Un argentino en Tamaperdana

Luciano Aba. 2006. Reportaje. Motivar, Bs. As., 5(47):16-17.

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A continuación, compartiremos las vivencias de un veterinario argentino que se desempeñó dos años al frente de una explotación ganadera, a 200 kilómetros de la capital de Malasia.

 

  

 

Sergio Dalto vivió una situación laboral al menos llamativa en estos últimos años, teniendo que hacerse cargo del área sanitaria de un establecimiento pecuario en Malasia.

"En 2004 me contrataron como gaucho, a fin de enseñarle a la gente del campo a realizar diversas actividades como andar a caballo, ensillar, enlazar, etc. Pero luego de 10 meses, el veterinario que había ido conmigo decidió volverse y me ofrecieron hacerme cargo del tema".

Recordemos que en aquel momento a Sergio le faltaban dos materias de la carrera, con lo cual los propietarios del establecimiento decidieron enviarlo nuevamente a nuestro país, a fin de que culminara sus estudios en la Facultad de Tandil.

¿Pero cómo llegó Dalto a esa situación? El dueño de un campo agropecuario de la provincia de Buenos Aires alquiló 400 hectáreas en aquel país, hacia adonde se trasladaron aproximadamente 1.000 bovinos.

"Se cargaron animales Brangus: vacas, terneros al pie, vacas pariendo, novillos, toros y cuatro caballos. Todo en un barco australiano. También llevamos varillas y caravanas y yo hasta me llevé jeringas automáticas. Ellos no las habían visto nunca y, hasta el momento de mi vuelta, no logré que las aprendan a usar".

Otro de los aspectos a los cuales el profesional debió sobreponerse fue justamente el idioma, puesto que llegó a aquel país sin siquiera saber hablar en inglés. "Para colmo de males, cuando llegamos al aeropuerto con mi mujer, se habían olvidado de pasarnos a buscar; no teníamos forma de comunicarnos".

Un dato no menor también está ligado con que en Malasia conviven los nativos de ese país, hindúes y chinos, los cuales si bien se comunican cada uno su idioma, utilizan un inglés básico, al cual Sergio debió adaptarse.

Tengamos en cuenta también que cuando una empresa se instala en aquel país, el Estado obliga a sus propietarios a contratar un determinado porcentaje de personal de cada una de estas nacionalidades.

"En nuestro campo había malayos, chinos e hindúes y si bien se hablaba inglés, tuve que aprender malayo básico para poder comunicarme con aquellos con los que convivía 12 horas por día, todos los días. Esto nos facilitó el trabajo en la manga. Al final hasta le enseñé algo de castellano a uno de ellos para poder chequear los números de las caravanas".

La sanidad

En cuanto a esta cuestión, debemos resaltar algunas diferencias con nuestro país. En Malasia la medicina veterinaria sí es muy costosa.

En primer lugar, corresponde mencionar que no hay radicados allí laboratorios elaboradores de medicamentos, sino que existe una sola distribuidora que los importa desde Australia o Nueva Zelanda.

"Esta empresa era la misma que competía con nuestro establecimiento en el rubro de producción de carnes, con lo cual nos vendían lo que querían y al precio que ellos querían", comentó Dalto.

Para clarificar la situación: una ivermectina (frasco de 100 centímetros cúbicos) tiene actualmente un valor de US$ 66.

Recordemos también que en Malasia la única vacunación obligatoria es aquella que se emplea anualmente contra mancha y gangrena para todo el plantel, con diferentes dosificaciones entre vacas y terneros. Esta vacunación es realizada por profesionales del gobierno.

Además, se toman muestras obligatorias para brucelosis dos veces al año hasta adquirir el estado de establecimiento "libre"; luego, las muestras se toman una vez al año (por dos años), y luego, nunca más.

Por otra parte y en base a la información con la que contaba el profesional, se pudo determinar que un plan sanitario básico por animal y por año en Malasia (productos garrapaticidas tres veces al año, vacuna de mancha y gangrena y el análisis de brucelosis) tiene un valor aproximado de 70 dólares.

