación Argentina de
Enseñanza de Clínica de Grandes Animales y
Fac. de Agronomía y
Veterinaria de la UNRC.
Coordinador: Med. Vet. Ms. Sc.
Fernando
Navarro.
Volver a: Minerales, fisiología y suplementación
Introducción
La
deficiencia de cobre (Cu) o hipocuprosis es la segunda carencia mineral mas
frecuente en bovinos en pastoreo en el mundo, después de la de fósforo
(Underwood y Suttle, 1999, McDowell 1992). Esto se debe en parte a que no
afecta a rodeos aislados sino que posee incidencia geográfica, vale decir que
existen amplias zonas donde la asociación de suelos y topografías especiales
condicionan el crecimiento de forrajes con carencias de tipo simple (poco Cu) o
condicionada (excesos de molibdeno, hierro y azufre) (Appleton, 1992; Boila et
al., 1987). Un ejemplo de estas zonas es la Cuenca Deprimida del Río Salado,
donde algunos estudios demuestran que más del 50 % de las madres son carentes y
este porcentaje aumenta en los terneros, debido a que poseen mayores
requerimientos de Cu (Mattioli, 1998). La hipocuprosis provoca en las áreas
afectadas severas pérdidas económicas. Los animales manifiestan clínicamente la
carencia con despigmentación del pelo, en forma característica alrededor del
ojo (anteojeras), disminución de la condición corporal, diarreas, y en
condiciones extremas lesiones osteoarticulares, fracturas espontáneas en
terneros y muerte súbita en animales adultos. Sin embargo, las mayores pérdidas
productivas comienzan antes de hacerse evidente la carencia, causando menores
ganancias diaria de peso en animales en crecimiento, menor resistencia a
infecciones y problemas reproductivos (Figura 1) (Blood 1992, Corah 1996).
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Figura 1:
Las consecuencias de la hipocuprosis comienzan antes de hacerse clínicamente
evidente la carencia. (modificado de Corah, 1996). |
Para prevenir y curar la hipocuprosis se utiliza de manera masiva en las zonas afectadas la suplementación con sales inyectables de cobre. Estas suelen ser de elección porque permiten realizar una reserva de Cu en el hígado del animal, no son costosas y al compararlas con la suplementación oral poseen practicidad de manejo y además evitan las interferencias a nivel digestivo (Allen 1984). Sin embargo, esta práctica ha llevado a que aumenten notablemente en los últimos años los casos de intoxicación aguda con Cu en terneros de la Cuenca del Salado (Costa 2003). Debido a que la causa de la intoxicación así como su diagnóstico suelen ser motivo de consultas y de discusión, intentaremos aclarar algunos aspectos importantes.
La intoxicación aguda depende de dos factores, por un lado de la cantidad de Cu inyectada y por otro lado de la rapidez con la que el Cu llega al hígado desde el sitio de inyección.
La cantidad de Cu a suplementar está establecida en 0,5 miligramos por kilo de peso vivo (mg/kpv). Esta dosis terapéutica está cercana en terneros a la dosis tóxica de 1 a 2 mg/kpv. Los errores que pueden llevar a usar una dosis tóxica son varios, incluyendo la doble dosificación a los terneros en la manga, donde por ser chicos pueden cambiar de posición y confundir a quien inyecta; el empleo de productos sin homogenizar, que permite que se concentre Cu en el fondo, o bien simples errores como cambios de productos comerciales sin verificar su concentración o el uso de la dosis del adulto para el ternero.
El riesgo de la intoxicación depende también de la tasa de transferencia de Cu al hígado, entendiendo como tal a la cantidad de Cu que llega al hígado en un tiempo determinado. Un animal puede ser inyectado con la misma cantidad de Cu, pero puede variar la velocidad con que se absorbe y alcanza al hígado, variando así la tasa de transferencia. Esta tasa varía con el tipo de sal de Cu que posee el producto. Si ésta es soluble, como son los edetatos y sulfatos, la tasa de transferencia es mayor. A medida que la sal de Cu empleada es menos soluble, como el glicinato y el metionato, la tasa disminuye. Si bien esta información haría que la elección del producto a inyectar se volcara hacia estas últimas, las sales de Cu que más tardan en absorberse también provocan mayores reacciones en el sitio de inoculación, pudiendo llegar a causar abscesos asépticos, que incluso pueden encapsularse reteniendo parte del producto, lo cual finalmente disminuirá la reserva hepática en el animal (Figura 2).

