Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Paula
Martínez. 2001. Revista de la Sociedad Rural de Jesús María, 125:35-37.
Dos hermanos encararon la producción como proyecto empresarial en la zona de Quilino. Están frente a un mercado prácticamente virgen, que promete.
La plantación abarca 20 hectáreas y a principios del 2002 se hará la primera cosecha. Elaboración de subproductos.
Cuando los habitantes de Quilino vieron crecer una plantación de tunas a la vera de la ruta, no le dieron mucho crédito al emprendimiento. Es que durante años estos frutos que nacen de pencas crecieron sin ningún tipo de cuidado especial en los patios de las casas o en pequeños campos de la zona.
"Somos los primeros que vamos a producir tunas como negocio", dijo Natalia Ruiz, quien con su hermano Darío cultiva un campo de 22 hectáreas en el noroeste provincial.
El trabajo comenzó hace dos años y medio. Estaban buscando alguna actividad que se pudiera complementar con sus estudios en Córdoba: Natalia, entonces de 24 años, cursaba ciencias económicas, y Darío, de 20, era alumno de ciencias agropecuarias. Como sus padres poseían un campo totalmente abandonado, evaluaron alguna producción que se pudiera adaptar a la zona, que no requiriera gran inversión y no llevara mucho tiempo. Es así como escucharon y se contactaron con un productor de tunas de Jaime Peter, que les comentó la escasez de fruta para cubrir la demanda existente.
Actualmente, toda la producción de la zona (realizada en forma precaria) se vende en el lugar a revendedores de Córdoba o Deán Funes, pero la cantidad es muy limitada y no puede llegar masivamente a los grandes centros urbanos.

Al
principio nadie creía que se pudiera explotar comercialmente esta producción.
"La gente de la zona nos vendía las pencas muy baratas porque no les daban
valor. Incluso algunos nos daban las plantas a cambio de que le dejáramos
limpio el tunal", contó Darío.
Pero,
con esfuerzo y perseverancia (trabajaban ellos dos solos) lograron una
producción que se extiende en 20 hectáreas, con plantas que oscilan entre los
cuatro meses y los dos años.
Como
todos los emprendedores, comenzaron con lo que tenían más a mano: el tractor y
una rastra de la familia (que también les facilitó el campo) y una
desmalezadora que les presta el municipio.
Posteriormente,
llegó el apoyo de la Municipalidad de Quilino, que se dio cuenta que esta
actividad es una alternativa para una zona donde no hay muchas opciones de producción.
Es una región con suelos áridos, pocas lluvias y mucho calor. No obstante, se
pueden lograr frutas primicia de óptima calidad.
A
través de la gestión municipal, la plantación fue beneficiada con mano de obra
del Programa de Emergencia Laboral del Ministerio de Trabajo de la Nación. La
actividad, además, es una importante generadora de empleo, durante la cosecha y
la plantación (unos cinco trabajadores por hectárea).
Se
trata de una producción que no requiere grandes inversiones (un tractor, una
rastra, el cercado y las plantas), ni mucho tiempo de mantenimiento para
obtener este fruto que es totalmente orgánico.
Durante el resto del año hay que
desmalezar una vez por semana, tarea que realizan con el tractor los mismo
hermanos.
Junto a las ventajas naturales del
lugar, la tuna tiene un atractivo comercial: el mercado, prácticamente, no ha
sido explotado. "Una empresa alimenticia quiso comprar fruta a un
productor de la zona para hacer dulce, pero como la cantidad no era suficiente
desistió", indicó Natalia.
La idea de los productores es construir, más adelante, una pequeña planta (solos o junto con la Municipalidad) para procesar las tunas. Las posibilidades son múltiples: se puede fabricar arrope (dulce), jalea, vinagre, pickles, licores o conservas.
El
objetivo es llegar al mercado con un producto diferenciado para hacerlo más
atractivo. Es que, con la fruta procesada, se obtiene un precio mayor. "El
arrope se vende a 10 pesos el kilo", dijo Darío.
Hoy
las tunas se están colocando en el mercado de Abasto de Córdoba en cajones de
18 kilos a un precio que oscila entre los ocho y 12 pesos cada uno (las
primeras frutas que ingresan son más caras). Sin embargo, al productor le pagan
entre 2,5 y tres pesos, por lo que los hermanos Ruiz quieren llegar
directamente al consumidor.
Como
la plantación todavía es joven, aún no han obtenido frutos para comercializar.
Durante los tres primeros años hay que podar la planta para formarla y darle
una estructura de soporte, lo cual se obtiene eliminando flores y frutos.
