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mineral
Se conocen quince microelementos esenciales para el crecimiento y la salud animal. De ellos, el cobalto (Co), cobre (Cu), zinc (Zn), selenio (Se), iodo (I), hierro (Fe), manganeso (Mn) y molibdeno (Mo) son considerados de relevancia agropecuaria. Específicamente en rumiantes, y en condiciones de pastoreo, las deficiencias más difundidas son las de Cu, Se, Co, I y Zn (24).
Los microelementos tienen funciones estructurales y catalíticas en los tejidos; entre las primeras se puede mencionar al silicio (Si) como componente integral del tejido conectivo y de la matriz orgánica del esqueleto y a nivel molecular, al Zn que a través de su acción modifica la conformación de subunidades poliméricas de diversas enzimas, influenciando marcadamente su actividad y estabilidad (24). Las funciones catalíticas de los microelementos se refieren a su rol como componentes y cofactores enzimáticos. Al respecto, Co, Mn y Zn, por su importancia en las funciones mencionadas, son reconocidos como microelementos biológicamente activos, y son utilizados en una amplia gama de productos industrializados (enzimas, aditivos y núcleos). Actúan como estimuladores de procesos fisiológicos y bioquímicos del organismo animal, incrementando la productividad y utilización de otros nutrientes esenciales (25).
En este trabajo, debido a la amplitud de las funciones catalíticas demostradas hasta la actualidad, se describen las funciones bioquímicas del Cu, Se y Zn y algunas interrelaciones funcionales relevantes entre micronutrientes (microelementos y vitaminas), entre ellas: Se-Vitamina E, Zn-Vitamina A, por ser las más antiguas y ampliamente conocidas.
El estudio de los micronutrientes (vitaminas y microelementos) es una disciplina nueva y está en pleno desarrollo. Los avances logrados indican que las funciones bioquímicas que desempeñan los micronutrientes en el metabolismo y en el sistema inmunitario son de significativa importancia por sus implicancias económicas en salud y producción animal (39; 40; 41).
Para incrementar la salud productiva del ganado se requieren estado metabólico y sistema inmune funcional óptimos, para elevar la productividad acorde a su potencial y protegerlo contra agentes patógenos y tóxicos asociados con morbilidad y mortalidad (43). En este aspecto, la importancia de los microelementos radica, siendo una característica común a todos, en que son biológicamente multireactivos o multifuncionales debido a sus funciones catalíticas. Esto significa que intervienen en una amplia gama de procesos metabólicos indispensables para las funciones celulares (25).
Cobre (Cu): es un componente esencial del grupo prostético en citocromo-c-oxidasa, superóxido dismutasa (SOD), tirosinasa, ascorbato oxidasa, galactosa oxidasa, lisil oxidasa, doparnina ß-monooxigenasa, ceruloplasmina oxidasa (ferroxidasa), diamina oxidasa renal y aminaoxidasa plasmática (20; 25; 26; 38; 39).
Las aminooxidasas (AOS) son enzimas que catalizan la desaminación oxidativa de mono-di y poliaminas, con formación estequiométrica de aldehído, peróxido de hidrógeno y amoníaco (l; 20).
Esquemáticamente es:
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En consecuencia, la función
fisiológica de las aminooxidasas es de modulación celular de los
niveles de aminas, o de regulación de los procesos vitales de
crecimiento y diferenciación celular (l; 20). La inmunoregulación
es otra función biológica importante, la cual es atribuida a
poliaminas y sus oxidasas (1; 20; 25; 26).
Además de las funciones específicas de las cupro-proteínas, el Cu tiene funciones esenciales en la respiración celular, protección contra el radical superóxido, metabolismo de aminoácidos, formación de melanina, síntesis de colágeno, elastina, síntesis neurohumoral (24) y tejido adiposo (37). También, es esencial para la síntesis de hemoglobina y el desarrollo del sistema nervioso central (7).
