PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

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Desmontes en el norte, una historia sin fin

La Nación, Sec. Campo Centro, domingo 10.10.04, pag. 3.

La región ha sido siempre castigada por las deforestaciones

Primero fue la firma La Forestal. Luego, los ex hacheros desesperados por sobrevivir tras perder su trabajo. La historia de los desmontes en Santa Fe comenzó hace más de 50 años, y hoy vuelve de la mano del avance de la frontera agrícola. Una historia que para los habitantes del Norte no tiene fin y de cuyas consecuencias (como las inundaciones) los gobernantes parecen no acusar recibo.

La situación se agravó en la última década. En los últimos cinco años se desmontaron en la cuenca del Salado unos dos millones de hectáreas. Solamente en los departamentos 9 de Julio, Vera y General Obligado, Fundapaz y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) estimaron que se pierden unas 30.000 hectáreas de monte nativo por año.

Estas localidades forman parte del Chaco sudamericano, región que abarca 110 millones de hectáreas en el norte argentino y países limítrofes. Los datos proporcionados por la UNL consignan que en la época colonial los bosques ocupaban 170 millones de hectáreas. Hoy los bosques ocupan 33 millones de hectáreas, un 70 % menos.

Además de ser una importante reserva natural y fuente de ingresos de centenares de familias, el bosque es una defensa antiinundaciones. Esto se debe a que en la zona del norte nace el río Salado, y traspasa Salta, Santiago del Estero y Santa Fe, llevando un importante caudal de aguas.

Cuando cae la lluvia, no es igual que lo haga sobre los bosques o sobre tierra trillada. Si los montes se mantienen, actúan reteniendo el 80 % del agua. En cambio, si estas superficies están cultivadas, sólo retienen un 20 %, y ocurre lo peor: el agua corre buscando la depresión del terreno en caudales extraordinarios y desborda los cauces, ahogando las ciudades. Exactamente lo que sucedió en Santa Fe en 2003.

"El problema acá es que vienen empresas que compran grandes extensiones y desmontan todo para arrendar, porque la hectárea pelada se cotiza más", contó Martín Simón. "La UNL, advirtió que los desmontes iban a provocar inundaciones, pero sólo nos escucharon después del desastre de 2003", recordó Gustavo Marino, de la Cátedra de Ecología de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL. "Los bosques participan en la regulación del ciclo de agua, ya que el consumo de agua en un bosque supera los 1200 milímetros por año, mientras que un cultivo de soja apenas alcanza los 400 mm", explicó Marino. "No es nuestro propósito evitar que alguien viva gracias al bosque. Nosotros estamos estudiando diversos modelos de desarrollo sustentable, adaptados al ecosistema subtropical, para no seguir usando el modelo pampeano", agregó.

Mesa Agroforestal

Ante el avance de la desertificación, diversas entidades se unieron para promover el desarrollo sustentable, a través de la Mesa Agroforestal Santafecina, responsable, por ejemplo, del Programa de Manejo de Recursos Naturales, llamado Bosques para siempre. El plan, consensuado con el Gobierno, estuvo cajoneado por varios meses, hasta que dos hechos sacudieron al expediente del eterno sueño de la burocracia: las inundaciones de 2003 y la intervención federal de Santiago del Estero.

El segundo hecho se dio a partir de la casualidad de que el ambientalista Daniel Sabsay, que iba a dar una charla sobre desmontes, se convirtió, dos días antes de realizarse la charla, en el segundo hombre de la Intervención. Sabsay dio el taller en calidad de virtual vícegobernador, y en plena disertación anunció que en Santiago se empezaba a aplicar el programa Bosques para siempre, "un plan al que Santa Fe no le prestó atención", dijo. "Al día siguiente, los teléfonos no paraban de sonar. Todos querían saber qué se podía hacer", recordó Simón.

El programa "pretende alcanzar a todas las explotaciones de la región, los trabajadores y las comunidades aborígenes, provocando un impacto social regional", comentó Simón. "En el plan, los pequeños propietarios encontrarán la posibilidad de ejecutar mejoras productivas y crear empleo, y se darán incentivos, como ayudas económicas o desgravaciones, que promuevan el desarrollo sustentable", explicó Simón.

Uno de los casos de desmontes que más resonó fue el que denunció el jefe comunal de Villa Minetti, Hugo Terré, que pidió que se frene el desmonte de 5800 hectáreas que iba a llevar a cabo la firma belga Los Guasunchos.

Terré dijo que luego de la denuncia conversó con el administrador de la firma y que éste entendió la situación. "Nos sentamos con él y le explicamos que nosotros no éramos los malos de la película", recordó.

"Fue una conversación áspera, pero nos entendió, sobre todo cuando le dijimos que si nosotros llegábamos a intentar cortar una planta en su país, nos llevaban presos", comentó.

El caso de Villa Minetti trajo a la memoria de muchos el paso de La Forestal, compañía extranjera que explotó hasta el agotamiento el quebracho colorado de la cuña boscosa durante 60 años.

Ley de moratoria

Una de las iniciativas de la Mesa Agroforestal fue la ley de moratoria de desmontes, para que éstos se frenen por al menos 6 meses. "Es menester que esta ley se apruebe antes de fines de noviembre, porque una vez que se cierra el período de sesiones estamos perdidos hasta mayo, en que vuelve a comenzar. Y en esos meses de inactividad del verano se pueden hacer desastres con la topadora", alertó Martín Simón.

 

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