"A esto, debemos sumarle una inversión aproximada de 20 dólares más en antibióticos", agrega. "Estos valores fueron bien recibidos por el productor puesto que comprendió que para tener una buena sanidad se deben realizar este tipo de inversiones. Presenté un proyecto de costos y beneficios, el cual fue aceptado. Ya en 2005 logramos incrementar los porcentajes de preñez al 85% y la mortalidad se redujo a tan sólo dos animales ese año. Estaban muy conformes con el trabajo realizado. Debemos tener en cuenta que allá el tema del calor es muy importante y que los servicios eran de 60 días", nos explicó Sergio.

Comparando su experiencia con los trabajos que ha realizado en nuestro país hasta el momento, Dalto resalta que "en Malasia trabajábamos con vacas de 10 a 12 años, las cuales producían un ternero por año, con un muy buen estado corporal. Situación difícil de reproducir aquí, en nuestro país".

Manejo del establecimiento

Cuando Sergio Dalto arribó a la explotación se encontró con un campo de los denominados "salvajes", en donde se debió alambrar y limpiar toda la superficie para que los animales pudieran desarrollarse con normalidad.

"Además de esto, al momento de mi llegada las vacas estaban mezcladas con los toros. Debimos realizar un servicio estacionado; separamos a los animales preñados y a los vacíos les dimos un tiempo para volver a servirlos. Practicamos dos servicios estacionados", nos comentó; y agregó que "los nuevos terneros ya nacían con buena inmunidad y más adaptados al calor del lugar, factor importante junto con la humedad de los suelos, causada por las continuas lluvias del lugar.

Debido a esto, los problemas sanitarios más frecuentes en la zona están vinculados con la garrapata y la babesiosis”.

El personal

Las culturas son distintas; y con las cuales debió convivir Sergio tienen algunas particularidades a las cuales tuvo que adaptarse para poder trabajar diariamente.

Y es aquí cuando nos referimos a los horarios laborales, vinculados con los distintos momentos que el personal tomaba para descansar y almorzar.

"Trabajábamos de 7 a 10 de la mañana. Después de esto, tenían un break donde comían hasta las 10.30.
A las 11 retomábamos la actividad para a las 13 volver a comer. De 14 a 16.30 continuábamos con los quehaceres, para a las 16.30 terminar la jornada.

Me tuve que acostumbrar a estar todo el día de mal humor. A quien diga que a los argentinos no nos gusta trabajar, lo invito a vivir dos años en Malasia. Ellos necesitan que se les digan las cosas varias veces para que las hagan. Por ejemplo, cuando se los mandaba a recorrer el campo, había que seguirlos para que no se "tiraran" a dormir la siesta en el camino", comentó Sergio.

Los veterinarios malayos

Existe una gran diferencia entre los profesionales de aquel país y los nuestros. Los veterinarios que se reciben en Malasia tienen trabajo asegurado, puesto que el Estado los ubica en distintas actividades.

A pesar de esto, su formación es distinta. Por ejemplo, no sabían cómo manejarse con respecto a los Brangus.
"Están acostumbrados a trabajar con una vaca de aproximadamente 250 kilos y un toro de 350 kilos. Este tipo de terneros, a los ocho meses, no superan los 70 kilos.

Producen todo chico y rápido, lo mismo sucede con los pollos. Otro dato importante está vinculado con que comprar una "chuleta" de carne vacuna en cualquier supermercado tiene un valor de aproximadamente 30 pesos argentinos", concluyó.

El rol del estado

Los distintos sangrados que se realizan anualmente en los diversos establecimientos son realizados por el organismo sanitario malayo.

En el caso de encontrar, por ejemplo, una animal con brucelosis, obligan a sus propietarios a comercializarla. Luego de que esto se realiza, se les debe informar, para que ellos le abonen al propietario de la firma un adicional de 100 dólares por haberlo hecho.

 

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