Figura 2: Dosis de cobre en miligramos
(mg) retenida por el hígado 16 semanas después del tratamiento
parenteral con Cobre Calcio
EDTA (Edetato), Oxiquinoline Sulfonato de Cobre (Sulfato) y Metionato de Cobre.
(Modificado de Allen 1984)
Patogenia de la intoxicación
Para
comprender la patogenia de la intoxicación con Cu es necesario conocer, por un
lado el carácter tóxico del Cu, y por otro lado algunos aspectos de su
metabolismo en el animal.
El
Cu es tóxico cuando se encuentra libre. Esto se debe a que el Cu, al igual que
el hierro (Fe), son elementos con capacidad de tomar y ceder un electrón
cambiando su valencia, originando así la transferencia de electrones que llevan
finalmente a la formación del radical hidroxilo (°OH). Este radical es uno de
los llamados especies activas de oxígeno (EAO), que incluyen una serie de
compuestos inestables que tienden a ceder electrones desapareados a otras
estructuras, alterándolas en su estructura y función (daño oxidativo). Entre
las estructuras celulares mas afectadas por las EAO se encuentran las membranas
celulares, que sufren la peroxidación de sus ácidos grasos insaturados
originando grupos polares que ocasionan alteraciones de su permeabilidad. La
sumatoria de estos puntos de daño oxidativo lleva a la degeneración celular y
finalmente a su muerte. Para evitar este daño, el Cu y el Fe se encuentran
siempre unidos a proteínas que neutralizan este efecto oxidativo.
El
Cu ingresa naturalmente al organismo con la dieta, se absorbe principalmente en
el intestino delgado y es transportado por la vena porta hacia el hígado,
ligado especialmente a la albúmina. Dentro de los hepatocitos puede tener tres
destinos: almacenarse en el citosol y en los lisosomas, ligado a una proteína
llamada metalotioneína (MT) y a otras proteínas de bajo peso molecular; incorporarse a la ceruloplasmina, una
proteína encargada de salir a sangre para proveer de Cu a los tejidos; o bien
el Cu puede ser excretado hacia la bilis, que representa su principal vía de
eliminación. Debe observarse que todos estos procesos dependen de proteínas
específicas que neutralizan el efecto oxidativo del Cu, y que por esta razón
son sintetizadas por las células en función de la llegada del Cu. Por esta
razón cuando un animal consume una dieta con excesiva concentración de Cu, este
estimula los mecanismos de depósito (síntesis de MT y proteínas lisosomales) y
aumenta la reserva hepática del elemento, pero si la situación continúa ya no
quedará espacio físico para más proteínas y el Cu comienza a quedar libre,
dañando primero las membranas del hepatocito para salir luego a circulación
donde afectará especialmente a los eritrocitos. De este modo es como ocurre la
intoxicación crónica por Cu, la cual tiene origen en el exceso del elemento en
la dieta.
Cuando
el Cu ingresa al organismo por una suplementación parenteral sigue el mismo
camino, es absorbido a sangre y llega al hígado para ser asimilado. Cuando se
emplea una dosis tóxica (1 a 2 mg/kpv), la cantidad total de Cu inyectada no es
elevada si se compara con la capacidad de reserva del hígado, la intoxicación
se genera porque llega muy rápido al hígado y este no posee ni la suficiente
cantidad de MT para neutralizarlo, ni el tiempo para estimular su síntesis. Con
sales solubles se produce un pico de cupremia 1 a 2 hs postinyección, el hígado
capta casi el 50 % de la dosis en su primer pasaje y hasta el 70 % de la dosis
inyectada se transfiere a este órgano en 24 hs. En estas condiciones el hígado
no tiene tiempo de adaptarse y el Cu queda libre, provocando un daño oxidativo
equivalente al de la intoxicación crónica, con necrosis de distribución
centrolobulillar de tipo hemorrágica y hemólisis.
