PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

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LA MEDICINA VETERINARIA Y EL EJERCICIO PROFESIONAL EN LA CLÍNICA DE PEQUEÑOS ANIMALES A TRAVéS DEL TIEMPO

Juan Tomás Wheeler. 2001. MV. MSc. Prof. Titular FAV UNRC.

 

“... el que no conoce la historia de su especialidad es un extraño en su propia casa.”

                       August Postolka, Viena 1887.

 

Al ingresar como estudiantes a la carrera de Medicina Veterinaria resulta obvio que nuestro motivo de estudio serán los animales, tan obvio como que para un estudiante de medicina será el hombre y su salud y para un estudiante de abogacía las leyes. Sin embargo esto no siempre fue así. El origen de nuestra profesión se diluye en los orígenes mismos de la historia del hombre. El ejercicio profesional tal como hoy lo concebimos actualmente no tuvo su origen hasta una época muy reciente. Si quisiéramos otorgar una fecha exacta podríamos tomar como punto de partida el momento de la creación de los estudios superiores de Medicina Veterinaria en Francia. De todos modos no estaríamos siendo del todo justos con los precursores y peor aun, estaríamos desconociendo el verdadero motivo de nuestra “existencia profesional”.

Resulta difícil rastrear los orígenes de la práctica profesional en pequeños animales o animales de compañía. Para esto comenzaremos a tratar de identificar cuales eran los roles que la sociedad le fue otorgando a nuestra profesión a través del tiempo e intentaremos predecir cuales serán los que les otorgará en el nuevo milenio.

La relación entre los animales y el hombre tiene un origen ancestral que DARWIN (1809-1882) presentó claramente en su teoría de la evolución de las especies. Pero el “mono inteligente” que nos precediera,  consiguió dominar a las otras especies animales y utilizarlas en su provecho. La consecuencia de esta dominación fue la extinción de muchas especies de animales salvajes, algunas de ellas,  perseguidas por su valor alimenticio, sus pieles, cueros o simplemente por el “placer de cazarlas”; otras desaparecieren al ser ocupados y modificados sus nichos ecológicos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a analizar otra forma de dominación, menos traumática pero igualmente prepotente, la “domesticación”. Este fenómeno, por demás interesante, tuvo como objetivo aprovechar las cualidades de algunas especies salvajes y usufructuarlas en beneficio del hombre. Sin duda, de todos los animales considerados “domésticos”, el perro, el caballo y el gato prestaron “servicios” tan importantes a este “mono inteligente” que no es posible imaginar la historia  del hombre, sin la presencia de estos animales.

 El perro aparece en Europa en la edad intermedia entre el paleolítico y el neolítico, hace unos quince mil años. De este primer contacto entre el hombre primitivo y el perro aún salvaje, nace una relación que se irá acentuando a través del tiempo.  El gato, como animal doméstico, tiene una relación más tardía con el hombre, se supone que su origen se remonta a las primeras culturas agrícolas, cuando el ser humano comenzó a hacerse sedentario hace unos siete mil años atrás. El caballo le permitió al hombre acrecentar sus conquistas mas halla de su poderío físico, constituyéndose en una herramienta indispensable para el trabajo y la guerra. 

 La historia de la   veterinaria se remonta a los orígenes mismos de la civilización, pero es en Egipto donde se encuentran las primeras referencias sobre la práctica de la “profesión veterinaria”. El papiro Veterinario de Kahun, perteneciente a la 12ava. dinastía, está fechado entre el año 2.000 y 1.800 a.C. Sí bien parte de este papiro se encontró destruido y los restos no son totalmente comprensibles, se puede entender que en este documento las enfermedades son tratadas exponiendo sus principales síntomas. Los nombres que se le adjudican no son comparables a los actuales y sus diagnósticos poco racionales. En este documento se indican también las terapias posibles, dividiéndolas en dos partes: una parte mágico-religiosa y una parte racional. No se hace referencia expresa a los pequeños animales, pero debe recordarse que los gatos eran considerados animales sagrados y que los egipcios poseían dioses con formas zooantropomorfas. Anubis, dios de los muertos tenía cabeza de perro o chacal y cuerpo de hombre.

