Ing. Agr. Jorge Adámoli, Lic. Sebastián
Torrella y Lic. Rubén Ginzburg*.
2006. Rev. Brangus, Bs. As., 28(53):94-96.
*Lab. de Ecología Regional, FCEyN, UBA.
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Introducción
Las relaciones entre los sectores de la producción y las organizaciones conservacionistas son en general inexistentes; y la ganadería, por ser la actividad rural de menor impacto, debería ser un puente para este diálogo. Pero, ¿por dónde empezar?
En los últimos tiempos se están multiplicando iniciativas que buscan acercar las posiciones entre los sectores productivos y ambientales. Una de ellas ha sido el taller "Desafíos y oportunidades para la expansión agropecuaria en la Argentina y sus implicancias para el medioambiente", organizado en forma conjunta por el INTA y la Fundación Vida Silvestre Argentina.
Hacia las primeras décadas del siglo XX se produjo un ingreso masivo de ganaderos en la región del Chaco Salteño. Aunque los campos no estaban divididos, cada uno disponía de una superficie del orden de las 5.000 hectáreas -cuyo regulador eran las aguadas-, en las cuales los puesteros manejaban rodeos de alrededor de unas 1.000 cabezas, con una tasa de extracción en torno al 12 por ciento. Una parte importante del Chaco estaba ocupado por grandes "pampas" o "abras", formadas por sucesivos incendios forestales. Estas áreas fueron colonizadas por las gramíneas del sotobosque.
La multiplicación de los puestos ganaderos y la recarga animal provocaron un severo colapso en el estrato forrajero, cuyas razones vale la pena analizar.
En primer lugar, los pastos de la región chaqueña, de los géneros Trichioris, Gouinia y Setaria, si bien son de excelente calidad, tienen un sistema radical muy poco profundo. Las especies forrajeras chaqueñas no crecieron con una fuerte presión de pastoreo, ya que los mayores herbívoros son, por ejemplo, los guasunchos (venaditos cuyo hábito de forrajeo consiste en morder la punta de las hojas).
A diferencia de las chaqueñas, las forrajeras de la sabana africana coevolucionaron con una fuerte presión de pastoreo de grandes herbívoros. Esto explica los poderosos sistemas de anclaje de estas especies, clave para su éxito como forrajeras cultivadas en zonas tropicales.
En los pastizales, la arquitectura de las gramíneas favorece la conducción de las lluvias de baja intensidad directamente a las raíces de los pastos, quedando el espacio entre matas seco, lo cual dificulta la instalación de los renovales de leñosas. Cuando algunos de esos renovales emergía por sobre el canopeo herbáceo, los fuegos recurrentes restablecían el equilibrio favorable a los pastos. La entrada de un herbívoro de gran porte como el vacuno redujo la disponibilidad global de biomasa; además, el hábito de forrajeo basado en envolver con la lengua a la mata de pasto, hizo que muchas plantas fueran arrancadas de raíz, dejando claros.

VERDADES CONTRA REALIDADES
Diversas provincias tienen algún proceso de zonificación, a partir del cual se establecen los porcentajes máximos de desmonte admisibles. El objetivo de estas medidas es asegurar que queden en pie muestras representativas de la diversidad biológica original. Pero lo que en general no queda tan claramente establecido es:
a) Qué unidades de vegetación deben quedar en pie. En general, los desmontes se hacen basados en la "aptitud productiva" de las tierras. En ese sentido, se considera que es válido desmontar totalmente un tipo de bosque si éste crece sobre suelos de potencial productivo. No se tiene en cuenta la importancia de conservar muestras representativas de las diversas unidades ambientales.
b) Qué es lo que se puede hacer y qué no se puede hacer en las tierras que deben quedar con vegetación natural. Muchas veces se interpreta que para mantener las áreas con vegetación nativa es suficiente con dejar algunos árboles en pie y sembrar pasturas entre los árboles; esto es a los fines prácticos una forma de ir eliminando lentamente la vegetación nativa, ya que virtualmente se impide el reclutamiento de juveniles. Los sucesivos incendios, mientras tanto, van destruyendo poco a poco lo que queda de los bosques originales.