El Cuadro Nº 1 ilustra la posición estratégica funcional del Cu con respecto a la biosíntesis de dos metabolitos: noradrenalina y melalina, a partir de un precursor común, la tirosina. La deficiencia de Cu produce depleción de la actividad tirosina 3 monooxidasa, lo cual implica alteración en la síntesis de los metabolitos mencionados, con sus respectivas consecuencias (metabólicas y decoloración de pelos). Una depleción de la actividad de la lisil oxidasa afecta la biosíntesis de la elastina y colágeno; en consecuencia, se producen alteraciones en capilares, ligamentos y tendones (24).
CUADRO Nº 1 : DIFERENTES FUNCIONES ESTRATÉGICAS DEL
COBRE

La deficiencia de Cu en ratas (9), cerdos (27) y
rumiantes (37) conduce a profundas alteraciones en el tejido adiposo. Los
efectos del Cu sobre el metabolismo graso en rumiantes (41), son concordantes a
los encontrados en ratas (9). Así, la suplementación con Cu a
ovinos cuprodeficientes produce efectos significativos sobre el tamaño
de los adipocitos, velocidad de lipólisis y composición grasa en
todos los sitios de deposición (37). La diferencia en la acreción
grasa observada en tejido adiposo subcutáneo (37) de rumiantes
cuprosuplementados versus cuprodeficientes, y por ser este tejido el de mayor
actividad metabólica en adultos e importante en el estado de
finalización del crecimiento, permite inferir que este proceso puede
estar implicado en la aceleración del crecimiento y al menor tiempo de
terminación observado en borregos cupro-suplementados (37; 45). Las
demostraciones experimentales de retardo en el crecimiento en terneros
cuprodeficientes son ampliamente conocidas, pero aún no se conocen las
causas por las cuales la deficiencia de Cu afecta el desarrollo de los
animales, y cualquiera de las cuproenzimas y sitios de acción pueden
estar involucrados (13; 39; 41).
Estudios histopatológicos en novillos, clínicamente normales y con depleción de la reserva hepática de Cu (menor a 30 mg de Cu/kg MS), mostraron lesiones en el páncreas. Las anormalidades observadas fueron: incremento en el contenido de materia seca del páncreas, reducción en las concentraciones de proteínas y Cu en tejido húmedo, reducida actividad de la citocromooxidasa y menor relación proteína/RNA. Histológicamente se observaron: defectos en la membrana basal de las células acinar pancreátícas, ruptura y desorganización de acinos, atrofia celular, disociación y proliferación del estroma (8). Uno de los signos patológicos más precoces de la deficiencia de Cu se encontró en las membranas basales de las células acinar pancreáticas y de otras membranas basales en riñón y mucosa intestinal (8; 41).
Selenio (Se): el conocimiento de nuevas funciones biológicas del Se se produce a partir de 1973 con la identificación de la enzima glutatión peroxidasa (GSHP.) como una selenoproteína (10), y la evidencia científica que los sitios catalíticos activos de la misma incluyen al Se, el cual es indispensable para su actividad biológica (31). La GSHP está localizada en el citosol y su principal función bioquímica la ejerce en las reacciones celulares de oxidorreducción para protección celular contra daños oxidativos producidos por radicales libres y peróxidos o para evitar los daños oxidativos celulares (1l). Esta selenoenzima está ampliamente distribuida en el organismo, y su función primordial en bovinos es en hígado, riñón, testículos, eritrocitos y plaquetas. Interviene en el metabolismo de prostaglandinas, glutatión, proteínas, así como en la espermatogénesis (2).
Un déficit de Se produce depleción de la actividad de la GSHP en todos los sitios estratégicos funcionales del organismo. Así, la deficiencia de Se en toros conduce a una reducción en la producción de esperma y modifica la morfología, motilidad y viabilidad de los espermatozoides generados (2). La deficiencia de Se es acompañada por cambios en la actividad de enzimas hepáticas seleno-dependientes y sustratos involucrados en el metabolismo y destoxificación de drogas, elementos (entre ellos, mercurio y arsénico) y compuestos extraños en el organismo (2). Mayor avance aún se produce a partir de la identificación de otras proteínas plasmáticas secretadas por el hígado que fueron denominadas como selenoproteína P y 5-deiodinasa seleno-dependiente, demostrándose que su acción es la de regular la conversión de tetraiodotironina a triiodotironina. La función metabólica específica del Se, reconocida como más importante, es la ejercida a través de su incorporación como selenocisteína en las selenoproteínas mencionadas (1l).