De las culturas mesopotámicas y especialmente de Babilonia, se encuentran referencias sobre la práctica veterinaria en el código de HAMMURABI, sabio Rey Babilonio cuyo reinado se ubica en el 1.700 a.C. En este tratado, no existen expresas indicaciones del perro o el gato y tampoco del caballo. Este último era todavía poco utilizado como animal de guerra y  con exclusividad casi absoluta por los reyes.

En la India antigua se encuentra una abundante bibliografía sobre medicina veterinaria, que permite apreciar un alto grado de especialización. Lamentablemente, no es hasta que fueron traducidas a las lenguas europeas, que llegó a conocerse esta información, por ello es difícil poder establecer con certeza la antigüedad de algunas obras, ya que los originales se han perdido para siempre, restando solamente las traducciones.

Con el origen del Budismo y su irrupción en la India, la cultura del cuidado de los animales alcanzó una gran importancia. Las enseñanzas de AHIMA, prohibían dañar o matar a otros seres vivos. El rey ASCHOKA (272-231 a.C.) creó hospitales para animales en todo el territorio de la India.

La cultura griega tomó estrecho contacto con la hindú cuando el Budismo comenzó a expandirse, luego de las conquistas de Alejandro el Grande en el año 326 a. C. ARISTÓTELES (384-322 a.C.) realiza investigaciones zoológicas que fueron sumamente interesantes.  La mitología griega menciona frecuentemente al perro, Vulcano por ejemplo, forjó un perro de bronce y le insufló vida, para obsequiárselo a Zeus[1].  Es igualmente famosa la leyenda de “Argos” el perro de Ulises[2] quien fue el único ser vivo que lo reconoció al regresar a Itaca, luego de 20 años de ausencia. La leyenda afirma que el Rey Ulises había cambiado tanto que ni su propia mujer Penélope fue capaz de reconocerlo, sin embargo Argos lo recibió con tanta alegría que cayó muerto a sus pies.

No obstante la sensibilidad hacia los perros, expresada en la mitología griega, no se trasladaba al ámbito de la filosofía. Por lo menos  Platón (427-347 a. C.) bajo la influencia de la filosofía natural, consideraba al animal inferior al hombre por la ausencia de alma. En el oriente la medicina y la veterinaria no se complementaban como en los tiempos modernos.

La Roma antigua reconoce su dependencia de la Grecia clásica o helénica y esto se ve reflejado, entre otras cosas,  en el valor relativo que los “ciudadanos” le otorgan a los “médicos de animales”. Los ciudadanos Romanos consideraban al trabajo manual humillante, por esto, el trabajar con las bestias también lo era. No obstante Virgilio[3], prolífico poeta de esa época, nos relata la existencia de cinco razas de perros  y algunas prácticas médicas que se realizaban con animales. Los romanos también se hacían acompañar en sus batallas por perros de combate, los “molosos”,  descendientes de los Dogos asirios. Fueron posiblemente sus guerras con los bárbaros lo que los indujo a usar estos perros, ya que los temibles guerreros bárbaros usaban también perros de combate. ALEJANDRO MAGNO[4] utilizó  perros en sus escuadras de combate, su propio moloso “Pericles”, murió combatiendo en la conquista de la India.   Los “Molosos Romanos” fueron también atracciones en los circos, junto a los gladiadores.

Una de las obras mejor conservadas sobre animales pertenece a  Junius Moderatus Columella (s I a. C.), este autor escribió 12 libros sobre temas de agricultura y ganadería. El tomo 7 se refiere al asno, ovino, caprino, cerdo y perro. En estos escritos se describen enfermedades y curas populares para algunas enfermedades de animales.