Como consecuencia de lo anterior es frecuente que en los mapas de los establecimientos se destinen como áreas para la conservación de la diversidad biológica solamente a los sitios que no tienen interés para los procesos productivos. El objetivo de la conservación no puede limitarse solamente a cierto tipo de ambientes -salinas, áreas inundables- sino asegurar que queden muestras representativas de los diversos ambientes naturales, inclusive los que crecen sobre suelos de buena aptitud productiva, ya que las especies que allí se desarrollan pueden no estar representadas en los otros ambientes
Varias provincias tienen establecidas normas para la implantación de cortinas forestales. Los objetivos básicos de las cortinas son dos: proteger a los suelos de la erosión y asegurar refugios para las especies silvestres. Lamentablemente, existen demasiados ejemplos en los que, al cabo de pocos años, las cortinas quedan reducidas a una lánguida fila de árboles o arbustos sin ninguna utilidad, cuando no son directamente desmontadas y quemadas.
Concentrándonos en los temas vinculados con la conservación de las especies, cabe destacar que en el diseño de las áreas protegidas se privilegia a las formas compactas, como cuadrados o círculos, ya que son las que minimizan la relación perímetro/superficie. Para los objetivos de la conservación, esto es esencial.
Hay una amplia experiencia mundial en el sentido de favorecer a estas formas compactas y desalentar las formas alargadas. La razón principal es que en las formas alargadas, como puede ser una cortina, se maximiza la relación perímetro/superficie, ya que estas formas implican mayores riesgos de destrucción por vientos, invasión de especies exóticas, mayor susceptibilidad a incendios, afectación por aplicaciones de herbicidas o pesticidas, aumento de la predación, además de dificultar el contacto entre ejemplares de una misma especie, que pueden quedar separados por grandes distancias.
Tomando una superficie de 10.000 hectáreas, por ejemplo, en un formato cuadrado tendría 10 kilómetros de lado (100 km2). Si las cortinas tuvieran 100 metros de ancho (0,1 kilómetro) y una separación de 500 metros en sentido N-S y de 1.000 metros en sentido E-O, resultarían:
Sentido E-O
20 cortinas de 10 km x 0,1 km = 200 km x 0,1 km = 20 km2
Sentido N-S
10 cortinas de 10 km x 0,1 km =100 km x 0,1 km =10 km2
Es decir, en total habría 300 kilómetros de cortinas, con una relación perímetro/superficie de 600,2 km/30 km2.
Manteniendo el espíritu de la normativa y las superficies resultantes, podría pensarse en otro diseño, que sería más práctico para los productores y mucho mejor para la conservación: un bloque compacto de 30 km2 (3.000 ha), cuyos lados serían de 5.477 kms, lo que daría una relación perímetro/superficie de 21,9 km/30 km2.
Frecuentemente se discute sobre los sistemas silvopastoriles y sobre las técnicas del desbajerado para la remoción del estrato arbustivo o arbóreo bajo, y la posterior siembra de pastos cultivados. En mi opinión, si estas técnicas son útiles para el sistema productivo, no tengo ninguna objeción, pero si se las presenta como modelo de política ambiental, me parecen insuficientes, o inclusive negativas, si son el único elemento ambiental que se propone.
La conservación de un ambiente implica la existencia de condiciones que permitan la sobrevivencia de las diversas especies vegetales y animales que lo integran, así como de las funciones y servicios que esos ambientes prestan. Un quebrachal del que sólo restan algunos árboles adultos y que tiene todo el estrato herbáceo ocupado por un pasto cultivado puede ser muy interesante para la producción, pero está virtualmente perdido como comunidad natural, pues la mayor parte de las especies que lo componían habrán desaparecido, e inclusive los árboles que quedaron en pie difícilmente podrán regenerarse, porque sus juveniles desaparecerán comidos por el ganado o quemados en los sucesivos fuegos, los que finalmente terminarán por matar a los mismos árboles.


PROYECTO TRES QUEBRACHOS
Este proyecto se propone trabajar en predios de productores agropecuarios de la zona de Charata, provincia del Chaco, caracterizados por su buen nivel técnico en cuanto a las actividades productivas y por un firme compromiso para la conservación de los remanentes del Bosque de los Tres Quebrachos. Debe destacarse que al no existir áreas protegidas que incluyan a este tipo de bosque, ni tierras fiscales disponibles en el área de distribución del mismo, la única alternativa de conservación de este ecosistema único pasa por la actividad en los campos de los productores.
Para tal fin, se formó una Alianza Estratégica entre los productores locales y entidades representativas de los sectores productivo (AAPRESID), ambientalista (Fundación Vida Silvestre Argentina) y académico (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA), que se propone conciliar los intereses de la alta producción con los de la conservación de la diversidad biológica, así como de los bienes y servicios ambientales, lo que puede ser un modelo para otras áreas del Norte Argentino.
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