La función biológica del Se más antiguamente conocida es la asociada a vitamina E, con actividad antioxidante y antiinflamatoria, y las principales interrelaciones biológicas de este microelemento son con el azufre (macronutriente) y con micronutrientes, tales como: Cu, Zn, vitaminas E y C. Algunas interrelaciones fueron descubiertas recientemente, entre las que la vitamina C promueve la absorción intestinal de Se e incrementa su incorporación en la GSHP, y que el Zn afecta la distribución tisular del Se (2).
La vitamina E y el Se son esenciales para proteger el organismo animal de daños causados por la producción de metabolitos nocivos o tóxicos. Estos dos micronutrientes son necesarios y responsables del mantenimiento e integridad de paredes y membranas celulares en los tejidos. Los dos actúan juntos, la vitamina E con capacidad antioxidante previene la oxidación de ácidos grasos insaturados que produce peróxidos nocivos para las células, y sí estos se forman actúa la GSHP catalizando su destrucción (35). El Cu y el Se protegen a los tejidos de daños oxidativos a través de sus respectivas metaloenzimas superóxidodismutasa (SOD) y glutatión peroxidasa (GSHP). En la Figura Nº 1 se ejemplifica el mecanismo por el cual estas enzimas ejercen protección celular en los fagocitos.
La cuprodeficiencia afecta la actividad de la GSHP y la excreción y retención tisular del Se. Los efectos de la administración de Cu sobre la reserva de Se y los efectos de éste sobre la reserva de Cu en el organismo animal sugieren una competición entre los dos elementos, la cual se atribuye a que ambos compiten por los misinos transportadores y proteínas de reserva (2).
Por lo tanto es evidente que Se y Cu interactúan biológicamente (2; 13; 17). Además, se ha demostrado un efecto sinérgico de suplementos con Cu y Se sobre la tasa de crecimiento en terneros, pero aún se desconoce el mecanismo íntimo de interacción de los mismos (2; 13; 23).
Zinc (Zn): es el microelemento que exhibe mayor multiplicidad funcional en mamíferos, ya que es un componente integrante y cofactor esencial de más de treinta enzimas tisulares, por lo que participa en una amplia variedad de reacciones metabólicas (12; 21; 25; 22; 43).
Entre las zinc-enzimas más relevantes pueden mencionarse: glutamato dehidrogenasa (GLDH), láctico dehidrogenasa (LDH), málico dehidrogenasa (MDH), NADH diaforasa, fosfatasa alcalina, timidina quinasa (TK), carboxypeptidasa, anhidrasa carbónica, ribonucleasa, RNA y DNA polimerasa (22; 38; 43).
La mayor importancia del Zn radica, primariamente, en el metabolismo proteico y de ácidos nucleicos, interviniendo en los procesos fundamentales de multiplicación celular (22; 47). Actualmente, se conocen cuatro zinc-enzimas que controlan los eventos de la división celular y expresiones genéticas: timidina quinasa, ribonucleasa, RNA y DNA polimerasa. La TK es la más antiguamente conocida y participa en la formación de trifosfato de timidina, el cual es necesario para la síntesis de DNA (21; 22; 43).
El Zn es indispensable para la formación de proteínas en el cerebro (43) y la síntesis de colágeno en hueso y piel, por lo cual participa activamente en los procesos de cicatrización, crecimiento y calcificación ósea (21; 22; 43). Al Zn se lo conoce como el microelemento estabilizador de macromoléculas y membranas biológicas, y además es un factor antibacteriano en fluidos amniótico y prostático. La gran divergencia en la significancia estratégica de sus funciones a nivel celular es el motivo por el cual se encuentra asociado a: síntesis proteica, metabolismo de carbohidratos y lípidos, mineralización ósea, utilización de nutrientes, mecanismo ácido-base, espermatogénesis, apetito y sentido del gusto (22; 38; 43).