Flavius Vegetius Renatus, o simplemente Vegetius, quien vivió entre el siglo IV y V d.C., fue uno de los padres de nuestra profesión. Su obra sobre “Mulomedicina” o el  “Ars veterinaria sive Mulomedicina” fue escrita en latín y recuperada durante el renacimiento,  traduciéndola  a las lenguas vivas. Vegetius no era Veterinario, pero su lucha por jerarquizar la medicina animal fue la misma que tuvieron que realizar los fundadores de las primeras Escuelas de Veterinaria en el mundo.

Para Vegetius, si bien los animales se situaban por debajo del hombre, la medicina veterinaria debía ubicarse como ciencia debajo de la medicina humana.

En uno de sus libros expresa: “Si bien la elogiosa actividad de los médicos consiste en determinar el tipo de enfermedad en un hombre que puede indicar su sufrimiento con las manos y la voz, cuanto más elogiada debe ser la medicina animal, ya que el mundo animal no puede indicar su padecimiento”

Es en este período tardío el imperio romano es invadido por las naciones árabes, ingresando por el sur del viejo continente la cultura Islámica (500 al 600 d.C.). La introducción de esta cultura al viejo continente, estancado culturalmente en ese período, produce varios fenómenos interesantes. Mientras que al comienzo de la conquista el mundo occidental sufre una terrible crisis cultural y se pierden gran cantidad de escritos,  debe reconocerse que el mundo árabe fue el responsable del mantenimiento y acrecentamiento de la filosofía, cultura y ciencias helénicas. Por ejemplo Avicena[5] (en árabe: Ali b. Sina) quien fue el mas grande médico y filósofo del mundo árabe, otorga una generosa contribución al arte y a la práctica de curar. Su obra el  Canon de la Medicina, se basa sobre todo en los estudios de Galeno, dominando la literatura médica del medioevo. Avicena escribió también obras sobre animales, aunque se supone que no practicó esta profesión. Como es sabido, los árabes fueron y son amantes de los caballo, por  lo tanto, dentro de las pocas obras que sobrevivieron a esa época, hay varias que se refieren a este animal. La literatura árabe sobre veterinaria culmina con un texto llamado Abu Bekr b. el-Bedr, cuyo autor se supone fue un veterinario de la corte del sultán Nasir. Este es un excelente trabajo de hipología e hipiatría. De esta manera se reconoce un avance de la medicina animal en el período de dominio árabe de Europa, en relación con la cultura occidental antigua.

Llegamos así al RENACIMIENTO y a la época de los caballerizos. En sus comienzos el renacimiento de los conocimientos de la antigüedad constituye un síntoma que acompaña al intercambio intelectual en los centros más importantes del mar Mediterráneo. La baja Italia se transforma en un polo de intercambio y conjunción de las culturas latina, griega, normanda y árabe. La caza constituye una actividad primordial para los señores feudales y las grandes caballerizas y perreras son sinónimos de grandeza y poder.

De esta época puede mencionarse a un personaje interesante, el cirujano y obispo Teodorico dei Borgognoin (1205-1298), quien escribió algunas obras sobre cirugía equina. Otro ilustre personaje de esa época fue el veterinario practicante de Roma,  Laurentius Rusius (1320-1370), quien escribió la   obra  veterinaria considerada la  más   importante   del   siglo  XIV, “Marescalcia”.

Pero en la Medicina Animal todavía no se vislumbraba ningún progreso evidente, si bien el siglo XV trajo el advenimiento de la imprenta y con esta la traducción y publicación de las obras de Ruffus, Rusius y Vegetius, estos avances pueden considerarse los más importantes hasta la edad moderna.

Durante el renacimiento los caballerizos son individuos muy reconocidos y sus conocimientos veterinarios muy valorizados, pero éstos eran “condicionalmente” portadores de la “profesión veterinaria” hasta que se produce la creación de las escuelas de veterinaria. Los caballerizos cuidaban y dirigían las caballerizas, eran responsables de las perreras y de los halcones, eran los jefes de personal de los señores feudales, y tenían a sus ordenes a los herreros, peones, cocheros, halconeros, etc. Sus prácticas veterinarias mas usuales consistían en cauterizaciones y sangrías, con mas arte que ciencia.

