Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Ing. Agr. Ignacio
Galli. 2003. Hoja
Informativa Electrónica Nº 95 E.E.A INTA
Concepción del Uruguay, Argentina.
Desde el
punto de vista exclusivamente técnico un sistema ganadería debería orientarse exclusivamente
a la invernada por conversión de energía pasto-carne.
Pero hay
poderosas razones financieras que hacen prácticamente inviable esta
alternativa.
El agricultor
o el propietario que cede su campo en arrendamiento con destino agrícola no
tienen los recursos financieros para implantar las pasturas que exige una estrategia de ingresos y menos aún para comprar
animales de invernada.
Por algo casi
la mitad de los vientres vacunos del país está localizado en áreas agrícolas lo
que históricamente ha generado los ciclos de retención o liquidación.
La vaca es la
caja de ahorros del chacarero que reemplaza al inaccesible crédito bancario.
Cuando necesita dinero vende vacas y cuando tiene ingresos superiores a los
retiros compra. Cuando la vaca es una herramienta financiera la producción de
terneros y los atributos de calidad de éstos (especialmente los de conveniencia
para el comprador) tienen un rol secundario.
Esta opción
mejora la eficiencia económica de la cría que pasa a ser un sistema de engorde
de vacas de propia producción superiores a los de la agricultura por la mínima
incidencia de los gastos directos. Este es el aporte del sistema real a
la formulación de un proyecto orientado a incrementar la eficiencia del sistema
y a mejorar la calidad de los productos.
Es necesario
mejorar la eficiencia porque, al ser el ternero un subproducto de un sistema
orientado a la invernada de vacas, el porcentaje de terneros logrados y la
elevada participación porcentual de los vientres incorporados a este si hacen
que el porcentaje de terneros logrados en el rodeo nacional resulta de un
promedio entre los índices de terneros logrados (prácticamente superior al 85
%) y los que caracterizan a los típicos “campos con vacas” típicos de los
vientres disponibles en áreas agrícolas.
Los
resultados que se esperan de este proyecto son: Mejorar la calidad de las vacas
gordas aumentando la eficiencia de producción (cantidad de carne producida por
vaca vendida y el porcentaje de terneros logrados) la calidad de la carne (definiendo
la edad tope de faena función de le mejorando la genética) y la estabilidad de
la oferta (especialmente de contraestación y vacas gordas todo el año).
Aumentar
drásticamente el capital intelectual estructural integrando los operadores de
la cadena de producción, reteniendo las vacas en los campos agrícolas y
derivando los terneros (con lactancias mínimas) a sistemas integrados de recría
e invernada. Esto implica la inclusión de operadores calificados en todos los
niveles, con una alta especialización que jerarquizará las tareas de jóvenes
interlocutores válidos (los hijos y familiares del chacarero)
Es, en
términos concretos, la formalización de contratistas en ganadería que elevarán
el nivel de decisiones de los nuevos gerentes chacareros que deberán decidir la
distribución del uso de su tierra para garantizar la sustentabilidad de los
sistemas de producción y deberán hacer un riguroso control de las operaciones
en su predio y participar de la plataforma logística que decidirá el
funcionamiento de las cadenas de producción.
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