Las interrelaciones entre nutrición y el sistema inmune son complejas y escasamente conocidas. En este aspecto, y en los últimos años, la actividad científica desarrollada en ovinos y bovinos exhibió creciente interés. Actualmente, existe información que indica la importancia funcional de muchos micronutrientes en el desarrollo y mantenimiento del sistema immunocompetente, específicamente referido a las vitaminas A, E y a microelementos esenciales tales corno: Cu, Se y Zn (28; 40; 41).
Hace décadas que se conoce que bovinos y aves deficientes en vitamina A son más susceptibles a enfermedades infecciosas y parasitarias (16; 32), y que suplementos con retinol proveen resistencia a parásitos en terneros (16) y en borregos. En este sentido, la deficiencia de vitamina A se asocia a reducida producción de anticuerpos (30).
En 1978 se descubrió la principal función de la vitamina A en los epitelios de las glándulas mamarias (5). Posteriormente, se demostró asociación entre bajos niveles de vitamina A plasmática en vacas lecheras y la severidad de mastitis y extensión del daño producido (3). En ratas, la deficiencia de vitamina A produce reducción del desarrollo alveolar y ductal mamario durante la preñez y lactación, incrementando la susceptibilidad del epitelio mamario a daño patológico producido por Staphylococcus aureus (4).
La interacción más estudiada de la vitamina A es con el Zn, y actualmente se conoce que la movilización de vitamina A del hígado y la concentración de la misma en suero son reducidas en rumiantes Zn-deficientes y que suplementación conjunta con Zn-vitamina A produce respuesta positiva. La deficiencia de Zn en rumiantes produce déficit de vitamina A, pero éste no conduce a deficiencia de Zn (21).
Hasta 1985 se conocía que la vitamina E modifica la respuesta inmune humoral (IH) a antígenos vivos y muertos en aves, ratones, perros y cerdos; como también la respuesta inmune celular (IC) en perros, cerdos, terneros y animales de laboratorio. De investigaciones posteriores (33) se infiere que suplementos de vitamina E modifican ambas respuestas (IH e IC en terneros. Además, sugieren que el criterio para requerimientos mínimos no debería basarse sobre los estudios de tasa de crecimiento o sobre la cantidad requerida para prevenir las deficiencias clínicas, sino sobre la cantidad necesaria para lograr adecuado estado de salud y óptima respuesta del sistema inmunocompetente. Otros estudios realizados (34) sobre el efecto de distintas dosis de vitamina E sobre la respuesta inmune a vacuna de virus Herpes bovino tipo-1 en terneros, desde el nacimiento hasta los seis meses de edad, sugieren que la función antioxidante de la vitamina E es, posiblemente, el mecanismo de acción más importante por el cual se modifica la respuesta inmune. Esta vitamina reduce la síntesis de prostaglandinas y corticoesterona en ratones, los que son potentes inhibidores de las funciones de linfocitos, tales como: mitogénesis y producción de anticuerpos. Ambos mecanismos de acción pueden estar involucrados en el efecto de la vitamina E sobre la respuesta inmune.
Cobre: la deficiencia subclínica de Cu ha sido asociada con incremento en la susceptibilidad a infecciones en distintas especies, pudiendo mencionarse a Salmonella typhimurium en ratas y a Pasteurella hemolítica en ratones; en humanos, la enfermedad de Menkes (deficiencia genética en el metabolismo del Cu) es asociada con repetidos episodios de infección respiratoria y septicemia. El mecanismo intrínseco por el cual la deficiencia de Cu afecta la susceptibilidad a infecciones, aún no ha sido totalmente dilucidado (44).
En animales experimentales cupro-deficientes se ha comprobado que la misma provoca un profundo efecto sobre la morfología del timo y bazo y disminución en la actividad del sistema retículo-endotelial, lo que sugiere que la lesión bioquímica responsable de este efecto sería la disminución de la SOD, la cual produce incremento de la peroxidación lipídica celular (12).
Otros investigadores (18) hallaron que la hipocupremia en ovejas y novillos está asociada con reducción en la actividad microbicidal de fagocitos en sangre periférica, y también infieren que sería consecuencia de la depleción de la actividad SOD intracelular que ocurre en animales cuprodeficientes. De esta forma, la disminución de la vida media de los neutrófilos y su rápida renovación en sangre periférica son las lesiones bioquímicas más tempranamente detectables en deficiencia de Se y/o Cu (18; 24).
