Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia
de Córdoba, República Argentina
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Mirta
Carlomagno, Estela Cura, Analía C. Pérez y Elsa Segura*. 1989. Ciencia Hoy, 1(2).
*Instituto Nacional de Diagnóstico e
Investigación de la Enfermedad
de
Chagas "Dr. Mario Fatala Chabén".
Un gran
sector de la población rural de América latina está expuesto a la convivencia
permanente con la vinchuca, insecto transmisor del mal de Chagas. A partir de
la identificación del Trypanosoma cruzi, microorganismo responsable de la
infección, se
han realizado numerosas investigaciones en el
área, en partículas aquellas destinadas a obtener vacunas eficaces. Pero éste
es sólo un aspecto de la lucha contra la enfermedad. El desarrollo de una
acción social que tienda a prevenir y controlar su transmisión, y que debe ser
ejercida tanto por las entidades de salud pública como por la propia población
expuesta, no es en modo alguno menos importante.
En Brasil, en
el año 1909, Carlos Chagas descubrió, mientras trabajaba en los sertones de
Minas Gerais, el mismo parásito en la sangre de un niño enfermo y en un insecto
de los muchos que compartían la casa del hombre. Chagas identifico al parásito Trypanosoma
cruzi como el agente causal de una nueva enfermedad. En la actualidad, la
enfermedad de Chagas o Tripanosomiasis americana es uno de los mayores
problemas de la salud pública en América latina. Afecta a los habitantes de 15
países del continente que coincides con el área de distribución de los insectos
transmisores o "vectores" adaptados a la vivienda humanos, desde el
paralelo 40 de latitud norte hasta el paralelo 42 de latitud sur. En 1987, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que alrededor de 90 millones de
personas viven en la zona considerada endémica expuestas al riesgo de contraer
la infección, de las cuales 20 millones estarían ya infectadas por T. cruzi. En
la Argentina, diversos estudios específicos realizados en la población permiten
estimar la existencia de 2.000.000 de infectados en un área que abarca dos
tercios de la superficie del país.
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Hinchazón de los párpados (signo de
Romaña) en un niño afectado por la enfermedad de Chagas. Se presenta en no
más del 5 % de los casos. |
La enfermedad
de Chagas tiene una fase aguda, una indeterminada y una crónica. La fase aguda
se presenta inmediatamente después de la infección inicial, en general con
signos inespecíficos: sólo en muy pequeña proporción es reconocible por el característico
ojo prácticamente cerrado a causa de la hinchazón de los párpados (signo de
Romaña). Después de la infección aguda, los infectados pasan por un largo
período intermedio sin manifestaciones clínicas. La mayoría de ellos son
considerados casos indeterminados y presentan una expectativa de vida normal.
Por último, en un tercio de la población de los infectados se desarrollan las
lesiones del período crónico: miocardiopatía o patologías del aparato digestivo
de diferentes grados de severidad. La afección puede resultar en incapacidad
física total o parcial, lo que reduce la sobrevida de estos pacientes en un 10%
para los próximos 10 años, de no mediar alternativas terapéuticas
satisfactorias.
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Distribución de
las especies más frecuentes de vinchucas, vectoras del T.cruzi, en
América latina. |
El problema
es mayor en el medio rural que en el urbano, posiblemente debido a que la
Tripanosomiasis americana correspondía a una infección propia de animales
selváticos. Sólo posteriormente y propiciadas por las actividades del hombre,
que irrumpió en sus medios naturales, algunas especies del insecto vector se
adaptaron a la vivienda humana -proceso que se denomina
"domiciliación"-. El impacto tanto de la infección por T. cruzi
como de la enfermedad de Chagas debe ser analizado en el marco de factores
sociales, culturales, económicos y políticos, pues no son hechos aislados sino
que coexisten con otros problemas de salud de la pobreza: carencias
nutricionales, enfermedades respiratorias y venéreas, diarreicas, etc. El grupo
etario más susceptible de contraer la infección es el de niños menores de 10
años. El más afectado por las consecuencias de la enfermedad es el de hombres y
mujeres entre 30 y 40 años, pues ven limitada su capacidad laboral y, por ende,
su calidad de vida.
