Uso del cobre tribásico como fuente de cobre en dietas de rumiantes

D. Colombatto*. 2007.  Veterinaria Argentina,  24(238):574-583.

*Ing. Agr. Ph.D. Profesor Adjunto, Depto. Producción Animal,

Fac. de Agronomía, U.B.A. Investigador Asistente de

 CONICET. Consultor privado en nutrición de rumiantes.

www.produccion-animal.com.ar

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Resumen

El presente trabajo tuvo como objetivo revisar la bibliografía disponible sobre el uso del cloruro de cobre tribásico como fuente de cobre en dietas de rumiantes. El cobre tribásico no es una fuente quelatada (mal llamada "orgánica") de cobre, sino que es una fuente inorgánica de muy baja solubilidad en rumen, lo que impide la formación de thiomolibdatos (complejos con molibdeno) en rumen, o la acción de otros antagonistas conocidos como los sulfatos presentes en el agua de bebida. Esto hace que, en presencia de antagonistas, el cobre tribásico tenga mayor biodisponibilidad que la fuente tradicional de cobre, como lo es el sulfato de cobre. Además, su relativamente alta concentración de elemento en el producto (56,5 %) presenta la ventaja que con pequeñas cantidades del mismo se pueda cumplir con las necesidades del elemento. Sin embargo, en ausencia de los antagonistas, no se han detectado diferencias entre las fuentes tradicionales, el cobre tribásico o las fuentes quelatadas consideradas en términos de biodisponibilidad o respuesta animal. Esto ha sido corroborado por diversos trabajos científicos, especialmente trabajos realizados en las Universidades de North Carolina y Florida en los EE.UU. Por último, en los últimos años se ha detectado un enriquecimiento de algunos suelos sometidos a producciones animales intensivas con microcontaminantes provenientes de suplementos minerales. Esto podría tener consecuencias muy desfavorables dado que los excesos de minerales y otros elementos pueden terminar contaminando cursos de agua y generando problemas ambientales severos, además de ocasionar mayores gastos a los productores ya que se paga por algo que el animal excreta al medio sin aprovechar. Esto ha llevado al concepto de "Nutrición de precisión", que básicamente consiste en formular productos de acuerdo a los requerimientos de los animales, el aporte de las dietas y la calidad de las aguas de cada establecimiento en particular. En este sentido, fuentes de Cu que sean más biodisponibles para el animal constituyen un paso adelante.

Introducción

El cobre (Cu) interviene en nume­rosas funciones biológicas dentro del organismo de animales y humanos (McDowell y Arthington, 2005) (Tabla 1).

 

 

Los requerimientos de Cu y otros microminerales en rumiantes en cre­cimiento y terminación han sido defi­nidos (Tabla 2).

 

 

Sin embargo, exis­ten situaciones en las cuales el apor­te de Cu de la dieta no logra adecuarse a los requerimientos de los animales, pudiendo ocurrir esto en dietas basadas en forrajes o con alta participación de concentrados (Engle y Spears, 2000). Además, estos re­querimientos son muy variables, de­pendiendo de la concentración de otros elementos de la dieta, principal­mente molibdeno y azufre.

Absorción del cobre

La absorción del Cu por parte de los rumiantes es muy baja (<1,0 – 10 %), y esto ha sido atribuido a la formación de complejos a nivel ru­minal (Spears, 2003). Altas concen­traciones dietarias de molibdeno y medias de azufre resultan en una re­ducción en la absorción de Cu, lo que ocurre principalmente debido a la formación de thiomolibdatos en rumen. Los thiomolibdatos son com­plejos ruminales que forman enlaces irreversibles con el Cu, que inhiben su absorción (McDowell y Arthing­ton, 2005). Ha sido reportado que ciertos thiomolibdatos pueden ab­sorberse e interferir sistemáticamen­te con el metabolismo del cobre (Spears et al., 2004). En el caso de presencia de altas cantidades de azufre y ausencia de molibdeno, la inhibición en la absorción de Cu se debe a la formación de sulfidos de cobre. Es bien sabido que altas con­centraciones de sulfatos en aguas de bebida reducen en gran medida la absorción de cobre. Por su parte, el hierro es otro elemento que pue­de interferir con la absorción del cobre. Spears (2003) reportó que en muchas ocasiones, los animales es­tán expuestos a altos consumos de hierro a través de agua, suelo o ali­mentos altos en este elemento.