Existen evidencias que la actividad del sistema inmunocompetente de animales cuprodeficientes es menor que en animales con óptimas reservas; la susceptibilidad a infecciones podría estar asociada con la depleción de la función linfocitaria. Así, por medio de la suplementación con Cu a borregos cuprodeficientes se ha logrado controlar la pasteurelosis neumónica y disminuir la mortalidad perinatal (antes de las dos semanas de edad) (40; 41; 44).
El efecto del Se y Cu sobre las funciones inmunes de células fagocíticas puede ser explicado mediante los pasos metabólicos que se llevan a cabo en el proceso de fagocitosis. Durante el mismo, los fagocitos incrementan marcadamente la respiración no-mitocondrial, la cual involucra la generación de gran cantidad de superóxido (O2-) con la subsecuente producción de peróxido de hidrógeno (H2O2). Esto produce estrés oxidativo en el medio interno inmediato de los fagocitos; esta condición puede conducir a daño celular vía la oxidación de elementos críticos dentro de las células (tioles solubles, proteínas con grupos sulfidrilos y lipoproteínas de las membranas celulares). La función de la superóxidodismutasa (cuproenzima) y la glutatión peroxidasa (selenoenzima) es proteger a los fagocitos contra los productos citotóxicos que ellos mismos generan (O2 y H2O2), los cuales son esenciales para las propiedades bactericidas de los mismos (2).
Figura 1. Función del Cu y Se a través de sus respectivas metaloenzimas:
superóxidodismutasa (SOD) y glutatión peroxidasa (GSHPx) (2; 38).

La SOD cataliza la dismutación
enzimática del radical superóxido a peróxido de
hidrógeno, la cual requiere Cu para su acción catalítica y
Zn para su estabilidad. Ambos microelementos cumplen funciones de
protección celular en la mayoría de los tejidos y en eritrocitos
de sangre periférica (2; 18; 38).
Selenio: este microelemento es el más ampliamente estudiado en referencia a estas funciones. Los efectos demostrados son en tres niveles: función de células fagocíticas, inmunidad celular y humoral (2). El déficit de Se nutricional afecta las funciones de las células fagocíticas (macrófagos y neutrófilos). Los macrófagos contienen glutatión peroxidasa (GSHPx) localizada en los lisosomas y un déficit nutricional de Se resulta en la declinación de la actividad de la GSHPx en macrófagos (2). Neutrófilos aislados de bovinos seleno-deficientes mostraron reducción de la capacidad bactericida sin modificar la capacidad de fagocitar Cándida albicans. En vacas seleno-deficientes se obtuvieron resultados similares utilizando Staphylococcus aureus, encontrándose decrecida la capacidad bactericida en leucocitos polimorfonucleados (PMNs), pero no la acción de fagocitar la bacteria (2).
El efecto del Se sobre inmunidad humoral se ha demostrado en muchas especies, pero muy poca información ha sido generada para esclarecer el mecanismo íntimo de estos efectos. Por ejemplo, se demostró que suplementos con Se incrementaron la producción de anticuerpos a Leptospira pomona en terneros y antígenos bacterianos en ratas y conejos.
Actualmente, se conoce que terapias de Se y
vitamina E, tienen efecto sinérgico sobre la producción de
anticuerpos(2). Trabajos posteriores muestran que en animales
seleno-deficientes existe una depleción de la cantidad de linfocitos-B,
más que una simple reducción de anticuerpos producidos por aquellas células. La
optima función de células-B, particularmente la síntesis
de IgG, es dependiente del funcionamiento optimo de macrófagos y
células-T; por ello, se infiere que algunos efectos del Se sobre
inmunidad humoral pueden ser secundarios al efecto sobre células-T y
macrófagos. Al respecto, el efecto in vitro de deficiencia de Se sobre
células T o linfocitos esplénicos es el descenso de la respuesta
mitogénica de los mismos (2).