El insecto
vector pertenece a la familia Reduviae y a la subfamilia Triatominae.
De las 112 especies diferenciadas morfológicamente, 66 han sido encontradas
infectadas naturalmente y serían las potenciales transmisoras del T. cruzi.
Sin embargo, sólo las especies domiciliadas o en domiciliación -alrededor de
17- son las que por evolución adaptativa han llegado a convertirse en los
verdaderos vectores involucrados en la transmisión del parásito. El alto número
de especies con hábitos diferentes dificulta el control. En la Argentina se
detectó la existencia de 16 especies triatominos, de las cuales T. infestans
es sin duda la de mayor importancia epidemiológica por el gran potencial de
adaptación a la vivienda humana. Se la encuentra en todas las provincias, con
excepción de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Es la vinchuca (palabra quechua que
significa "vuela planeando") o chinche negra.
La vinchuca encuentra
abrigo en escondrijos de paredes y techos, condiciones ideales que les brindan
los tipos de construcción de las áreas rurales: paredes de adobe, techos de
paja y jarilla. Las casas de material o con cielo raso liso suelen estar menos
infestadas, mientras que el orden de los enseres y la higiene contribuyen a
disminuir los lugares preferidos por los insectos. También se multiplican en la
periferia del domicilio: gallineros, palomares, conejeras, corrales, lugares
donde duermen mamíferos silvestres, depósitos de leña, etc. El caso más
frecuente de los insectos encontrados en el Gran Buenos Aires se debe a un
"transporte activo" realizado por el hombre mismo desde áreas
rurales. En general, ninguno de estos casos llega a generar focos de infección
humana en el área urbana, si media un tratamiento sanitario adecuado.
La vinchuca
tiene hábitos nocturnos. Se posa sobre la piel de una persona dormida, la pica
y succiona la sangre, de la que se alimenta. En las deyecciones que produce
simultáneamente se encuentran los parásitos que antes había tomado de otra
sangre. Y son ellos los que procuran atravesar directamente la piel o las
mucosas del hombre aprovechando las escoriaciones producidas por el rascado
para alcanzar los vasos sanguíneos y ser transportados con la sangre circulante
hasta localizarse en distintos tejidos. Se desencadena entonces un proceso de
multiplicación del parásito que, con la reacción orgánica, puede llegar a
provocar el surgimiento de los síntomas de la enfermedad. Esta vía de transmisión
del T. cruzi al hombre -la vectorial- es considerada la más importante.
La siguen las relacionadas a la sangre a transfundir y la transmisión
materno-fetal.
La
posibilidad de la transmisión de la enfermedad de Chagas a través de
transfusiones de sangre está asociada a factores del parásito, del receptor de
la transfusión y a la prevalencia de la infección. El parásito puede conservar
su capacidad infectante hasta tres semanas después de extraída la sangre y
conservada a 4° C. El número y la frecuencia de las transfusiones recibidas
influye en la transmisión, mientras que el riesgo de la vía transfusional
aumenta en las zonas de mayor prevalencia de infección chagásica. En un estudio
realizado en 1970 por J. A. Cerisola y sus colaboradores en el Instituto
Nacional de Diagnóstico e Investigación de la Enfermedad de Chagas (INDIECh) a
pacientes hemofílicos politransfundidos, fueron serológicamente positivos el
13% de los receptores de por lo menos 5 transfusiones, aumentando hasta el 50%
en los receptores de 35 transfusiones, para un servicio de hemoterapia que
detectaba un 2% de dadores con serología positiva.