 

Figura 1. Mapa de distribución espacial de deficiencias de Cu en la República Argentina. Zonas marcadas

con estrellas corresponden a regiones con presencia de antagonistas tales como Mo y SO4

 

La deficiencia de cobre es bas­tante común en el mundo, y a ex­cepción del fósforo, la deficiencia de Cu es la principal limitante en zonas tropicales (McDoweIl y Arthington, 2005). En las condiciones de la Re­pública Argentina, las deficiencias de cobre en los animales se pueden dar en casos en que los suelos con­tienen altas concentraciones de molibdeno y medias de azufre (co­rresponden en general a suelos de bajos, con altos contenidos de ma­teria orgánica, pero también ocurre en suelos bajos alcalinos), en zonas de mala calidad de agua (por exce­sos de sulfatos), o en las dietas de engorde a corral en las cuales se hace necesario balancear la oferta de minerales a los requerimientos de los animales de alta producción. Existen regiones determinadas, como la Cuenca del Salado en la Provincia de Buenos Aires, el NEA y algunas regiones del NOA en don­de es común observar animales con deficiencias de Cu (Figura 1). Una forma segura y relativamente barata de mejorar esta situación es median­te la utilización de suplementos mi­nerales que contengan este elemen­to.

Fuentes suplementarias de cobre en rumiantes

Tradicionalmente, el sulfato de cobre (CuSO4) ha sido usado como la fuente standard de los suplemen­tos cúpricos. En algunos ámbitos aún se sigue promoviendo el uso de óxido de cobre (CuO), pero esta fuente es esencialmente no disponi­ble para rumiantes (Spears, 2003; Spears et al., 2004), salvo por el uso reciente de bolos intraruminales a base de óxido (Sprinke et al., 2006; Pechin et al., 2006). La relativa efi­cacia de los bolos con respecto al óxido en polvo puede ser explicado por el lento pasaje de los bolos o agujas de óxido comparado con la forma en polvo (Spears, 2003). Sin embargo, estas fuentes son relativa­mente ineficaces cuando la concen­tración de antagonistas como el molibdeno y el azufre es alta. Suple­mentar con excesivas cantidades de sulfatos tampoco sería una solución lógica, ya que se generan mayores costos para el productor sin seguri­dad de éxito (los thiomolibdatos o sulfidos prevendrán la absorción del elemento), y los animales excretarán más Cu a través de las heces, crean­do un problema al medio ambiente. También ha sido visto que excesos de Cu generan problemas en la ab­sorción de Zn (Engle y Spears, 2000). En síntesis, uno pagaría de más por algo que el animal no sólo no aprovecha, sino que excreta, transfiriendo el problema al resto de la sociedad.

Una de las opciones presentes para mejorar la disponibilidad y ab­sorción de Cu en presencia de an­tagonistas, es la utilización de fuen­tes quelatadas (los mal llamados minerales "orgánicos"). Estas fuen­tes incluyen proteinatos de cobre (Ward et al., 1996), citratos de Cu (Engle y Spears, 2000), y Cu quela­tado con aminoácidos como lisina (Spears, 2003). Se ha reportado que la unión de la molécula de Cu a mo­léculas orgánicas permite la forma­ción de complejos solubles y alta­mente estables, que pueden resistir la acción de antagonistas (Brown y Zeringue, 1994). En algunos estu­dios, la disponibilidad de las fuen­tes quelatadas de Cu ha sido supe­rior a la del cobre en forma de sulfa­to, pero esto en general ocurre en presencia de antagonistas, ya que en ausencia de los mismos la dife­rencia desaparece (Spears, 2003).

Cobre tribásico

El cobre tribásico (Cu2OH3Cl) es una fuente inorgánica de Cu que ha sido revisada en buen detalle en la literatura (Engle y Spears, 2000; Ar­thington et al., 2003; Spears, 2003; Spears et al., 2004; Arthington y Spears, 2007). Aunque se trata de una fuente inorgánica de Cu, posee una muy baja solubilidad bajo condiciones ruminales (Spears et al., 2004). Esta baja solubilidad en ru­men le permite evitar la acción del molibdeno y el azufre, pero estar dis­ponible para la absorción una vez solubilizado por el ambiente ácido del abomaso (Spears et al., 2004; Tabla 3).

 

 

Los ensayos reportados en la li­teratura científica sugieren que, en presencia de antagonistas, el cobre tribásico es más biodisponible que el sulfato. Spears et al. (2004) encon­traron que la biodisponibilidad rela­tiva del cobre tribásico con respec­to al sulfato (base 1) fue de 1,32 (ba­sado en cobre en plasma; P < 0,07) y 1,96 (basado en cobre en hígado; P < 0,04). A la misma conclusión lle­garon Ward et, al. (1996) cuando compararon proteinato contra sulfa­to de Cu en vaquillonas en creci­miento. Sin embargo, en ausencia de antagonistas (ejemplo: dietas bajas en molibdeno y azufre), la biodispo­nibilidad relativa del cobre tribásico o del sulfato fueron similares (Spears et al., 2004).

