Ings. Agrs. G. Savilla y A. Pasinato. 2006. E.E.A. Concepción del Uruguay,
R. A., Hoja Informativa Electrónica 6(148).
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Los
manifiestan que la ganadería tiene un lugar en los establecimientos
agropecuarios. Ningún sistema rentable en el corto plazo lo será en el
largo plazo si no es sustentable ambiental y socialmente.
La agriculturización (más específicamente sojización) que se produjo en
Entre Ríos comprende no solo suelos de aptitud agrícola, sino también ambientes
que no deberían haber abandonado nunca la actividad ganadera. El proceso se
caracterizó por un abandono de la rotación agrícolo-ganadera (no se sembraron
nuevas pasturas), liquidación de vientres, deterioro de instalaciones ganaderas
y alambrados, escasa o nula fertilización y deficiente manejo conservacionista.
Las pasturas roturadas entregaron suelos con propiedades físicas y químicas
mejoradas que permitieron mantener o aumentar los rendimientos de grano.
También contribuyeron a ello la alta organización de los contratistas y el uso
de semillas y agroquímicos de elevada calidad. En ningún caso se puso valor al
aporte del “insumo pasturas” sobre la producción agrícola.
La Organización de Naciones Unidas definió DESARROLLO SOSTENIBLE como aquel
que puede satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin
comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras. Si
se acepta como válido ese concepto, no puede minimizarse la dramática pérdida
de nutrientes que ha sufrido el suelo en las últimas 3 décadas. Si solamente se
considera el nitrógeno, fósforo y potasio extraídos en los granos de soja, maíz
y trigo en la región pampeana desde 1970 (no se contabilizan las pérdidas de
nutrientes al aire y a las napas de agua del suelo) se alcanza la espectacular
cifra de 23 millones de toneladas. Cuando se le pone precio a estas salidas de
nutrientes, los márgenes brutos agrícolas se reducen en promedio en un 20%.
La agricultura bajo siembra directa es una tecnología de labranza
conservacionista que trata de disminuir los efectos nocivos de la labranza
convencional sobre las características físicas y químicas del suelo. Sin
embargo, no es una solución completa en lo que hace a recuperación de materia
orgánica y nitrógeno del suelo si se la compara con las pasturas perennes
gramínea-leguminosa. Tampoco ha mostrado ser totalmente eficaz para evitar la
erosión hídrica en suelos con pendiente elevada como los que presenta la
provincia de Entre Ríos.
La ganadería por si sola no asegura la recuperación de fertilidad, más aún
en la actualidad donde los sistemas pecuarios debieron intensificarse para
poder compartir el suelo con la agricultura. Este proceso ha llevado a la
aparición de deficiencias en nutrientes, especialmente fósforo. A pesar que no
más del 10% de los nutrientes extraídos del suelo se exportan del sistema en
producto animal, la distribución de heces y orina en el lote no es homogénea.
Por lo tanto, se originan áreas con deficiencias y excesos de nutrientes. La
elaboración de balances de nutrientes y la fertilización con el objetivo de
reponer los faltantes, permitirá mantener la fertilidad de los suelos.
Si bien hay quienes sostienen que la agricultura continua bajo siembra
directa puede reemplazar a la ganadería y mantener la fertilidad de los suelos,
la ganadería presenta una serie de ventajas sobre la agricultura que son
indiscutibles. En primer lugar permite estabilizar los sistemas mixtos al
diversificar los riesgos. Además brinda la posibilidad de transformar cosechas
en producción animal, situación no aprovechable en sistemas agrícolas puros.
Otro aspecto positivo de la ganadería lo constituye el hecho de tratarse de una
actividad que requiere dedicación diaria, lo que asegura la permanencia de
población rural.
Como se expresó con anterioridad, la ganadería debe ser de alta producción
para poder ser complementaria de la agricultura. Si bien las tecnologías para
lograr ese salto productivo existen, son generalmente de más difícil aplicación
para el productor que las agrícolas. Estas últimas son fundamentalmente de
insumos (p. ej. agroquímicos) y son rápidamente entendidas e implementadas
aunque ello signifique mayor costo. Las tecnologías pecuarias son
fundamentalmente de proceso (p. ej. manejo del pastoreo) y por ello, en muchos
casos son más difíciles de adoptar.
La intensificación que ha sufrido la ganadería de carne y leche tuvo por
finalidad aumentar la rentabilidad y se basó en 2 pilares. En primer lugar, el
aumento en producción y utilización de forraje, una tecnología de costo
prácticamente cero, mejoró sustancialmente los índices ganaderos. El paso
siguiente fue la suplementación especialmente energética (granos) que balanceó
las dietas y elevó el nivel de nutrientes de las mismas, e indirectamente
contribuyó a un mejor aprovechamiento del forraje. Es importante tener presente
que la suplementación no debe enmascarar el mal manejo de las pasturas, ya que
el pasto es el más barato de los alimentos. Es destacable resaltar que este
proceso no solo mejoró la sustentabilidad económica, sino también la ambiental.
El aumento en litros de leche y kilos de carne provocó una disminución en las
emisiones de anhídrido carbónico y metano a la atmósfera por unidad de
producto, y no incrementó a niveles contaminantes los valores de nitrógeno y
fósforo de los suelos. En cuanto a la sustentabilidad social, representada por
alimentos sanos para la salud humana, la leche y la carne producidas a pasto
con suplementación energética en niveles moderados proporcionan productos con
sustancias anticancerígenas y que previenen enfermedades coronarias.
Si bien es incierto el futuro de la ganadería en áreas agrícolas, también
se plantea otra duda ¿cuál será el futuro de la agricultura sin ganadería?. Las
respuestas a estas preguntas deben considerar un marco amplio, donde la
rentabilidad debe contemplar aspectos ambientales y sociales, además del precio
puntual de una actividad.
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