Lester Brown. 2006. Revista Fortune.
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Introducción
En la
actualidad existe la creencia de que el maíz es una excelente solución para los
problemas energéticos. Sin embargo, esta creencia lleva a una potencial lucha
global por los alimentos en un futuro no tan lejano.
Mientras
el etanol a base de maíz, la última moda en la energía alternativa, promete ser
una buena forma de mantener los tanques llenos de combustible sin que nadie se
sienta culpable. Pero la realidad es que el uso excesivo de los recursos
agrícolas podría tener consecuencias más drásticas que no poder usar la 4x4 para
los paseos diarios. Esta clase de combustible podría dejar la mayor parte del
mundo hambriento.
Nos
enfrentamos a una competencia entre los 800 millones de conductores que quieren
proteger su movilidad y las 2.000 millones de personas más pobres del mundo que
quieren sobrevivir. Los supermercados y las estaciones de servicio ahora
compiten por los mismos recursos.
Este año los
autos, y no las personas, serán los culpables del aumento del consumo de granos
de maíz. El problema es simple, se necesita una gran cantidad de productos
agrícolas para crear una modesta suma de combustible automotor.
Para llenar
el tanque de una 4x4 con 25 galones de etanol, se necesita la misma cantidad
con las que se podría alimentar a una persona durante un año. Si toda la cosecha
de maíz estadounidense se convirtiera en el combustible para automóviles,
serviría para satisfacer menos de un sexto de la demanda por combustible
estadounidense.
Aumento del consumo de
granos a nivel mundial
El departamento de Agricultura de Estados Unidos afirma que el consumo de maíz a nivel mundial aumentará en 20 millones de toneladas este año, aproximadamente el uno por ciento. Unas 14 millones de toneladas del total se usarán para abastecer de combustible a los automóviles estadounidenses, dejando sólo seis millón de toneladas para cubrir las necesidades alimentarias que crecen en todo el mundo.
Actualmente, se registra un aumento en el precio de los commodities. El valor del azúcar se duplicó durante los últimos 18 meses (en parte porque Brasil utiliza la caña de azúcar para producir etanol), mientras que los precios de trigo y el maíz aumentaron un cuarto en lo que va de año.
Para la gente más pobre del mundo, que gastan la mitad o incluso una mayor parte de sus ingresos en comida, el aumento de los precios puede volverse rápidamente en una amenaza para la vida.
La producción de biocombustibles en un principio era estimulada únicamente por las subvenciones del gobierno. Pero ahora también influye el elevado precio del petróleo. Muchos commodities, entre los que se incluye maíz; trigo; arroz; soja y caña de azúcar, pueden convertirse en combustible. Es así como el alimento y la energía comienzan a combinarse.
El mercado establece el precio para los commodities agrarios teniendo en cuenta su valor equivalente en petróleo. Como el precio del crudo sube, también subirá el precio de los alimentos.
En algunos estados productores de cereales, las destilerías de etanol controlan el suministro de maíz. En Iowa funcionan 25 plantas de etanol, cuatro en construcción y planean construir otras 26.
El economista Bob Wisner, de la Universidad del Estado de Iowa, asegura que si se construyen todas esas plantas, las destilarías utilizarían toda la producción de maíz de Iowa. En Dakota del sur, las destilerías ya utilizan la mitad de los granos.
La clave para que disminuya la demanda cereales es comercializar una producción de etanol a base de materiales celulósicos como los álamos. De todas formas, es una opción que llevaría al menos cinco años poder desarrollarse.
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