En distintas experiencias de efectos dosis/respuesta a suplementos con Se en terneros para carne, y con inoculaciones de agentes patógenos tales como: Pasteurella hemolítica, virus Herpes bovino tipo-1 y Parainfluenza tipo-3, se obtuvieron respuestas inmune humoral (IgG, IgM) variables, desde nula (a virus parainfluenza tipo-3 (42) a incrementos de IgM sérica a los 17 días postinoculación de Pasteurella hemolítica y de IgM en terneros de 7 semanas de edad ante virus Herpes bovino tipo-I (42). En cambio, la información de experiencias a campo es menos variable y en éstas se evaluaron los efectos de la suplementación con Se en términos de incidencia de enfermedades, índice de mortalidad y problemas asociados (retención placentaria, quiste ovárico, anestro o reducción del estro, entre otros). Así, con terapias de Se se ha logrado disminuir la neumonía perinatal (23) y en vacas para carne el incremento de Se en la dieta produjo aumento de la concentración sérica del microelemento e incremento del contenido de Se en la leche (36).
Numerosos casos de retención placentaria en
ganado lechero fueron controlados o prevenidos con suplementación de Se
y/o vitamina E (11). Abortos, debilidad y mortalidad de neonatos e infertilidad
han sido asociadas a deficiencia de Se. Existen evidencias científicas
sobre el efecto de suplementaciones con Se y vitamina E sobre la
reducción significativa en la incidencia de mastitis subclínica y
clínica en vacas lecheras (11). En estudios a campo realizados en rodeos
lecheros se encontró correlación negativa entre
concentración media de Se en suero y prevalencia de infecciones
intramamarias con la mayoría de agentes patógenos; la
suplementación de vitamina E y Se redujo la incidencia y duración
de la mastitis clínica y en otros estudios realizados en vacas
lecheras con baja y alta incidencia de mastitis clínica no se hallaron
diferencias en la concentración
plasmática de vitamina E ni en la actividad de GSHPx eritrocitaria,
pero los lotes con baja incidencia de mastitis clínica mostraron
correlación negativa significativa entre la actividad de
glutatión peroxidasa (GSHPx) eritrocitaria y los recuentos de
células somáticas en leche, lo que sugiere una asociación
entre la incidencia de mastitis subclínica y la reserva de Se de las
vacas (29).
Zinc: información científica de significancia comprueba la esencialidad del Zn en las funciones inmunológicas (12; 19; 22). Así, la deficiencia de Zn hereditaria en humanos (acrodermatitis enteropática) y en animales domésticos está asociada a una depleción de la actividad inmune celular, la cual es revertida con terapias de Zn. El Zn está íntimamente relacionado al crecimiento y funcionalismo del timo, y a animales domésticos produce atrofia del sistema timolinfático, inmunidad celular disminuida e incremento en la susceptibilidad a infecciones (12, 22; 43).
En animales experimentales, la deficiencia de Zn tiene un profundo efecto sobre la anatomía de los tejidos linfoides, resultando en hipoplasia del timo, bazo, nódulos linfáticos, placas de Peyer y otros tejidos 1infoides intestinales, Ambas poblaciones de células-B y T son influenciadas por esta deficiencia, pero las más severamente afectadas son las áreas de linfocitos-T en los nódulos (15; 19). Del efecto del Zn sobre el sistema timolinfático se deduce la significativa importancia de este microelemento en el sistema inmunocompetente y la asociación de la deficiencia con la pérdida de actividad en el mecanismo de defensa (12,- !9; 22; 30; 43). El Zn ha sido reconocido por varias décadas como indispensable para el crecimiento y la salud en animales (12; 30).
Deficiencias clínicas de Zn han sido comúnmente diagnosticadas en toritos y terneros; sin embargo, en animales adultos cursan frecuentemente en forma subclínica porque los síntomas son de difícil visualización (pérdida de apetito, lenta cicatrización de heridas, entre otros). En rumiantes, la sintomatología se manifiesta en una amplia variedad de formas incluyendo retardo en el crecimiento, pérdida de apetito, lenta cicatrización de heridas, decrecimiento de la resistencia a infecciones, retraso en el desarrollo sexual, alopecia, paraqueratosis e hiperqueratosis (14; 21; 22; 43).