Por su parte,
la baja frecuencia de aparición de Chagas congénito queda evidenciada por los
estudios realizados en Buenos Aires por el mismo Instituto. En 1986, entre las
3.000 mujeres embarazadas estudiadas -enviadas al INDIECh por los diferentes
hospitales de la ciudad-, alrededor de 700 resultaron infectadas. De ellas
nacieron 7 bebés parasitológicamente positivos. Los niños afectados, merced a
la detección precoz, pueden ser tratados con las drogas parasiticidas
disponibles y quedar libres de la infección.
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Rancho con techo
de paja y paredes sin revoque propicio para albergar vinchucas. La existencia
de otras instalaciones a su alrededor (cocinas, galerías) increments la
posibilidad de contraer la infección. |
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Triatoma
infestans, especie transmisora de la enfermedad de Chagas más en la
habitación humana en la Argentina y en varios países sudamericanos. Los
adultos son insectos alados de vuelo corto y pesado, que pueden llegar a
medir |
En los
últimos tiempos está siendo especialmente estudiada la transmisión del parásito
en los casos de transplante de órganos con posterior tratamiento
inmunosupresivo.
El mismo
Carlos Chagas constató la presencia de T. cruzi en reservorios animales
al aislar un parásito del armadillo (Dasypus novencinctus); resaltaba
así la existencia del ciclo selvático de la Tripanosomiasis. En la Argentina se
han señalado numerosos hospederos silvestres y varios domésticos. En 1935,
Salvador Mazza y sus colaboradores dieron a conocer la infección natural del
pequeño armadillo (Zaedycus pichyi caurinus) en la provincia de Mendoza.
Desde esa fecha a la actualidad diversos trabajos han mostrado infección
natural en murciélagos, ratones, comadrejas y monos silvestres. La transmisión
de la enfermedad del animal al hombre se produce a través del insecto vector o
por la ingestión de carne cruda. Pero este último caso es de escasa probabilidad
debido al bajo número de parásitos presentes en los tejidos y a la falta de
este hábito en las poblaciones rurales. También mamíferos domésticos tales como
gatos y perros fueron encontrados infectados conviviendo con el hombre. Las
aves son refractarias a la infección por T. cruzi y por eso se alimentan
sobre ellas las vinchucas que son útiles para el diagnóstico humano.
La detección
de la infección por T. cruzi en la primera etapa de la enfermedad puede
realizarse por la búsqueda directa del parásito en la sangre. Pero ya en las
infecciones crónicas, cuando la densidad de parásitos en el medio sanguíneo es
muy baja, se recurre a la confirmación indirecta mediante el examen de
anticuerpos por técnicas inmunodiagnósticas -serológicas- en el suero de las personas
afectadas.
M. B .
Rosenbaum y J. A. Cerisola descubrieron una correlación directa entre la
reactividad serológica para Chagas y las alteraciones electrocardiográficas.
En la
Argentina, el relevamiento de mayor envergadura de los casos de infección es el
que se efectúa anualmente mediante el estudio de los ciudadanos de 18 años
convocados para la revisión médica antes de efectuar el Servicio Militar
Obligatorio. Desde 1981, 230.000 individuos promedio son examinados mediante
técnicas inmunodiagnósticas específicas para Chagas. En ese año se verificó una
prevalencia del 5,2 % de infectados, con variaciones límites entre 30 %
(Provincia del Chaco) y 2,3 % (Capital Federal). Dichos datos fueron
corroborados en años posteriores, aunque con una tendencia a la disminución, ya
que en 1985 el porcentaje general fue del 4,45 %, considerablemente menor al
registrado a principios de la década del 60 que fue del 10 %. La reducción es
atribuible a la acción de los Programas de Control que trabajan desde 1962
desinsectizando las viviendas y controlando los bancos de sangre.
En la mayoría
de las provincias históricamente endémicas son cada vez menos frecuentes los
casos de nuevas infecciones. En Santiago del Estero, en los primeros tres meses
de 1988, se atendieron en el Centro de Patología Regional del Hospital
Independencia 36 casos agudos en niños y, en San Juan, en el Hospital Rawson,
fueron detectados ocho casos en niños provenientes de una localidad alejada de
la ciudad. Para conseguir la interrupción de la transmisión, la vigilancia de
la reinfestación por vinchucas en los domicilios debe ser muy activa.