En el paso a la edad Moderna el impulso más importante de la profesión Veterinaria ocurrió en España porque el Rey creó “comisiones de examen” para médicos, cirujanos, farmacéuticos y veterinarios (Albéitares). El  “Tribunal de Protoalbeiterato” fue proclamado en España bajo el reinado de Fernando V de Aragón (1452-1516) e Isabel de Castilla (1451-1504), permaneciendo en vigencia inclusive hasta el siglo XIX. Estos exámenes obligatorios que otorgaban el permiso para ejercer la profesión promovieron la publicación de libros  tales como el “Libro de Albeitería” de Francisco de la Reyna.

Hubo que esperar hasta el siglo XVII, para que se crearan las Escuelas de Veterinaria. Comenzó a aumentar el nivel de vida del pueblo y a fomentarse la  necesidad de consolidación de las naciones y con ello del mejoramiento de los ejércitos. En esta época, aparecieron también grandes epidemias animales en Europa, que amenazaban con diezmar las poblaciones animales de las naciones.

El primer éxito para lograr fundar y establecer una Escuela Veterinaria corresponde a Claude Bourgelat (1712-1779) de Lyon, quien en 1762 funda la Escuela de Veterinaria de Lyon y al poco tiempo otra en Alfort, con el objetivo de instruir Veterinarios para todas las especies animales.

El impulso más importante sufrido por la Clínica y la Cirugía de los Pequeños Animales comienza en ese momento. Sin embargo es durante los siglos XVIII y XIX en donde se consolida la ciencia veterinaria y con ella la clínica y cirugía de los animales de compañía. El crecimiento de las ciudades, el contacto mas estrecho con perros y gatos, el control de la Rabia por el Prof. Galtier de Lyon y Luis Pasteur en París, la creación de nuevas razas caninas, sobre todo en Inglaterra, marcan  entre otros hechos, la evolución de la profesión en esta especialidad.

Entre la última mitad del siglo XIX y los comienzos del XX, la clientela principal de los veterinarios estaba constituida por las fuerzas armadas, las empresas de transporte y algunos criadores de ganado, generalmente familias rurales poseedoras de pequeños rebaños bovinos, o animales de tiro y trabajo. La clínica de pequeños animales estaba reducida a la atención de animales pertenecientes a algunas familias de la oligarquía. La revolución industrial trajo aparejada cambios fundamentales en la producción rural y la congregación de gran cantidad de personas en áreas urbanas y suburbanas.  En este sentido, los países que alcanzaron mayor desarrollo de la especialidad en animales de compañía, fueron aquellos con  una clase media y alta con poder adquisitivo que les permite pagar los servicios veterinarios. En América Latina se ha producido en los últimos años, un empobrecimiento progresivo de la clase media y con ello un exceso de oferta profesional en la especialidad induciendo a una competitividad exagerada y muchas veces no muy ética.

En nuestro país existen 8 Facultades de Veterinaria pertenecientes a Universidades Nacionales y por lo menos 3 privadas. El promedio de egresados anual es de 600 veterinarios, de los cuales un 50% ejercen la clínica de pequeños animales, como actividad única o compartida, generalmente con algún cargo estatal, provincial o municipal, o como complemento de la clínica rural. Cada año ingresan a las distintas Facultades alrededor de 2.000 estudiantes de Medicina Veterinaria, de los cuales solo consiguen graduarse un 30% y con un promedio de duración de la carrera de grado de 7,5  años. La formación de posgrado en  clínica de pequeños animales es por demás deficitaria. Los Colegios y Sociedades que agrupan a los profesionales Veterinarios organizan periódicamente Cursos y Jornadas con el objetivo de actualizar a sus agremiados, pero éstos no están, por lo general, organizados secuencialmente o siguiendo una metodología pedagógica. Quien quiere ser especialista debe autoformarse al estilo de los artesanos del siglo XVIII, comenzando por conseguir un “maestro artesano” al cual acercarse y quedando  a expensas de su buena voluntad de enseñarnos.

