Cuidado con los ambientalistas inescrupulosos

Jorge Adámoli*. 2006. AACREA, Congreso Ganadero del Norte Argentino,

Termas de Río Hondo, Santiago del Estero.

*Investigador del Laboratorio de Ecología Regional de la

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

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Muchas veces desde los sectores de la producción se cuestiona severamente a los grupos ambientalistas que defienden posiciones fundamentalistas. Comparto estas críticas, porque estos grupos fundamentalistas le restan mucha credibilidad a los esfuerzos de quienes buscan conciliar los intereses de la producción con la defensa de las condiciones ambientales, ya que no son posiciones opuestas, sino complementarias.

 El mejor ejemplo al respecto es el de un campo en el cual se evita el sobrepastoreo y toda forma de erosión, además de las quemas indiscriminadas, entre otros aspectos. Estas medidas son imprescindibles para un exitoso proyecto productivo y, al mismo tiempo, son esenciales como elementos de política ambiental.

En el marco del denominado movimiento ambientalista, es posible hacer una diferencia entre tres grupos diferentes. El primero de ellos corresponde a los que trabajan de manera responsable.

Es probable que no hayan oído hablar de muchos de los grupos que trabajan en forma seria; uno de ellos, por ejemplo, es la ONG Aves Argentinas (Asociación Ornitológica del Plata), que, con 90 años, es la ONG más antigua de la Argentina.

El segundo grupo fue calificado por el investigador como aquel integrado por personas que son honestas, pero que trabajan de manera emocional y poco fundamentada en términos científicos.

El tercer grupo corresponde a aquellos que se manejan de manera oportunista o inescrupulosa, entre los cuales incluyó a Greenpeace.

Greenpeace trabaja para la acción en lugar de buscar soluciones a problemas ambientales; muchas ONG que no tienen tanta difusión pública, se han sentado a negociar y han encontrado soluciones a problemas ambientales serios.

Comparto esas críticas al fundamentalismo ambientalista, pero creo que al mismo tiempo debería cuestionarse a las empresas que tienen actitudes de desprecio por las cuestiones ambientales y por los criterios de equidad social, así como a las que obtienen ventajas competitivas evadiendo impuestos, actuando al margen de la responsabilidad social empresaria.

 No nos corresponde hacer la clasificación de las empresas, pero es posible que se encuentren categorías equivalentes.

El armado de una política de acercamiento entre los sectores productivos y ambientales, debería excluir necesariamente a las últimas categorías.

La mejor forma de verificar si las declaraciones de un empresario sobre buenas prácticas ambientales se ajustan a la realidad, pasa por saber quiénes están asignados a implementar esas políticas.

El planteo resulta más comprensible si se piensa a la inversa: un establecimiento que se proponga implementar un proyecto ganadero con tecnologías de punta, pero pone al frente a un equipo de personas sin ninguna trayectoria reconocida en implantación de pasturas, procesos de ensilado, manejo de rebaños o política comercial. Sólo un milagro haría que, con semejante improvisación, los resultados fueran aceptables. En materia de política ambiental sucede lo mismo: quién quede al frente debería tener una capacitación, una trayectoria y una cuota de poder en la estructura empresarial, para que le permitan llevar adelante la política enunciada por la empresa.

La expansión e intensificación de las actividades agropecuarias benefician al hombre con más alimentos, fibras, ingresos y empleo, pero imponen al ecosistema costos que a la larga comprometen la sustentabilidad de esos beneficios. El dilema es que mientras los beneficios son económicos, de corto plazo y conocidos, los costos son ecológicos, de largo plazo y en general impredecibles.

Adámoli está coordinando un proyecto conservacionista en la región chaqueña denominado Proyecto Tres Quebrachos. El mismo está siendo llevado a cabo por productores agropecuarios de la zona de Charata (Provincia del Chaco) que se caracterizan por su buen  nivel técnico y por un compromiso tácito para conservar los remanentes del Bosque de los Tres Quebrachos.

Al no existir áreas protegidas que incluyan a este tipo de bosque, ni tierras fiscales disponibles en el área de distribución del mismo, la única alternativa de conservación de este ecosistema único pasa por la actividad en los campos de los productores.

Para tal fin, se formó una alianza entre varios productores locales y entidades representativas de los sectores productivo (AAPRESID), ambientalista (Fundación Vida Silvestre Argentina) y académico (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA), que se propone conciliar los intereses de la alta producción con los de la conservación de la diversidad biológica, así como de los bienes y servicios ambientales, lo que puede ser un modelo para otras áreas del norte argentino.

 

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