El efecto de la deficiencia de Zn se produce en todos los sistemas enzimáticos, pero los tejidos u órganos con mayor actividad en multiplicación celular o síntesis de proteínas (tegumentos, mucosas) son más severamente afectados. En bovinos, se ha demostrado que la deficiencia de Zn está asociada a una disminución en las respuestas inmunitarias celular y humoral. Con suplementos de Zn-vitamina A suministrados a terneros deficientes se incrementó la resistencia de los mismos a infestaciones por parásitos gastrointestinales, lo que permite inferir el efecto del Zn sobre los plexos linfáticos circundantes y la mucosa intestinal (16; 30). Con tratamientos profilácticos de Zn, en vacas para carne en gestación, se obtuvo: incremento en el peso de los neonatos, aumento de su vitalidad y disminución de la mortalidad perinatal causada por trastornos gastrointestinales (9). Además, la diferencia encontrada en contenido de inmunoglobulinas y minerales en el calostro y suero de los neonatos de vacas suplementadas con Zn versus no-tratadas, indica que este microelemento incrementa la inmunidad pasiva (6; 19).
Para diagnósticos y profilaxis de las deficiencias en rumiantes es necesario conocer, en forma general, las etapas o cronología involucradas.
El conjunto de "pools" corporales de micronutrientes (vitaminas y microelementos) constituyen las reservas del organismo. El hígado es un depósito común para micronutrientes (Cu, Fe, vitamina A, vitamina B 12) pero existen algunos depósitos (matriz ósea) de donde ellos no pueden ser rápidamente movilizados. Cuando los requerimientos netos (utilización + excreción) exceden la absorción de microelementos, el organismo inicia un proceso de compensación del déficit para mantener la concentración de 1os mismos en los sitios funcionales (24; 38).
1ª. Fase.- depleción: La reserva del microelemento en el organismo disminuye progresivamente. Durante este período de tiempo, el tenor circulante del microelemento en sangre se mantiene aproximadamente constante por control homeostático y los sistemas enzimáticos permanecen normales, aunque en algunas deficiencias (Cu) pueden aparecer algunos daños histopatológicos de importancia (8; 41).
2a. fase.- Deficiencia: Cuando las reservas son demasiado bajas el nivel plasmático comienza a disminuir, el sistema enzimático es menos eficaz, y el control homeostático conserva una mínima concentración del microelemento para la actividad fisiológica. En esta fase se ha demostrado (por pruebas in vitro) inmunodepresión en rumiantes (deficiencia de Cu y Se); también es la fase de acción profiláctica o de aplicación de medidas preventivas.
3a. fase.- Clínica leve: aparecen progresivamente lesiones bioquímicas con muy pocos signos clínicos, acompañadas por pérdidas en la producción. Esta fase, denominada deficiencia subclínica funcional o disfunción, es la más frecuente y difundida mundialmente.
Es muy difícil de efectuar un diagnóstico clínico porque los síntomas no son evidentes y se necesita realizar la confirmación por análisis de laboratorio (en general evaluando la concentración en plasma del microelemento o de enzimas específicas).
4a. fase.- Clínica: es la etapa terminal con deficiencia clínica grave y sintomatología específica para cada microelemento. La instauración de esta etapa dependerá de: a) la intensidad de la deficiencia (déficit instantáneo entre requerimientos y aportes); b) la duración de déficit (o interferencia de otros componentes en el alimento); c) reserva corporal inicial del microelemento. Estos son los tres componentes que generalmente integran el término severidad de una deficiencia.
Para microelementos con reserva corporal escasa o de difícil movilización (Zn) esta fase puede ser inexistente. Por otra parte, esta fase puede acelerarse: en animales en crecimiento; debido a la ingestión de antagonistas o bloqueantes de la absorción (Mo, S, Fe y fitatos para Cu; Ca para Zn); por ocurrencia de diarreas de distintos orígenes (vírico, bacteriano, parasitario, o nutricional); debido a otras condiciones (ingestión de tierra por sobre pastoreo para Cu y Zn; suplementos forrajeros mojados para Cu).
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