Según datos de 1995, en EE.UU., el número de Veterinarios es de 55.000, de los cuales 15.000 son mujeres. Muchos trabajan en cargos estatales dedicándose a la inspección de alimentos, supervisando los programas de control de enfermedades animales y humanas, o se dedican a la protección del medio ambiente. Los Veterinarios son responsables de la protección de la salud Humana ya que existen alrededor de 100 enfermedades zoonóticas.

El 60 % de los veterinarios en EE.UU. se dedican a la práctica profesional privada. Muchos tratan a todo tipo de animales, pero en los últimos años a aumentado considerablemente la práctica en animales de compañía. Existen las especialidades por especie: equinos, bovinos, cerdos, animales de zoológico, etc. También se han desarrollado las especialidades semejantes a la Medicina Humana como: oftalmología, dermatología, radiología, patología, cirugía, etc.

Alrededor de 2.200 veterinarios ejercen la docencia Universitaria, de los cuales un 75%  además de docencia dirigen proyectos de investigación.

Las industrias farmacéuticas que producen fármacos para uso animal o humano también cuentan con el aporte de Médicos Veterinarios, empleando unos 1.000 profesionales.

Un número menor de profesionales dedica su práctica profesional al manejo de producciones de carne o a asesorar producciones mixtas en granjas. De estos un número reducido trabajan con  transplante de embriones.

Un pequeño porcentaje trabaja en granjas avícolas y en producciones no tradicionales.

En la década de 1990, existían en los EE.UU. , veintisiete (27) Escuelas de Veterinaria, siendo necesario seis (6) años para graduarse. Usualmente es necesario dos o más años previos de College para poder aspirar a ingresar en la carrera de Veterinaria. La competencia para el ingreso es muy grande ya que de 10 aspirantes calificados solo ingresa 1.

Alrededor del 90% de los egresados continúan sus estudios de posgrado para obtener su título de Doctor en Medicina Veterinaria (3 a 4 años mas de estudio).

La demanda actual en los EE.UU. es para especialistas en Bromatología (Inspección Sanitaria), especialmente de leche y sus derivados, alimentos procesados, alimentos balanceados, controles de calidad de alimentos y erradicación de plagas. Además, el aumento de los establecimientos con producciones intensivas, requiere de Veterinarios con especial formación en epidemiología, higiene, programas de vacunación, etc.

En nuestro país a la  dificultad de formación de posgrado debe agregarse una “crisis de identidad” que sufre nuestra profesión en las postrimerías de éste siglo.

La cuestión fundamental reside en que la sociedad identifique, cual es el papel paradigmático de nuestra profesión en el ingreso al nuevo siglo. Este papel estaba muy claro cuando comenzó el siglo XX, como ya lo hemos mencionado, pero en este fin de siglo se ha desdibujado de tal manera que nos produce una enorme incertidumbre.

Según la  Organización Mundial de la Salud (OMS-OPS), las numerosas diferencias entre los países del mundo hacen que la fijación de requisitos mínimos para la formación de Veterinarios resulte imperativa, aunque sumamente difícil de lograr.

Estos requisitos deberán ser objeto de revisiones periódicas, que los adecuen a los cambios y tendencias mundiales.

Según este organismo internacional, pueden considerarse requisitos mínimos a los siguientes:

­    Una institución de educación Veterinaria debe ser de nivel Universitario y cumplir con las normas estipuladas por la Asociación Veterinaria Mundial (AVM-WVA) en sus sistemas de acreditación. Debe estar bajo la dirección inmediata y exclusiva de un Veterinario, lo cual no excluye de la enseñanza a quienes no sean veterinarios. Deberá contar con financiamiento, locales, equipos y personal docente capacitado.

­    La duración de los curriculum deberá extenderse por lo menos cuatro años, sin contar con los estudios pre-veterinarios. El lapso anual de instrucción no debe ser inferior a 8 meses.