La aparición
de la enfermedad de Chagas está asociada a los grupos de edad. En Santiago del
Estero, el 90 % de los nuevos casos son detectados en los niños menores de 10
años, de los cuales un tercio son menores de un año. La manifestación clínica
más frecuente en la etapa aguda es el agrandamiento del hígado y del bazo (hepatoesplenomegalia)
y, menos frecuentes, la miocarditis y la meningoencefalitis. El
signo específico y más conocido de la enfermedad de Chagas agudo se presenta en
menos del 5% de los casos: es el ya mencionado complejo oftalmoganglionar
o signo de Romaña. La mayoría de los casos agudos presentan signos
inespecíficos, pero conocidos por el médico rural.
La enfermedad
aguda es mortal en el 1 % de los pacientes que presentan manifestaciones
clínicas, según lo determinaron H.Lugones y sus colaboradores en Santiago del
Estero, los estudios de seguimiento de pacientes chagásicos crónicos,
realizados por E. Manzullo y sus colaboradores en el Hospital Muñiz desde
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Huevos de
vinchuca |
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Huevos de vinchuca. Cada hembra puede producir a lo largo de su vida
(hasta un año y medio) un total aproximado de mil huevos, pero la cifra
habitual es de alrededor de 500. El período de desarrollo total de insecto,
de huevo a adulto, varía de acuerdo a las especies entre 60 y 90 días. Abajo:
vinchuca luego del desove. |
Las acciones
contra la vinchuca en la Argentina comenzaron a finales de la década del 50 y
se basaron en tratamientos con insecticidas de las viviendas infestadas, su
mejoramiento y la educación sanitaria de la población. En los inicios de las
campañas era usual encontrar todas las casas rurales con insectos y hasta uno
de cada dos insectos infectados por T. cruzi. Gracias al control, la
dinámica natural de infestación domiciliaria ha sido modificada y se ha
observado también una reducción en los niveles de infección de los insectos.
Estos resultados permitieron que, en los últimos cinco años, la mayoría de las
áreas de las distintas provincial afectadas hayan pasado a una fase de
vigilancia epidemiológica, que consiste en una continua observación de la
existencia de vinchucas en la vivienda humana.
En la
actualidad, medicamentos antichagásicos específicos y no tóxicos, drogas para
esterilizar la sangre a transfundir, técnicas de pronóstico de la miocarditis,
otras estrategias de control tales como vacunas seguras y efectivas y una mayor
participación de la comunidad, son los temas que preocupan a varios grupos de
investigadores del mundo, que trabajan principalmente en nuestro continente. A
las investigaciones debe sumarse el mejoramiento efectivo de la calidad de vida
de los habitantes. Así se podrá contar con una estrategia global para el
control de la transmisión de Chagas, que ocurre en los grupos sociales de
menores recursos económicos y culturales.
PAULONE L., CHUIT R., PEREZ A., WISNIVESKY-COLLI,
SEGURA E., "Field Research on an epidemiological surveillance alternative
of Chagas' disease transmission: The Primary Health
Care (PHC) strategy in rural areas", Revista Argentina de Microbiología
20 (Suplemento) 103-105, 1988.
ROSEMBAUM M. y CERISOLA J.A., "Epidemiología de la Enfermedad de Chagas en la
República Argentina", O' Hospital 75?124, 1961.
SEGURA E., PEREZ A., YANOVSKY
J.F., ANDRADE J., MARTINI G.J.W., "Disminución de la infección por Trypanosoma
cruzi (Enfermedad de Chagas) en hombres jóvenes de Argentina", Boletín de
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DE SOUZA W. y SOUTO-PADRON
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Hoje, 4, 1983.
LENT H. , "Eles transmitem a doença de
Chagas", Ciência Hoje,
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