A pesar de ser el Cu libre el responsable del
daño en las intoxicaciones aguda y crónica, se establecen diferencias en sus
patogenias que tienen importancia en el diagnóstico. Debido a que en la
intoxicación crónica se supera el mecanismo de detoxificación a largo plazo,
hay altas concentraciones de Cu en el hígado y en otros tejidos como sangre y
riñones. En la intoxicación aguda en
cambio, se supera el mecanismo de detoxificación a corto plazo, y la lesión del
hígado se correlaciona de manera directa con la tasa de transferencia del Cu y
no con la cantidad total acumulada en los hepatocitos. Por esta razón los
animales mueren con concentraciones hepáticas de Cu consideradas normales y
hasta subnormales.
Signos Clínicos
En
nuestro medio es más frecuente la intoxicación
aguda, especialmente después de la dosificación parenteral con los
productos inyectables de Cu (Costa y col., 2003). Los signos clínicos predominantes
son depresión, letargia, dolor abdominal (vientre “agalgado”), inmovilidad,
envaramiento para finalmente caer en decúbito lateral, pudiendo presentar
también signos nerviosos y finalmente la muerte a las 12 a 48 hs de comenzados
los signos. Las alteraciones a nivel hepático impiden que el amonio, un
producto altamente tóxico del metabolismo nitrogenado, sea convertido en urea y así neutralizado. La
consecuente acumulación de amonio a nivel del SNC y del liquido cerebroespinal
sería responsable de la somnolencia, la inconsciencia, el andar tambaleante y
las convulsiones nerviosas que acompañan a la intoxicación. Además del amonio,
una gran variedad de aminas tóxicas que
se absorben en intestino grueso y no pueden ser removidas por el hígado, pueden
alcanzar el cerebro donde actúan como falsos neurotransmisores (Jubb, 1993). Se
citan también convulsiones hipoglucémicas en casos donde la necrosis hepática
es masiva.
Diagnóstico
clínico y anatomopatológico
En
la intoxicación aguda con Cu el diagnóstico presuntivo se puede realizar con la
historia clínica y los hallazgos de necropsia. Los estudios complementarios que
permiten ratificar el diagnóstico final incluyen la medición de enzimas
hepáticas y en los casos fatales el estudio histopatológico del hígado.
Hallazgos comunes de necropsia: en el examen macroscópico de un animal
muerto por una intoxicación aguda por Cu, se observan los hallazgos
característicos de un hepatotoxico agudo, entre los cuales detallamos:
En las mucosas aparentes: grado leve de ictericia (sub-ictericia),
petequias, sufuciones y hemorragias en napa en todas las serosas (pleura,
pericardio y peritoneo)
En el Hígado: hepatomegalia, bordes redondeados, color
rojo oscuro, congestivo, al corte se observa un puntillado hemorrágico,
reticulado toxico “hígado en nuez moscada” (Foto 1), que al microscopio óptico
se corresponde con la pérdida de la estructura trabecular y la necrosis de
distribución centro lobulillar (Foto 3 y 4).


Foto 1. Vista macroscópica de
un “hígado en nuez moscada” (necrosis centrolobullilar) donde
se observa un puntillado rojo
rodeado de un halo blanco.
Foto 2. Vista microscópica de
un lobulillo hepático “normal”: (1) vena centrolubulillar, cordones hepáticos
que irradian desde la
periferia hacia la vena central. (2) tejido conjuntivo interlobulillar. (3)
áreas portales
conteniendo rama de la arteria
hepática, vena porta, conducto biliar y vasos linfáticos.



Foto 3. Vista microscópica
(10X) Intoxicación por Cu, necrosis hemorrágica centrolobulilar
(1)
Vena centrolobulillar.