­    Deberá ofrecer cursos permanentes sobre las siguientes temáticas básicas: anatomía macroscópica y microscópica, fisiología animal, botánica, biología celular, bioquímica, farmacología, parasitología, microbiología, virología, patología, salud pública, teriogenología, clínica animal, cirugía, economía pecuaria y veterinaria, zootecnia y producción animal, medio ambiente, ética profesional, bienestar animal, medicina veterinaria poblacional, medicina de animales de laboratorio.

­    Deberá disponer de instalaciones de biblioteca, medios audiovisuales, y lugares para efectuar suficiente práctica clínica y de laboratorio.

­    Una institución de educación veterinaria debe estar capacitada para demostrar que en sus instalaciones se efectúan investigaciones  que contribuyan a la adquisición de conocimientos, tanto a nivel básico como aplicado.

­    Una institución veterinaria debe estar disponible para ayudar a los veterinarios, cualquiera sea el cargo que ejerzan en la zona o en el país, a enfrentar los frecuentes cambios en las exigencias profesionales.

Del análisis de éstos requisitos mínimos se concluye que la formación básica mas fuerte propuesta por la OMS está orientada hacia la medicina animal y la salud pública, y en menor medida a la producción de alimentos. La Veterinaria se debate desde hace años entre estos dos paradigmas: salud animal o producción animal. Pero el fenómeno de  GLOBALIZACIÓN de este fin de siglo ha demostrado que esa  lucha de paradigmas no es el foco principal del problema a ser resuelto. Sería sumamente presuntuoso de mi parte querer en este momento  anticipar hacia donde va la veterinaria en la Argentina y el Mundo, pero no es tan difícil dejar planteadas algunos  posibles caminos que deberemos transitar los veterinarios si queremos volver a encontrar nuestro “lugar en la sociedad” durante la próxima centuria.

Las ciencias médicas, la tecnología relacionada con la biología animal y los productos de su explotación han manifestado avances importantes y todas estas actividades se vinculan con nuestra profesión.

La biotecnología aplicada a la manipulación genética y embrionaria, a la producción de inmunógenos y al diagnóstico, a la síntesis bioquímica para el desarrollo de nuevos fármacos, al desarrollo de implantes y a la biocibernética. Los nuevos descubrimientos sobre bioquímica del metabolismo animal que contribuyen a la alimentación animal y humana, como así también a la comprensión de los fenómenos patológicos a nivel molecular.

El desarrollo de tecnologías para la conservación de alimentos y la creación de nuevas proteínas para la alimentación humana.

Los avances en las ciencias biomédicas con dos áreas muy importantes: las nuevas técnicas de diagnóstico semiológico con la conjunción de métodos físicos, químicos, electrónicos y de procesamiento de imágenes y la cirugía plástica, reconstructiva, de implantes y  transplantes, necesitan el aporte de nuestra profesión en las etapas experimentales de investigación.

La producción animal de especies acuáticas, silvestres y no tradicionales. Las áreas de economía agraria, administración de empresas agropecuarias, marketing y servicios. En éste último caso lo que se refiere a manejo de residuos industriales, de ciudades y de establecimientos productivos es un buen ejemplo.

La protección de la fauna y del medio ambiente, las tareas de cría y reproducción de animales de zoológicos.

La participación en programas de salud pública, control de zoonosis, control de plagas y guardia epidemiológica.

La integración en programas  y tareas de educación primaria, secundaria y universitaria. 

Todos estos caminos podrán ser transitados por los veterinarios del nuevo siglo, debiendo guiarlos el espíritu de interdisciplinariedad que seguramente será la manera en que la ciencia pueda solucionar los problemas que enfrentará el hombre del siglo XXI.

