Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Silvana Mattiello*. 1998. Obiettivi y Documenti Veterinari Nº 7/8
*Instituto de Zootécnica, Facultad
de Medicina Veterinaria, Universidad de Estudios de Milán
Traducción: Lic. Ana Bretón
Palabras clave Doméstico, salvaje, domesticación, readaptación a la vida salvaje.
Definir los
conceptos de domesticación, domesticar y readaptación a la vida salvaje y
ofrecer una breve panorámica sobre la evolución cronológica del proceso de
domesticación y sobre los mecanismos que han contribuido a su desarrollo por
parte de las principales especies de interés.
La
diferencia entre los dos términos se muestra evidente en la versión inglesa, y
no tanto en la italiana (española). En tanto que el término
"domesticado" (en inglés "tame") se refiere a individuos
más o menos dóciles y tratables relacionados con el hombre pero cuya
reproducción no es intencionadamente selectiva, el término
"doméstico" ("domestic") hace referencia a aquéllos
animales que, mediante la directa selección del hombre, han adquirido
determinadas características morfológicas, fisiológicas, comportamentales y
genéticas diferentes a las que tenían sus progenitores salvajes. La doma,
"domesticar" en este caso, por, hace referencia a individuos
singulares, mientras que la domesticación involucra a poblaciones enteras. Por
ejemplo, un solo tigre puede ser domado, pero seguramente no podemos referirnos
a los tigres como una especie doméstica.
Una
definición exhaustiva sobre la domesticación fue dicha por Price (1984), según
el cual "La domesticación es un proceso mediante el cual una población animal
se adapta al hombre y a una situación de cautividad a través de una serie de
modificaciones genéticas que suceden en el curso de generaciones y a través de
una serie de procesos de adaptación producidos por el ambiente y repetidos por
generaciones". En esta definición se ponen de manifiesto algunos aspectos
importantes de la domesticación. Por una parte, se describe como un proceso
evolutivo gradual de adaptación, que por tanto requiere largos períodos de
tiempo para ser llevado a cabo; por otra, es evidente la importancia de la
fijación a nivel genético de las modificaciones adaptativas, sean éstas de tipo
morfológico, fisiológico o comportamental.
Habiendo
sido definido como un proceso gradual, el paso de la forma salvaje a la forma
doméstica es muy difícil de medir con precisión y es difícil también establecer
la barrera entre las dos formas. No es fácil responder a la pregunta
"¿cuándo se transforma en doméstica una especie?. El problema reside en el
hecho de que existen muchas formas intermedias de control sobre los animales
antes de poder alcanzar su control total.
Por
ejemplo, es el caso también de la fauna en el interior de los parques o de
haciendas con venados, que viven en ambientes "naturales" aunque
sujetos, a menudo, a condiciones de cierto control por parte del hombre quien
lleva y/o introduce animales en función de la fauna del territorio, puede
suministrar alimento en los períodos críticos de menor disponibilidad de
forraje y, en algunos casos, también interviene mediante controles y tratamientos
sanitarios (Forni, 1990).
En
una población sometida a un proceso de domesticación se verifican una serie de
cambios graduales que permiten al animal "adaptarse" al nuevo
ambiente, donde por "adaptación" debemos entender, utilizando la
definición de Mainardi (1992) "un proceso de cambio que de generaciones en
generaciones conduce a los organismos a adoptar mecanismos morfológicos,
fisiológicos y comportamentales idóneos para la supervivencia y la
reproducción". Si tales cambios son hereditarios, podríamos hablar de una
adaptación de tipo evolutivo.
Los
procesos de aprendizaje revisten un importante papel para la adaptación de los
animales a nuevas situaciones. Éstos actúan mediante una serie de mecanismos,
como la costumbre, el condicionamiento, la imitación, l´imprinting, etc.
(Immelmann, 1988).