En términos prácticos, estos ha­llazgos nos permiten inferir que en ausencia de antagonistas, la inclu­sión de una u otra fuente de Cu es­taría determinada por los costos de cada una, debiendo el productor estar atento a usar un suplemento mineral de buena calidad que cubra los requerimientos de los animales. En cambio, si se conoce la presen­cia de antagonistas en suelo o agua, entonces el uso de cobre tribásico estaría justificado ya que nos ase­guraríamos de entregar una fuente de cobre de mayor biodisponibili­dad. En algunos ámbitos, principalmente corporativos, existe la idea que las cantidades a suministrar de las fuentes más biodisponibles po­drían reducirse en virtud, justamen­te, de esta mayor biodisponibilidad. Si bien esta idea aparece como ló­gica, no existe evidencia experimen­tal que la sustente. Lo que sí debe­ría quedar claro, como ya fuera men­cionado, es que aumentar desme­suradamente la cantidad de sulfato de cobre en lugar de cambiar la fuente de Cu no es la opción más recomendable.

Cuando se compararon diversas fuente de Cu (sulfatos, citratos, pro­teinatos y tribásico) contra un con­trol sin Cu suplementario, los resul­tados en términos de reservas de Cu en hígado o concentraciones en plasma no mostraron diferencias entre las fuentes (Engle y Spears, 2000), aunque fue notable la diferen­cia a favor de los tratamientos su­plementados (Tabla 4).

 

 

Otra característica del cobre tribá­sico es su relativa alta concentración de elemento, con respecto a otras fuentes de Cu, inorgánicas o quela­tadas. McDowell y Arthington (2005) revisaron la concentración de algu­nas fuentes de Cu disponibles y su biodisponibilidad relativa, encontran­do que con excepción del óxido (prácticamente indisponible para ru­miantes), el cobre tribásico era el que más concentración del elemento te­nía (Figura 1). En términos prácticos, esto quiere decir que se necesitan menos kg de cobre tribásico para obtener la misma cantidad de Cu en el suplemento. Estos mismos autores (McDowell y Arthington, 2005) colo­caron al cobre tribásico un valor com­parable de 110 vs. 100 de sulfato de Cu (usado como Standard), sólo su­perado por el carbonato cúprico y el cloruro cúprico (Figura 2).

 

El concepto de "Nutrición de Precisión"

En los últimos tiempos, el precio de los suplementos minerales ha ido en aumento debido principalmente al costo de los insumos utilizados en las formulaciones. Dentro de estos insumos, el Cu ha sido uno de los que más ha aumentado su costo. Dado el beneficio obtenido al suple­mentar con Cu a los animales en condiciones de deficiencia, dejar de suplementar no es una opción. Es prioritario entonces asegurar una formulación mineral de calidad que asegure la entrega del elemento en su forma más biodisponible, de modo que asegurarle al productor que no se le están trasladando cos­tos de ineficiencia.

Por otra parte algunos reportes re­cientes (Moscuzza et al., 2005; Mos­cuzza y Fernández Cirelli, 2006) han alertado sobre la posibilidad de ge­nerar enriquecimiento de suelos con microcontaminantes provenientes de los suplementos minerales del gana­do. Esto podría tener consecuencias muy desfavorables dado que los ex­cesos de minerales y otros elementos pueden terminar contaminando cur­sos de agua y generando problemas ambientales severos. Algunas provin­cias han comenzado a diseñar algu­nas legislaciones ambientales para sistemas intensivos de producción bo­vina, las cuales, de ser realizadas bajo la supervisión de expertos en la ma­teria, serán beneficiosas para la so­ciedad en su conjunto. Sin embargo, esto implica que los productores deberán extremar los recaudos para bus­car sistemas que optimicen el resulta­do económico de sus explotaciones sin caer en infracciones a la legislatu­ra ambiental vigente.

Estos dos puntos mencionados, el hecho de no trasladar costos inne­cesarios al productor, y el reconoci­miento de que lo que el animal no absorbe es excretado al medio am­biente, llevan a la necesidad de for­mular dietas con mayor precisión ("Nutrición de Precisión"), lo que re­sulta en la optimización del resultado productivo/económico con un cuida­do responsable del medio ambiente. En este sentido, fuentes de Cu que sean más biodisponibles para el ani­mal constituyen un paso adelante.

Conclusiones finales

El cobre tribásico no es orgánico sino que tiene baja solubilidad en rumen.

En presencia de antagonistas como el molibdeno y el azufre, el cobre tribásico se comporta me­jor que fuentes inorgánicas de Cu (sulfato de Cu) porque no permi­te la formación de thiomolibdatos en rumen.

En ausencia de antagonistas, la performance de sulfato de Cu, cobre tribásico o fuentes quela­tadas ("orgánicas"), es similar. Comparado con fuentes orgáni­cas, la performance de cobre tri­básico es similar.

La nutrición de precisión ayuda a reducir los costos al productor, minimizando el impacto de exce­sos de minerales sobre el medio ambiente.

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