La próxima temporada prevén la primera cosecha
(entre enero y febrero) y tienen previsto mejorar la presentación habitual de
la fruta. En lugar de ponerla en cajones, la idea es embalarla en bandejas con
polietileno, pero quitándole las
espinas. Para esto están estudiando fabricar una máquina especial, que se
construye en forma artesanal y que facilita este trabajo.
En
acuerdo con el municipio, se constituyó una Agrupación de Productores de Tuna
de Quilino para poder realizar tareas en conjunto. Además, los hermanos Ruiz no
se quedaron en este emprendimiento. También quisieron diversificar la producción
incorporando durante el 2001 cinco hectáreas de citrus (otro proyecto impulsado
por la Municipalidad que está integrado por 15 productores de la zona).
Aunque
el negocio está en pañales, Natalia y Darío esperan poder llegar a vivir de
esta actividad porque están sentando las bases para una producción rentable.
"El
precio de las tierras subió sustancialmente desde que comenzamos la plantación",
señaló Darío, para corroborar que están en el buen camino.
INVERSIONES (Por hectárea)
Plantas (550 por $0,70) $385
Tareas de Plantación $ 50
Riego $20
Fertilización (guano de cabra) $30
Poda $15
Desmalezado $ 60
Total gastos iniciales $ 560
Otras: terreno, tractor, cercado de alambre,
rastra.
PRODUCCIÓN (rendimiento aproximado)
Año 3: 2.500 kg/ha.
Año 4: 5.000 kg/ha.
Año 6: 15.000 kg/ha.
INGRESOS BRUTOS
Año 3: 1.250 $/ha.
Año 4: 2.500 $/ha.
Año 6: 7.000 $/ha.
El
cultivo de la tuna es especial para climas templado‑cálidos, con una
temperatura media de 20 a 30 grados, y la mejor calidad se obtiene en regiones
áridas y semiáridas como el noroeste cordobés.
En
Argentina existen unas 600 hectáreas cultivadas con tunas (opuntia ficus‑indica).
Existen distintas variedades que se diferencian por la coloración de los
frutos; el de color amarillo es el de mayor difusión en nuestro país.
Para
iniciar una plantación lo importante es disponer de buenas pencas (denominados
cladodios o paletas), seleccionadas de plantas sanas y vigorosas, y libre de
enfermedades.
La
forma más práctica de obtener nuevas plantas es a través de la multiplicación
vegetativa de paletas. Estas se cortan de la planta madre a la altura de las
articulaciones y luego se mantienen entre 15 y 20 días a la sombra para que
cicatricen.
Posteriormente,
las paletas se plantan con sus caras hacía el este y oeste para aprovechar la
insolación y facilitar que echen raíces. Las pencas se colocan a una distancia
no menor a tres metros entre plantas, y cinco metros entre cada fila, y se las
entierra a dos tercios de su longitud.
Aunque
en Argentina la fertilización no es habitual, es conveniente utilizarla. En el
caso de Natalia y Darío Ruiz, utilizaron estiércol de cabra para obtener un
producto totalmente orgánico.
Aunque
la tuna tiene bajos requerimientos de agua, en la producción de la fruta es
conveniente el riego, por lo menos dos veces al año, para lograr calidad y
cantidad.
Como
mantenimiento, la planta necesita ser podada. Hay tres tipos de poda. La de
formación, que se realiza durante los primeros tres años para dar a la planta
una estructura de soporte y mantener una altura de 1,6 y 1,8 metros; se elimina
la vegetación mal ubicada, y las flores y frutos. Por otra parte también hay
que realizar un raleo de frutos, dejando entre ocho y 10 por penca para lograr
mayor tamaño. Por último hay que hacer raleo de renuevos (las futuras paletas
fructíferas) cuando son tiernos, para evitar que estén en exceso. Esto produce
una mayor brotación primaveral y un mayor crecimiento de los renuevos que
quedan.
La
cosecha se concentra entre enero y principios de marzo. El trabajo es manual
con guantes resistentes a las espinas. La fruta se corta cuando está madura, es
decir cuando alcanza los cinco centímetros de diámetro y tiene el color
definitivo.
Para
evitar deteriorar la fruta se aconseja cosecharla cortándola con un pedacito de
penca, que impide la entrada de patógenos y aumenta la conservación.
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Baja
inversión.
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Poco
mantenimiento.
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Riego
mínimo.
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En
Quilino se obtiene fruta primicia, orgánica.
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El
recupero de la inversión es de cuatro a seis años.
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El
manipuleo de la fruta durante la cosecha y el embalaje requiere gran cuidado.
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La
fruta dura entre siete y 10 días desde que es cortada.
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