Si
consideramos que la diferenciación del género Homo se remonta a 2 millones de
años a.C. y que la primera forma animal reconocida doméstica, el Canis
familiaris, aparece entre el 14000 y el
El primer
animal doméstico ha sido el perro, probablemente debido a varias causas, entre
las principales está el espontáneo acercamiento a los campamentos humanos en
busca de alimento, la atracción ejercida por los cachorros entre los
adolescentes y las mujeres y, en fin, la utilidad que revisten como animales de
caza, además de compañía. Su domesticación sucede inicialmente en Norte América
y se difunde a Europa y Asia. Cuando el hombre se transforma de
cazador-recolector nómada a agricultor sedentario, tuvo origen el proceso de
domesticación de los pequeños rumiantes, inicialmente de las cabras y
sucesivamente de los ovinos. Estos animales comenzaron a frecuentar las áreas
que circundaban los campamentos, donde encontraban abundante alimento en los
campos cultivados (de aquí la definición de "ladri di messi"
("ladrones de mesas"); Forni, 1990). Por otra parte, algunas crías
que quedaban huérfanas o algunos animales heridos durante las batidas de caza
llegaban al interior de los campamentos quedando confiados a la protección de
los jóvenes y mujeres. En particular, se piensa que las mujeres jugaron un
papel fundamental en el proceso de domesticación de los pequeños rumiantes, en
la medida en que estaban en condiciones de alimentar a los pequeños huérfanos
amamantándolos en su propio seno, como todavía ocurre en alguna civilización
primitiva. El perro, que en esa época era ya doméstico, interviene también en
el proceso de domesticación de los ovinos, ayudando al hombre a reagrupar y a
controlar a los animales.
|
Tab. 1 – Cronología de da domesticación |
||
|
Año |
Género/especie y Especie Originaria |
Área de origen de la domesticación |
|
14.000- |
perro (Canis familiaris) |
Norte América Europa, Asia |
|
|
caprinos (Capra aegagus) |
Medio Oriente |
|
|
ovinos (Ovis orientalis) |
Medio Oriente |
|
|
Bos Taurus y Bos indicus (Bos primigenius) |
Grecia - Turquía (Europa), Irán |
|
|
suinos (Sus vitatus, Sus scrofa) |
Asia, Europa |
|
4.000 - |
equinos (tarpan, Przewalski) |
Ucrania, China, Asia Central |
|
3.000 - |
gato (Felis libica, F. Silvestris) |
África (Egipto), Europa |
|
|
gallina (Gallus
gallus) |
Asia |
|
|
conejo (Oryctolagus cuniculus) |
Italia |
|
2.000 d.C. |
ciervos (Cervidi elaphus, Dama dama) |
Nueva Zelandia. Europa (Escocia) |
La
domesticación de los ovi-caprini favorece al mismo tiempo la sucesiva domesticación
de los bovinos, en cuanto pequeños rumiantes pudiendo ser ordeñados y su leche
utilizada para nutrir a los jóvenes, los cuales eran demasiado grandes para ser
amamantados por el seno de una mujer.
El uro (Bos
primigenius) que es considerado el fundador del linaje de todos los bovinos
modernos, era de hecho un animal de dimensiones notables. Presentaba formas
similares a las de los bovinos actuales, pero podía alcanzar 1 ó
Casi
paralelamente al inicio del proceso de domesticación del bovino, en Asia y en
Europa se empieza a mantener en la casa o en el entorno de la casa a los cerdos
(Hart, 1985). Las formas domésticas actuales tuvieron origen en cruces entre el
cerdo salvaje asiático (Sus vittatus) y el cerdo salvaje europeo, el
jabalí (S. Scrofa).
La
domesticación de los equinos se produjo muchos años después, probablemente
entre el 4000 y el
Uno de los
últimos mamíferos en ser domesticado, entre el 3000 y el
Entre las
especies de interés zootécnico no podemos olvidarnos del conejo, cuya
domesticación es relativamente reciente. De hecho, no obstante, se sabe que
estos animales fueron mantenidos en cautividad por los Romanos ya en el I siglo
a.C. para la producción de carne, las primeras variaciones de coloraciones del
manto, que indican un control de la reproducción por parte del hombre, aparecen
en el siglo XVI, después de que la cría del conejo hubiera empezado a
difundirse con el trabajo de los monjes.
Mientras que
en el pasado la domesticación se realizaba mediante un proceso muy lento que
requería mucho tiempo, hoy el progreso de la tecnología de cría y reproducción
hace más fácil y veloz el proceso de domesticación de nuevas especies que han
sido objeto de atención por parte del hombre. Uno de los ejemplos más recientes
en este campo es el de los cérvidos, y en particular el del ciervo y el gamo,
cuya reproducción intensiva comenzó en los años 70 pero que puede ser
considerada ya una especie en vías de domesticación (Mattiello, 1994).