(2) zona de necrosis infiltrada de glóbulos rojos. (3) perdida de la
arquitectura normal
y zona de hepatocitos con distintos grados de degeneración.


Foto 4. Vista microscópica
(20X) Intoxicación por Cu, necrosis hemorrágica centrolobulilar. (1) núcleos
retraídos y de cromatina
condensada (picnosis). (2)
desplazamiento de la cromatina hacia la periferia y
fragmentación nuclear
(cariorrexis). (3) destrucción completa
de los núcleos (cariolisis)
Patología
Clínica
La
medición de Cu hepático es de utilidad en la intoxicación crónica, cuando se
encuentran valores de más de 600 ppm sobre base seca. En la intoxicación aguda
este valor raramente se alcanza, dependiendo de la concentración hepática que
tenga el animal al momento de ser suplementado, e incluso puede ser tan baja
como 50 ppm, valor indicativo de deficiencia y no de intoxicación (Bulgin,
1986, Galey 1991, Mason 1984, Steffen 1997). Para este tipo de intoxicación
puede ser de utilidad la medición de Cu en riñón, que demostró ser más estable que la hepática, con valores
normales de 12 a 19 ppm – MS, y que en la intoxicación aguda superan los 23.5
ppm-MS. La ventaja de esta muestra es que preserva valor diagnostico aún en
animales con avanzado estado de putrefacción, mientras que posee la desventaja
de que no en todos los casos se obtienen valores altos aun siendo la
intoxicación aguda con Cu la causa de la muerte (Galey 1991, Steffen 1997).
Solo se necesitan 10 gr. y la muestra se puede conservar congelada o en formol
hasta el momento de su procesamiento. La concentración renal de Cu sería
entonces una herramienta más para confirmar el diagnóstico, pero nunca para
descartando.
En
los animales con signos clínicos el diagnóstico puede complementarse con
enzimología clínica, reconociendo sus limitaciones. La actividad de la gamma
glutamil transpeptidasa (GGT) es un muy buen indicador de injuria
hepatocelular y de colestasis (éstasis
biliar), y posee además una vida media de 96 hs. La aspartato amino transaminasa (AST) no es especifica de hígado, se
encuentra además en músculo cardíaco y
esquelético, en riñones y en eritrocitos. Por esta razón la AST puede verse
elevada por la hemólisis, propia de la enfermedad, provocada por un mal
muestreo o bien por el daño muscular ocasionado por el decúbito de los
animales. La actividad de la sorbitol
deshidrogenasa (SDH) es específica del hígado y se encuentra en alta concentración
en el citoplasma del hepatocito, pero posee una corta vida media (12 a 24 hs).
Diagnóstico
diferencial
Debe
realizarse el diagnóstico diferencial con todas aquellas afecciones que
producen intoxicaciones hepáticas agudas. Entre las más frecuentes encontramos
las provocadas por vegetales con principios hepatotóxico agudos, como Wedelia Glauca (sunchillo, yuyo sapo), Cestrum Parqui (duraznillo negro), Xanthium
cavanilliesii (abrojo grande), Myoporum laetum
(transparente, siempre verde) y Mycrocystis
aeruginosa (algas verde
azuladas) entre otros.
Comentarios Finales
♦
Las
perdidas por deficiencia de cobre clínicas y subclínicas en la cuenca del
Salado suelen ser muy importantes, cuando aparecen los signos de la enfermedad
es probable que estemos con bajas ganancias diarias de peso, lo que lleva a
menos kilos al momento del destete.
♦
Si
se decide realizar suplementaciones con sales inyectables de Cu debemos conocer
y tener algunas precauciones con el producto que estamos manejando porque puede
matar.
♦
Cuando
existen dudas sobre si un animal ya fue inyectado o no, es preferible dejarlo
sin suplementar que arriesgarse a una doble dosificación.
♦
La
dosis debe ajustarse al peso del animal según prospecto.
♦
El
producto debe agitarse antes de cargarlo en la jeringa ya que las sales de Cu
precipitan.
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