¿Dónde está aquí la función que la sociedad le otorgará al practicante de la  “clínica de pequeños animales”?. La globalización está acompañada de otro fenómeno social trascendente,  el incremento del individualismo. Los seres humanos se agrupan en grandes conglomerados urbanos pero sin embargo no conocen a su vecino de departamento. El estrés y la depresión que producen la soledad y la ausencia de afecto del habitante de las grandes ciudades, la necesidad ancestral del hombre de “volver a la naturaleza” lo llevan a procurar la compañía de un animal. Este es un “interlocutor” válido para sus juegos, cuando es un niño y sus penurias y alegrías, cuando es adulto. En 1960 el psicólogo neoyorquino Boris Levinson describió la importancia de los animales de mascota en las terapias de niños y para restaurar la comunicación familiar. Los niños autistas o con limitaciones físicas son tratados con grandes beneficios cuando interviene en este tratamiento una mascota como intermediario. Los ancianos con crisis depresivas y episodios de intentos de suicidio, sobreviven muchas veces por la compañía de un perro o un gato. Muchos enfermos de SIDA que han perdido contacto con amigos y familiares,  pueden  soportar mejor su sufrimiento gracias a una mascota que los acompaña hasta su muerte.

Seguramente este papel de “intermediario” entre el animal y el hombre en estrecho contacto y todo lo que esto significa, sea la tarea que le tocará desempeñar al Veterinarios de Pequeños Animales en el nuevo siglo. ¿Estaremos preparados para eso? . ¿Será necesario que aprendamos a integrar equipos interdisciplinarios con terapeutas, psicólogos, médicos, sociólogos, asistentes sociales,  etc.?

No olvidemos que desde los confines de la historia nuestra profesión siempre fue “antropocéntrica”, siendo el hombre el motivo de nuestra existencia, pero los animales nuestro objeto de estudio y comprensión.

Quizás seamos los Veterinarios quienes podamos comprender mejor la “naturaleza animal” del hombre.

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[1] Zeus: Dios principal de la mitología griega, identificado como Júpiter por los Romanos.

2 Ulises: en griego Odiseo, Rey legendario de la ciudad de Itaca en la  mitología griega. Hijo de Laertes, padre de Telémaco y esposo de Penélope. El regreso de Ulises a su país está relatado en La Odisea, poema épico de Homero (s. IX a.C.).

3 Virgilio Marón: poeta latino nacido cerca de Mantua vivió entre los años 70 a 19 a.C.

4 Alejandro Magno: Rey de Macedonia (356-323 a.C.). Fue educado por Aristóteles. En su campaña como generalísimo de los helenos venció a los persas, venció a las tropas de Darío III, se apoderó de las ciudades de Tiro y Sidón, conquistó Egipto, fundó Alejandría y atravesó el Tigris y el Eufrates. En su marcha como guerrero se apoderó de Babilonia, quemó Persépolis y llegó hasta el Indo.

5 Avicena: (980 al 1037 d.C.) filósofo y médico árabe es autor de un interesante libro cuyo título es “Comentarios a la obra de Aristóteles”. También es autor del Canon de la Medicina y otros trabajos enciclopédicos.

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[1][1] Zeus: Dios principal de la mitología griega, identificado como Júpiter por los Romanos.

[2] Ulises: en griego Odiseo, Rey legendario de la ciudad de Itaca en la  mitología griega. Hijo de Laertes, padre de Telémaco y esposo de Penélope. El regreso de Ulises a su país está relatado en La Odisea, poema épico de Homero (s. IX a.C.).

[3] Virgilio Marón: poeta latino nacido cerca de Mantua vivió entre los años 70 a 19 a.C.

[4] Alejandro Magno: Rey de Macedonia (356-323 a.C.). Fue educado por Aristóteles. En su campaña como generalísimo de los helenos venció a los persas, venció a las tropas de Darío III, se apoderó de las ciudades de Tiro y Sidón, conquistó Egipto, fundó Alejandría y atravesó el Tigris y el Eufrates. En su marcha como guerrero se apoderó de Babilonia, quemó Persépolis y llegó hasta el Indo.

[5] Avicena: (980 al 1037 d.C.) filósofo y médico árabe es autor de un interesante libro cuyo título es “Comentarios a la obra de Aristóteles”. También es autor del Canon de la Medicina y otros trabajos enciclopédicos.