Según Zeuner
(1963), es posible reconocer cinco etapas fundamentales dentro del proceso de
domesticación. En la primera etapa, la unión hombre- animal es muy débil y son
frecuentes los cruces de las formas mantenidas en cautividad con las formas
salvajes originarias, en cuanto al control sobre los animales por parte del
hombre es muy reducido. Posteriormente, en la segunda etapa, el hombre comienza
a controlar la reproducción de los animales y seleccionarlos para reducir sus
dimensiones y aumentar las características de docilidad, para poder manejarlos
mejor. En esta fase, es importante evitar el cruce con las formas salvajes,
para mantener y fijar las características deseadas. Seguidamente, el hombre
comienza a demostrar un interés creciente hacia la producción de carne, y se da
cuenta de la utilidad que supone el aumento de las dimensiones de los animales
de cría. Inicia esta tercera etapa de trabajo para volver a cruzar las formas
domésticas, más pequeñas, con las formas salvajes, más grandes, poniendo
atención en mantener las características de docilidad previamente
seleccionadas. En la cuarta etapa, el interés por los productos de origen
animal, unido a la creciente capacidad del hombre para controlar a los animales
de producción conduce, mediante un largo trabajo de selección, a la creación de
razas especializadas con diferentes aptitudes productivas, que garanticen un
aumento en la producción de carne, lana, leche, etc.. En este momento entramos
ya en la quinta etapa, en la que resulta absolutamente necesario evitar los
acoplamientos de la forma salvaje con las razas domésticas especializadas. Por
tales motivos, se realiza una actividad de control numérico de la población
salvaje, que en tales casos conlleva nada menos que al exterminio de las formas
salvajes y, en el mejor de los casos, a su asimilación dentro de las formas
domésticas. Según Hart (1985) nos encontramos hoy frente a la sexta etapa del
proceso de domesticación, en el que las características comportamentales y
genéticas de los animales de producción se han visto modificadas hasta tal
punto que han perdido la capacidad de sobrevivir y de reproducirse sin la
intervención del hombre. Sin embargo, si bien es verdad que nuestros animales
domésticos han perdido muchas de las características que les posibilitan
adaptarse a la vida en la naturaleza, es también cierto que algunas de estas
características pueden ser readquiridas, como sucede en el proceso de
readaptación a la vida salvaje.
La
readaptación a la vida salvaje es, en la práctica, el proceso opuesto a la
domesticación y se produce cuando de la forma doméstica se pasa a vivir a la
vida libre, no siendo más objeto de cuidado por parte del hombre y su
reproducción acontece de forma natural, sin el control del hombre. Análogamente
a la domesticación, este proceso es gradual y se va poniendo de manifiesto
después de varias generaciones. La rapidez y el número de generaciones
necesarias para perder completamente las características adquiridas de
domesticidad dependen ante todo de las modificaciones genéticas experimentadas
en el proceso de domesticación, cuanto más radicales hayan sido, más lento será
el proceso de readaptación a la vida salvaje. Por otra parte, este proceso se
ralentiza por la permanente presencia del hombre. Por ejemplo, las manadas de
perros vagabundos que viven al margen de la ciudad y que continúan consiguiendo
alimentarse cerca de los lugares en donde se van estableciendo nuevos
asentamientos humanos, difícilmente volverán en un breve al estado salvaje, en
tanto en cuanto sigan manteniendo un nivel de dependencia del hombre. Un factor
que, sin embargo, acelera el proceso de adaptación a la vida salvaje es la
presencia de formas salvajes junto a las domésticas con las que se puedan
cruzar, como sucede en el ejemplo de los cerdos domésticos exiliados de los
lugares de cría, que pueden cruzarse con los jabalíes. Es importante subrayar
que este proceso de readaptación a la vida salvaje no representa al patrimonio
genético original de la forma salvaje, ya que durante el proceso de
domesticación muchas características genéticas de las formas salvajes han sido
completamente perdidas al no ser consideradas útiles para la producción, no
pudiendo ser entonces readquiridas. La selección natural actuará favoreciendo
el desarrollo de aquellas características todavía existentes en el genotipo de
las formas domésticas y que son útiles para la vida en estado libre, y
eliminando en cambio los individuos portadores de características no idóneas.
No obstante, a menudo se piensa que, a causa de la selección inducida, los
animales perdieron la capacidad de vivir sin el apoyo del hombre, los hechos
demuestran que la mayor parte de las especies domésticas pueden ir
readaptándose a la vida salvaje, como se ha verificado en muchas especies
domésticas introducidas en Australia y en Nueva Zelanda, lo que ha confirmado
el hecho de que la domesticación es un fenómeno reversible.
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